10 de agosto 2020 - 5:00hs

El recambio generacional –muy poco frecuente– es una de las grandes preocupaciones en el sector granjero. Por falta de rentabilidad, por la inseguridad rural o porque son seducidos por las facilidades que brinda vivir en la ciudad, a los jóvenes les cuesta seguir en el campo, trabajando en el rubro de sus padres y abuelos. Sin embargo, no es el caso de la familia Gordillo, que ya tiene asegurada su tercera generación como productores de zanahoria, con Antonella y Germán tomando decisiones y trabajando en la empresa.

Con 30 y 28 años, respectivamente, tuvieron la oportunidad de decidir su futuro, cuando hace unos tres años optaron por continuar en la empresa familiar que produce desde hace muchos años, en Canelones.

“El trabajo es muy sacrificado y a veces ni siquiera depende de si te gusta o no. También es incierto en lo económico y depende del clima. Por eso a veces se prefiere un trabajo estable en la ciudad”, reconoció a El Observador Antonella.

Un factor clave a la hora de que los hermanos optaran por seguir en el rubro familiar fue que su padre les dio el espacio para que pudieran trabajar de forma independiente. Y se complementan. Germán se encarga del trabajo en el campo y Antonella del lavadero y la comercialización.

Más noticias

“Enganchar a las siguientes generaciones siempre es difícil. Por eso dijimos que si íbamos a trabajar juntos, había que hacerlo bien”, acotó Germán.

Manuela García Pintos

Según los Gordillo, en la granja no había reglas ni horarios. Por eso, en primer lugar, pusieron la casa en orden y todos los esfuerzos se destinaron a la calidad de la mercadería.

“Cuando éramos chicos no pensábamos trabajar en el campo, no lo teníamos como plan, pero nos decidimos y nos dimos cuenta de que si cada uno no está en su sector la cosa no funciona”, señaló Antonella.

Con estudios en comunicación la joven notó que su padre estaba estancado en la comercialización. Como la calidad la tenían y las inversiones en tecnología estaban, apostaron a la diferenciación de sus zanahorias y crearon la marca De la Chacra. Gracias a eso llegó la oportunidad de llegar al consumidor directamente.

De todas formas, los jóvenes opinaron que en los últimos cinco años se les ha hecho cuesta arriba trabajar y se han replanteado el rubro. Para compensar pérdidas y costos, sumaron la producción de cebolla y algo de remolacha y también manejaron la posibilidad de trabajar con ganadería.

El principal problema está en que todos los insumos deben abonarlos en dólares y los granjeros cobran en pesos. Además, el acceso a las tierras es muy difícil y, por lo tanto, la expansión no es posible.

Reconocieron que son jóvenes y que están motivados para salir adelante, a la vez que señalaron otra realidad: ninguno tiene hijos. “En mi caso es complicado tenerlos por la venta en el mercado, me juega en contra el horario nocturno. Entre productores y operadores jóvenes seremos unos 20, como disparate, entre todos los rubros. En el campo produciendo también somos pocos y casi todos están con los padres”, explicó.

La frase 

 “Siempre vemos que son las mismas cabecitas en las mismas gremiales y que no hay recambio, porque no dan espacio para eso. Dicen que no hay integración, pero tampoco nos integran”, dijeron los jóvenes

Manuela García Pintos

Sobre la producción 

Los Gordillo plantan zanahoria todo el año, variando la semilla según la época. Los rendimientos oscilan entre 40 y 80 toneladas por hectárea y depende, entre otros factores, de la disponibilidad de agua. La producción actual “viene bien”, aunque un poco castigada por las lluvias. Según estiman, será de unos 50 mil kilos por hectárea.

Este año hubo una dura seca que ocasionó que la cosecha se encareciera entre tres o cuatro veces más por un tema de necesidad de riego, pero al mismo tiempo benefició a la sanidad y a la calidad porque recibió el agua justa.

De todas formas, el precio no ayudó a igualar la ecuación.

“Por un lado estamos contentos por la calidad, fue la más alta en años, pero por el lado económico no sirvió. Cuando se dispara la inflación en Uruguay a la fruta y la verdura es a quien le pega primero. Somos uno de los cuatro productores de Uruguay que plantamos zanahoria en enero y febrero, pero si no nos cuidan no lo vamos a seguir haciendo, porque no nos sirve”, advirtió.

También pusieron el foco en que haya un estándar de calidad en el mercado, “porque muchas veces una cosecha mala le baja el precio a la buena”.

Los hermanos opinaron que cuando hay políticas que benefician al sector son bienvenidas, aunque, comentaron, “nunca nadie” los ayudó. No obstante, llegó una buena señal: “Esta semana tuvimos la visita de las autoridades de la Dirección General de la Granja, nunca antes nos habían visitado. Se enfocan en la ganadería, el arroz y la soja y el resto está de lado”, señalaron los hermanos.

Al respecto, “las autoridades del campo no pueden trabajar desde una oficina”, reflexionaron. Entienden que estar en el medio rural es lo que va a llevar a la creación de políticas que realmente funcionen.

La pandemia de covid-19 en Uruguay, explicaron, “ayudó a que la gente vea que la granja existe. Somos tan importantes como la ganadería y la soja, y no somos un commoditie, somos clave para el consumo de los uruguayos”, afirmaron en la charla.

Manuela García Pintos

La apertura de la UAM

En otro orden, si bien celebraron la apertura del nuevo mercado –en la Unidad Agroalimentaria Metropolitana que se estrenará sobre fin de año–, que es un modelo a nivel mundial y traerá mayores oportunidades dijeron, para los productores tiene dos puntos que le juegan en contra.

En primer lugar, dijeron que les insume un  mayor costo porque “obliga” a tener todo el año el costo fijo del puesto y solo dan dos meses de licencia. “Llevemos o no producción al mercado sí o sí vamos a tener el costo en la espalda, algo que ahora no tenemos”, comentó Germán.

A su vez, los obliga a convertirse en operadores para tener todo el año el puesto abierto, independientemente de la producción.

Por otro lado, el horario nocturno “nos mata como productores. A las mujeres nos excluye totalmente. El horario influye en que no haya mujeres. De 482 operadores que hay en el mercado somos solo cuatro  mujeres”, denunció Antonella.

Finalmente, los jóvenes reconocen que son una excepción en su sector, pero que no quieren vivir lo que vivieron sus abuelos: “Queremos vivir dignamente. Pero hoy evaluamos si valen la pena los dolores de cabeza”. 

Manuela García Pintos

¿Por qué zanahorias? 

Cuando el padre de los hermanos Gordillo tenía unos 12 años comenzó a trabajar con el abuelo de los jóvenes, que plantaba “verde” (según recuerdan, espinaca).
Un día el padre, cuando era niño, fue a comprar semillas para plantar lo verde, pero como los vecinos tenían zanahoria y les iba bien cambió: le alcanzó para medio tarro de zanahorias y plantó unos 25 canteros (media hectárea).
Cuando su abuelo volvió del mercado lo quería matar. “Papá le dijo que estaba cansado de plantar el verde, que todo el mundo plantaba zanahorias”, contaron Antonella y Germán. Con esos 25 canteros pagaron las deudas: a la agropecuaria, al panadero y guardaron plata para la siguiente plantación. Desde entonces la familia está vinculada a la zanahoria.

Manuela García Pintos  

Temas:

Historias de campo granja De la Chacra Granjeros Familia Gordillo Canelones Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos