Latinoamérica 21 > LATINOAMÉRICA 21/ JERÓNIMO GIORGI

El silencio latinoamericano en medio del ataque de celos norteamericano

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08 de febrero de 2018 a las 05:00

La paradoja del Casanova, que en su incontrolable narcisismo necesita de sus conquistas para afirmar únicamente su Yo, es la vulnerabilidad al rechazo que puede derivar en ataques de rabia incontrolables. Algo así describieron los medios de comunicación de medio mundo la semana pasada cuando Estados Unidos, en una especie de “ataque de celos político” a escala global, reprochó al gigante asiático las malas intenciones de su acercamiento a América Latina, a medida que su poder atractivo se diluyen a paso acelerado.

Hasta el momento, la preocupación de Estados Unidos por el debilitamiento de su influencia y el avance de las relaciones entre America Latina y China, se había desarrollado con cierta discreción. Sin embargo, la semana pasada, previo a su primera gira por América Latina y el Caribe, el Secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson, se descargó en una conferencia en la Universidad de Texas, con una serie de declaraciones que bien podrían haber sido susurradas por el mismísimo Donald Trump. “América Latina no necesita de nuevos poderes imperiales que solo miran por su interés. Estados Unidos es distinto: no buscamos acuerdos a corto plazo con ganancias asimétricas, nosotros buscamos socios”.

En sus declaraciones, el funcionario del gobierno de Estados Unidos, no solo destacó las cualidades de su nación, si no que reafirmó una vez más el paternalismo histórico del vecino del norte al determinar qué es lo que necesita y que es lo que no necesita América Latina. Para ello, se basó en que supuestamente China no "refleja los valores fundamentales compartidos en esta región". Compartan o no compartan valores, el hecho es que el comercio y la inversión de China en la región no ha parado de crecer en las últimas décadas y se profundizó aún más, a partir de la gran recesión de 2008. China ya es el mayor socio comercial de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay, y tiene planes de incrementar la inversión directa y duplicar el comercio a 500 mil millones de dólares en los próximos años. Por el lado contrario, mientras que en el año 2000 el 50% de las importaciones de América Latina provenían de Estados Unidos, en la actualidad esta cifra ha descendido al 33% del total.

América Latina es “una prioridad para Estados Unidos” y “tenemos una oportunidad histórica” para mejorar las relaciones hemisféricas, sentenció Tillerson en un ataque de sinceridad, tras 18 viajes al exterior, de los cuales América Latina representó una visita de dos días a Ciudad de México, desde que fue confirmado en su puesto en febrero de 2017. Lo cierto, es que mientras el Secretario de Estado organizaba su gira, el Ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, se reunía con decenas de representantes de los Estados Latinoamericanos y Caribeños en Chile para invitarlos a formar parte de un gigantesco plan de infraestructura que busca conectar China con el resto del mundo.

Más allá de ciertos deslices, hay que darle a Tillerson cierto crédito, y es que ha explicado perfectamente como el comercio con China trae beneficios a los países productores de commodities de corto plazo, que generan “dependencia a largo plazo”. Una descripción casi de manual, como si lo hubiera experimentado en carne propia. Sin embargo, las estrategias de desarrollo de largo plazo que pongan fin a la dependencia de la región, probablemente no llegarán de la mano del Don Juan de turno, si no que se alcanzarán solamente tras un esfuerzo propio. Una tarea que llevaría décadas de trabajo. De momento, no estaría mal, que en medio de esta pelea de machos, al menos se hubiera escuchado algún grito que pusiera un poco de orden.

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