27 de julio de 2019 5:03 hs

Cuando parece que no hubiera campaña política es cuando hay más movimiento. No se da en la superficie, no genera barullo ni bullicio, pero es un tiempo de intensa actividad, con negociación por acuerdos.

Los blancos viven ese espacio de tiempo de definiciones, cuando una buena movida o un desacierto, puede determinar que un dirigente político quede en posición de privilegio o en riesgo de ser borrado del mapa.

Las primeras señales de realineamiento para las listas al Parlamento, confirmaron que los pretenciosos movimientos de intendentes del interior, se desvanecen otra vez. 

El grupo que abandonó a Larrañaga porque creía que tenía fuerza propia y liderazgo suficiente, como para superar a Alianza Nacional; que se presentaba como clave para definir al presidenciable de los blancos, y que proyectaba al menos tres bancas del Senado, ahora tiene que hacer un acuerdo con sectores que no compatibilizan con su pensamiento político, pero que le pueden dar un segundo lugar en una lista.
El otro caso, el intendente que desde Florida lanzó su movimiento propio, con ideales federalistas y discurso contrario al centralismo montevideano, tuvo que llegar a la capital para negociar con la 71 y la 404, una anexión por el mejor lugar posible.

Y en ambos casos se postulan a Diputados, como reaseguro ante el riesgo de no acceder a una banca en la cámara alta.

Como los blancos han sido más fuertes en el interior del país que en Montevideo, eso hace recurrente el reclamo de dirigentes de la campaña a los líderes afincados en la capital, por mayor atención y más espacio en cargos; en definitiva, por un reconocimiento “justo”.

Periódicamente brotan planteos que a veces suenan como presión dura y amenazante, con esta lógica: si el partido vota lo que vota, es gracias al respaldo del interior, y le irá mal si no reconoce eso.
Eso de “le irá mal”, es más advertencia que amenaza, pero en el momento de auge de un movimiento campero, tiene un tono áspero, ya que los blancos tienen incorporado en su liturgia política la rutina de “irse a las cuchillas”, tomada con referencia a rebeldía y aplicada a prácticas diferentes según cada época.

En las elecciones internas, el Partido Nacional tuvo más de 460 mil votos, de los cuales unos 115 mil fueron en Montevideo. 
Cuando los dirigentes del interior ven eso, y comprueban que aun cuando el Frente Amplio anda mal y vota mal, le gana a su partido en Montevideo, es cuando se sienten movidos por un sentido de rebelión para exigir que sean contemplados como merecen.

Esta elección no es representativa de ese sentimiento, pero eso sí pasa en una elección departamental, cuando esos “coroneles” políticos ven que el partido nunca gana la intendencia de Montevideo y sí gana 12 gobernaciones del interior.
O también pasa en una elección nacional cuando calculan que las bancas al Senado se obtuvieron en gran medida por voto del interior, y sienten que no ello fue reconocido como tal en la plancha. Y así pasó luego del ciclo 2014-2015.

El intendente de Florida, el Pájaro Enciso, emergió en 2010 como jefe político de su departamento y se afirmó en el entorno de Lacalle Pou por lo que en 2014 fue el segundo candidato al Senado por el movimiento Todos. O sea que quedó detrás del lìder Lacalle Pou y arriba del conductor del Herrerismo, Luis Alberto Heber, y del impulsor del Espacio 40, Javier García.

Luego sintió que no era reconocido, lanzó un movimiento “federalista” con la marca de “Dale” y en el acto de largada dijo que no era un sector para “negociar ningún cargo al Senado por nadie”, sino para “seguir de largo hacia octubre” de 2019. Y que se proponía “atemperar la centralización microcefálica, excluyente y antidesarrollista que tiene Montevideo”, a la que definió como “la ciudad puerto y la polis oligárquica que mira a Europa”. Con algo menos de 19.600 votos, sin chance de competir por un Senado, debió bajar a la capital y negociar algún lugar bueno en el Senado del Herrerismo primero, y de Aire Fresco finalmente. Siempre fue claro que no tenía fuerza para lograr proyección nacional. No era necesario hacer aquel anuncio de continuidad hasta el final, que no era creíble.

Por su parte, lo que se conoció como “el grupo de los intendentes” siempre pretendió ser más de lo que era. Al decir “los intendentes”, eso daba la imagen de algo con impulso fuerte, pero siempre estuvo claro que no era sí.

No habia líder, sino un acuerdo para que Antía hiciera el gasto con una candidatura presidencial testimonial, y para que Botana encabezara el Senado. El grupo, llamado “Mejor País” se fue deshilachando y Antía no logró meter ni una idea fuerza que lo identificara, más allá de repetir que la experiencia de gestión era un valor en sí mismo, y terminar las frases con un “¿eh?”, buscando respaldo a sus afirmaciones (lo que no obtenía).

“Nosotros vamos hasta el final; es bueno dejarlo claro, porque ha habido todo una presión de sectores tradicionales históricos del partido diciendo que Mejor País no llegaba a la elección, que negociaba, y nosotros en ningún momento de nuestra existencia pensamos en negociar espacios, sino que siempre dijimos que íbamos hasta el final para marcar una línea diferente y de defensa de interior del país”, dijo Antía en mayo.

No se bajaron antes de las internas, y por eso salieron últimos, lejos, y sin relevancia. 

Antía perdió feo ante Lacalle Pou en su propio departamento, pero Botana mostró potencia en Cerro Largo y eso muestra al movimiento como buen socio para darle un segundo lugar en el Senado del Herrerismo. Pero no para algo más.

En el verano de 2018, Botana había dicho que Lacalle Pou era “un candidato espectacular para salir segundos”, y que los blancos precisaban “un liderazgo político fuerte” y wilsonista para ganar el gobierno, que no era los mismo que “ganar amistosos”.

El wilsonismo no decide la interna de los blancos ni la elección nacional; el interior pesa mucho pero dividido y sin un líder creíble, tiene que acordar segundos o terceros lugares para acceder a la primera liga. 

Mientras las negociaciones siguen, lo que está claro es que las primeras víctimas de las urnas fueron los sueños federales o de patrones de campaña.

Los primeros acuerdos para ordenar listas muestran hasta donde llegan los movimientos de jefes políticos de la campaña, que sobrestiman su fuerza y sueltan la boca antes las elecciones. En política, mandan los votos. 

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