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Agro > TRIBUNA / LUIS ROMERO ÁLVAREZ

El turismo rural

"Es tiempo de promover el turismo rural en serio, empezando por cambiar normas mal pensadas, costosas en tiempo y plata y esencialmente inútiles”

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11 de diciembre de 2020 a las 21:56

Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

En todo el mundo, los ingresos de las familias del agro de fuente no agropecuaria son importantes (del orden de 40%) y subiendo. Esto debe ser bienvenido, porque frena los requerimientos de escala crecientes del sector primario y permite mantener más gente viviendo en el campo.

Incluso en departamentos muy turísticos –como Maldonado–, el turismo rural debería ser promovido por ser complementario del turismo de sol y playa, con creación de puestos de trabajo de calidad durante todo el año.

Justamente, en Maldonado me tocó la oportunidad de impulsar un proyecto de turismo rural en un predio dotado de estupendas bellezas naturales.

Como uno tiene todavía la mala costumbre de hacer las cosas en regla, busqué los requisitos para operar en turismo rural cumpliendo con todas las normas. Consulté como corresponde al Ministerio de Turismo y a la Intendencia de Maldonado.

El primero pide una lista de requisitos que comentaré, entre los cuales está “habilitación vigente expedida por el Gobierno Departamental”… me apresuro a opinar que una doble inscripción no me parece razonable.

Otro requisito es la presentación de certificado de buena conducta de todos los socios, directores y representantes. Esto es un atraso que arrastramos desde la época de la dictadura, donde existían ciudadanos de primera y de segunda según ese certificado. Si uno alquila una “villa” en la Toscana de Italia o una “maison de campagne” en el Languedoc francés... ¿a alguien se le ocurre que el propietario presente un certificado de buena conducta?

Otro requisito establecido es la habilitación de Bomberos. Me pareció razonable si se trataba de una visita de Bomberos a recorrer las casas y comprobar que no existan riesgos alarmantes en su esfuerzo de prevención de incendios. Pero no, se trata de un trámite complejo que exige una empresa especializada en el asunto, que instalará bomberitos y exigirá se coloquen carteles luminosos de “salida” en cada puerta, lo que debe ser hecho por un electricista (que la empresa de bomberitos no provee), pero antes debe firmar un formulario para luego instalar las luces que dan a los ambientes el aspecto de una “boîte” en vez de una casa de familia. Después de meses de esperar a la empresa de los bomberitos y al electricista, hay que mandar al casero a un curso, pero una vez llegado al lugar y hora indicados, el curso se suspende por desinteligencias de los organizadores (y vuelta el casero a recorrer sus 90 kms sin curso).

Todo lo anterior a un costo de miles de dólares.

Ahora, yo pienso: en mi casa no tengo habilitación de Bomberos, mis futuros huéspedes en sus casas no tienen habilitación tampoco.

Si tengo una casa de un millón de dólares en Pinares y la alquilo tres meses en verano más 20 fines de semana, no me exigen habilitación de Bomberos, aunque facture 20 veces más que si traigo turismo rural al campo tres fines de semana al año. ¿Así promovemos el turismo rural?

A mi juicio, la habilitación de Bomberos se debe exigir allí donde se pueden dar acumulaciones de personas en un área cerrada y peligrosa, no importa si es un evento pago o si es gratuito (un local de actividades culturales gratuitas debe contar con la habilitación de Bomberos).

Pero, increíblemente, una exigencia lógica no está... uno puede aceptar tomar agua contaminada de un pozo lleno de colibacilos si quiere, pero no debe tener permitido exponer a ese riesgo a otros sin que lo sepan.

El pedido de análisis de agua de la casa no está en las exigencias del turismo rural y debería estar y está bien que no esté en la casa de Pinares, porque usa agua de OSE.

Resulta evidente para mí que quienes redactaron estas exigencias nunca alquilaron residencias rurales en el mundo y nunca operaron estancias con turismo rural en Uruguay.

Es tiempo de promover el turismo rural en serio, empezando por cambiar normas mal pensadas, costosas en tiempo y plata y esencialmente inútiles.

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