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El velorio de Bleier

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16 de octubre de 2019 a las 05:03

El sepelio de Eduardo Bleier, cuyos restos óseos fueron encontrados recientemente en el predio de un batallón militar, hubiese sido una gran oportunidad histórica para que se transformara en un simbólico duelo colectivo del conjunto de la sociedad. Pero tristemente, se convirtió en los hechos en un acontecimiento público del que se adueñó el gobernante Frente Amplio (FA).

En la ceremonia fúnebre, realizada en el Paraninfo de la Universidad de la República, estuvieron el presidente Tabaré Vázquez, los miembros del gabinete y los principales líderes y dirigentes del FA, el partido político que, aunque más sufrió la represión durante el régimen militar, debió darse cuenta de que su gesto partidario fuera de contexto termina hundiendo un punzón en una herida muy difícil de cicatrizar. No hubo ninguna representación de los partidos de la oposición. 

En la entrada principal de la casa mayor universitaria se agolparon miles de personas y flameaban una veintena de banderas del Partido Comunista de Uruguay. Dirigentes de la coalición de izquierda se aburrieron de hacer declaraciones a los medios donde en general mezclaban opiniones sobre la tragedia de la familia Bleier con consideraciones más propias de políticos en campaña electoral.

No estamos responsabilizando ni reprochando nada a la familia Bleier del tinte partidario de un velorio que por su carácter público sobrepasa a cualquiera.

Los saludos de solidaridad que ha recibido en estos días la familia Bleier, particularmente Gerardo, el hijo de la víctima con mayor visibilidad pública, provinieron de la mayoría de las fuerzas políticas, una demostración de que hoy –a más de 40 años de la dictadura militar–  el problema de las desapariciones forzadas es un drama que une a una gran mayoría.

Lo que no se ponderó es que Eduardo Bleier, antes de comunista y frenteamplista, fue un ciudadano uruguayo. 

¿Por qué no concurrieron al velorio los candidatos opositores o referentes de sus colectividades políticas cuando en las últimas semanas la mayoría de ellos había mostrado una actitud de misericordia con la familia Bleier?

No lo sabemos, pero a juzgar por el ambiente partidario que había en el lugar, creemos que tomaron una decisión adecuada, como probablemente muchos uruguayos de a pie que hubiesen estado presente en un acto que representara a todos.

No es difícil imaginar conductas hostiles y ceños fruncidos si dirigentes de los partidos tradicionales se hubiesen acercado al lugar, en medio de banderas comunistas y algunos gritos aislados, pero no menos desubicados, en contra de la reforma constitucional que promueve el senador blanco Jorge Larrañaga.

Hubiese sido acorde a las circunstancias, un ambiente de silencio –como ocurre en las marchas por los desaparecidos que se realizan todos los 20 de mayo–, sin lugar a banderas partidarias y tampoco a los vítores partidarios. Y que los dirigentes frenteamplistas se dieran cuenta de que no era el lugar para hacer declaraciones proselitistas y aprovechar la ocasión para llevar agua a su propio molino electoral.

Pero nadie debería sentirse sorprendido porque hace tiempo que hemos perdido el norte en las formalidades de los actos o asuntos públicos, que requieren de respeto y exactitud en los criterios de ejecución.

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