La Sociedad de la Nieve me movilizó. Fui el sábado pasado al cine y me quedé pensando mucho en la tragedia. Quise ver entrevistas a los protagonistas, conocer a los actores de la película y leer críticas en las redes sociales. Al salir, googleé sin parar.
También entré a X, la red social que más utilizo, y empecé a ver mensajes de personas que no sigo, que revelaban aspectos de la película que no había reparado en el cine. Mi feed se llenó de contenidos vinculados al filme de manera reiterativa.
Recuerdo haber llegado a mi casa y haber estado más de una hora frente al teléfono observando todo lo que dejó esta increíble película de Bayona. De Google a X, de X a YouTube, de YouTube a portales de noticias. Quería verlo todo.
Estimulé como nunca antes al algoritmo. No soy de poner me gusta a contenidos de otros, pero en este caso estaba tan fascinado con lo que había visto que regalé likes por doquier. Como X, y las demás redes sociales, son potentes motores de recomendación, mis “me gusta” fueron un insumo para que la plataforma me mostrara nuevos contenidos.
Antes de ir al cine, lo había ayudado al algoritmo. Compré las entradas de la película en mi celular y había hablado varias veces con mi esposa de que teníamos que ir a verla al cine. Todo eso lo sabían los algoritmos de las redes sociales.
Y por supuesto, la tendencia global en la que aumentaron las búsquedas de La Sociedad de la Nieve también influyen en que ese contenido se vea como nunca antes. La película se había estrenado hacía pocas horas en Netflix y ya era la más visto en el mundo.
El algoritmo me atrapó. Y no pude parar.
Persuasión tecnológica gracias a un laboratorio
Mi comportamiento me hizo reflexionar sobre una opinión que dio el divulgador argentino Santiago Bilinkins al periodista Jorge Lanata sobre la tecnología persuasiva: "La Universidad de Stanford, probablemente la mejor universidad tecnológica del planeta, tiene un laboratorio que se llama Laboratorio de Tecnología Persuasiva cuya meta explícita es manipular lo que las personas piensan y lo que las personas hacen. Todas las personas completamente cautivadas por sus celulares más que por las personas que tienen en frente". Sí, estaba cautivado por mi celular.
Explorando sobre quién está detrás de ese laboratorio, me encontré con BJ Fogg. Escribió ¡en 2002! un libro que está disponible en internet y se llama "Tecnología persuasiva. Usar computadoras para cambiar lo que pensamos y hacemos". Y hay notas de 1997 en los que él ya hablaba de esta tecnología.
En la década pasada, el director de ese laboratorio le enseñó a personal de Uber, Facebook, el antiguo Twitter y un sinfín de directores de empresas tecnológicas el arte de la persuasión tecnológica, según reveló la película El dilema de las redes sociales, disponible en Netflix. ¿El objetivo? Mostrar cómo cambiar comportamientos de los usuarios con fundamentos en la psicología.
Recuerdo haber leído solo críticas positivas de la película. Si bien es un filme muy halagado en el mundo, no recuerdo haber visto comentarios negativos. Lo que hacen las redes sociales es crear un círculo en el que solo veo cosas que me agradan y temas que refuerzan mis creencias y gustos actuales.
DALL-E
Imagen creada con inteligencia artificial
Cómo estimulan tu cerebro
El scrolleo, la acción de mover el dedo verticalmente por la pantalla para avanzar sin un final, está meticulosamente diseñado. Cuando bajás con el dedo en un feed, y luego actualizás, siempre habrá algo nuevo arriba. Tan pensada está la experiencia de uso que, luego de scrollear algunos minutos, te aparecerá un rectangulito con una flecha hacia arriba que significa que hay nuevos mensajes para que veas. El objetivo es claro: que sigas dentro de la plataforma.
Yo volvía a subir para ver si había algo nuevo de La Sociedad de la Nieve una y otra vez. Llegó un momento que perdí más de una hora en el smartphone. Me estimulaba, sin darme cuenta, ver tuits que revelaran nuevos detalles del icónico filme de Bayona.
Los expertos hablan de la dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer, la alegría y el bienestar. “Cuando la foto de un usuario recibe un ‘me gusta’, se activan las mismas vías de dopamina involucradas en la motivación, la recompensa y la adicción”, dice Nina Vasan, quien integra otro laboratorio de Stanford, vinculado a la salud mental. No suelo tuitear, pero leer contenidos sobre el filme probablemente me hacían segregar esta hormona del placer.
En palabras de Tristan Harris, un ex desarrollador de Google que aparece en El dilema de las redes sociales y que lidera una ONG llamado Centro de la Tecnología Humana, las redes sociales funcionan como las maquinitas de los casinos. “Esperás una recompensa, que no es que te toque el bingo, sino que haya un nuevo comentario, un retuit, una interacción, ese es el modo en el que nos tienen secuestrados”, señaló en la docuficción.
Y es algo que se implanta en tu subconsciente, tiene un componente altamente adictivo y no lo podés controlar. Es importante que lo sepas: no es un diseño fortuito; está todo pensado.
Recomendaciones para gobernar al algoritmo
Estos tips son algunos de los que sugiere Harris, a través de su Centro de la Tecnología Humana:
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Desactivar notificaciones y alertas: se sugiere apagar las notificaciones de las apps para reducir distracciones.
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Reducir o eliminar aplicaciones dañinas: dejar de seguir cuentas dañinas y eliminar aplicaciones no utilizadas regularmente.
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Crear espacios libres de tecnología: designar momentos del día sin uso de dispositivos.
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Cargar dispositivos fuera de los dormitorios: Usar despertadores tradicionales en lugar de teléfonos.
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Escoger un día para estar desconectado: planificar días libres de tecnología y comunicarlos a familiares y amigos.
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Mantener un equilibrio: buscar fuentes de noticias imparciales y seguir a personas con opiniones distintas para ampliar perspectivas.
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Ser compasivo: recordar que detrás de cada pantalla hay una persona real. Evitar discusiones públicas y optar por mensajes privados para entender mejor a los demás.
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