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Emociones, fracasos y desafíos: qué implica ser jugador de fútbol en el 2021

Jugadores tanto jóvenes como experimentados y entrenadores de formativas y de Primera División dan sus testimonios sobre lo que implica ser un jugador de fútbol en el 2021. 

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22 de agosto de 2021 a las 05:04

Por Javier Tocar

Todos los niños en Uruguay, o por lo menos la mayoría, nacen con el deseo de ser jugadores de fútbol. Desde el momento que les dan su primera pelota, hacen su primer gol o abren un sobre de figuritas del mundial, sus corazones se embarcan en un solo rumbo que prácticamente está destinado a fracasar. No todos pueden ser jugadores de fútbol. Y por momentos surge emociones de envidia; “qué afortunados ellos”; “lo que daría por ser como él”. Resulta que algo que muchos sospechan, es verdad; no todo es un jardín de rosas.

Desde chicos, los que arrasaron a sus compañeros del baby fútbol (un contexto donde las buenas intenciones y la hospitalidad escasea), deben pasar por un sinfín de obstáculos y desarrollan herramientas para sobrellevar los desafíos que se les presentan en un momento de la vida que para nadie es sencillo.

La frustración

El entrenador Federico Macías, quien dirigió las formativas de Wanderers y ahora se encuentra en Plaza Colonia, dice que las cosas que deben trabajar desde pequeños es la capacidad emocional. "Muchos de los que conforman el plantel, son jugadores que suelen ser protagonistas, jugaban siempre de titular, pateaban la pelota quieta y eran las figuras de su equipo, pero en su entorno". 

Diego Franco, otro entrenador que tuvo una etapa por formativas, desarrolla sobre lo que es lidiar con la frustración en la adolescencia. "A veces los momentos más difíciles para ellos son cuando no les toca jugar o cuando sufren alguna lesión, piensan que no está valiendo la pena el esfuerzo que están haciendo y eso es bastante complejo de manejar". Pero poder convivir con la frustración es un elemento fundamental en el crecimiento emocional de los jugadores.

Psicólogos deportivos como Joaquín Valdés (jefe de psicología deportiva de la Selección de España) dicen que es crucial que puedan enfrentarse a esta emoción "lo antes posible". No sea cosa que lleguen a Primera División y descubran ahí, por primera vez, la emoción de no ser convocados o titulares. 

Facundo Batista, que hoy se encuentra esperando su pase a la MLS o la Liga MX, cuenta que "cuando subí a Primera División tuve mi momento más difícil porque no estaba preparado. Ves a tus compañero de primera división, que juegan partidos y vos entras a una cancha y parece que se te pasa el fútbol. Se te pasa por la cabeza que esto no es lo tuyo porque no estás preparado en este momento."

Facundo Batista en el Sudamericano Sub20 en Chile

El profesionalismo

En Uruguay muchas veces el público espera todo de los jugadores jóvenes, "hoy a los jóvenes se les trata como si tuvieran que ser el mejor del equipo para salvar a la familia y salvar al club en el que juegan", dice el entrenador de Fénix, Ignacio Pallas. Una situación que claramente no puede ser fácil para la salud emocional de un adolescente. Y estas caídas en rendimiento o falta de regularidad por parte de los debutantes se le suele señalar a la falta de profesionalidad que tienen y del compromiso con los colores que defienden. Sin embargo, en las divisionales juveniles sucede lo contrario. Cada vez se les exige más a través de reglas más estrictas con penalizaciones o castigos.

A diferencia de otros niños de su edad, no pueden comer lo que quieran, no pueden juntarse con sus amigos cuando quieran o festejar momentos importantes de aquellos que los rodean como cumpleaños o casamientos. En cuanto a la profesionalización de chicos de 13, 14 y 15 años, Franco cuestiona la exigencia con la que se le trata. "La realidad es que uno no tiene tan claro si quiere ser jugador o no a tan corta edad, y el precio a pagar por ser jugador profesional parece ser bastante elevado. Por momentos es como un trabajo sin retribución en el que además deben mantenerse estudiando y cumpliendo con obligaciones; suena demasiado para chiquilines de 12 a 17 años…”

Macías comparte que se debe priorizar hacia otro camino los objetivos del fútbol de formación. "En esa edad lo más importante es que aprendan de cada situación que tienen. Sin duda, (la profesionalidad) no es lo más importante. Sí a futuro generarle buenos hábitos deportivos. Pero son adolescentes que recién están ingresando y que lo menos que tenemos que hacer es que quieran dejar el fútbol por exigencias extra que no están queriendo cumplir. Debemos lograr que el jugador sea consciente de qué cosas le ayuda y por qué. Llegar al punto de que ellos mismo tomen la decisión de cuidarse y descansar bien porque lo entiendan así y no porque alguien se lo impone." 

El jugador de Defensor Mathías Cardacio entiende que es importante dosificar la exigencia. un consejo que le transmite a los más jóvenes es que hay que rendir y esforzarse, pero hacerlo con entusiasmo. "No en un contexto de suma exigencia, suma presión, porque eso te descoloca y uno a cierta edad lo puede canalizar mejor, pero un chico no. Que lo hagan de un lado sano y real".

Emerson, Ronaldinho, Beckham, Maldini y Mathías Cardacio en el fondo

El desarraigo

El entrenador Diego Franco, que hoy es parte del cuerpo técnico de Montevideo City Torque, dice que una de las grandes problemáticas a las que se enfrentó fue la separación entre los chicos y sus familias como una característica cruel del fútbol formativo.

"Los que son del interior vienen a la capital a quedarse en residencias o casitas de los equipos, donde están prácticamente solos, no tienen a sus padres cerca, casi no tienen a nadie que los ayude con los estudios o a manejar situaciones complejas. Si eso puede afectar a una persona adulta, ni que hablar que a un adolescente también. Si no estamos dispuestos a aceptar que ellos puedan cometer errores o que no sean todo lo profesionales que por ahí se pretende por parte de un equipo incluso a esa edad, por ahí les estamos exigiendo de más y habría que revisarlo". Muchas veces se espera que sean lo que se idealiza de un jugador de fútbol ya profesional y asentado, pero cómo dice Franco, "perdimos de vista, fácilmente, que son chiquilines".

La competencia

El fútbol para los jugadores jóvenes se transforma en toda su vida. Al punto que sus momentos más felices en una cancha de fútbol, son los momentos más felices de su vida pero que tampoco los relacionan a emociones de disfrute. Como Facundo Batista que señala el partido que jugó contra Cerro donde hizo un hat-trick como el pico de felicidad de toda su vida. El momento en el que eso cambia, está sucediendo en este momento en el caso de Ignacio De Arruabarena, cuyo momento más feliz había sido ser seleccionado para el preolímpico sub23 pero hace dos semanas nació su hija, Luz. "No se compara, ahora queda bastante más atrás que el nacimiento de mi hija", dice el golero de Wanderers. Pero para los jugadores más jóvenes, el nivel de compromiso con la competencia y rendir semana tras semana influye en que no puedan disfrutar ni los momentos entre partidos.

A Facundo Batista le sucedió que en su momento más feliz como jugador no se permitió disfrutarlo. "Yo creo que uno se tiene que distraer cuando está de vacaciones y no distraerse tanto en una semana. Porque a mí me pasó que hablo con un psicólogo, con Juan. Y yo termino el partido contra Cerro, el segundo partido este año que ganamos 3 a 2 y yo hice los tres goles y me dice "Facu, ahora disfrutá esta semana" Y yo le digo "No, Juan, ¿cómo voy a disfrutar?"  "¿Cómo voy a disfrutar Juan si ya el sábado que viene jugamos de vuelta y estamos jugando para clasificar a una copa?", "No, pero vos tenés que disfrutar", me dijo, a lo que respondí "No, no puedo". Y es que no disfruto. Me di cuenta de que uno disfruta en el momento que se está como estoy ahora, en el que estoy parado sin fútbol, esperando para irme", cuenta Batista la historia en la que identifica como el momento más feliz de su vida pero que no pudo disfrutarlo.

Facundo Batista festejando un gol ante Peñarol en el intermedio 2020

La experiencia es una variante que repercute claramente en la perspectiva de cómo afrontar el mundo del jugador de fútbol. Mathías Cardacio dice que con el pasar de los años, le encontró la vuelta a disfrutar de su trabajo. "El resultado deportivo te da mucha felicidad. Pero es una felicidad volátil porque nada te asegura ganar. Lo que sí te asegura, y a mí me hace feliz, es el camino que opto para ganar. Es el día a día con los compañeros, armar un grupo hermoso para ir por el objetivo. Por otro lado, si yo sujeto mi felicidad al resultado deportivo, seguramente mi vida va a ser un subi-baja de emociones. Lo que puedo controlar es ir todos los días con la misma dedicación, elegir un camino para cada día despertarme y ser feliz con mis compañeros."

Mathías Cardacio festejando un gol en Defensor Sporting

Las concentración

Para algunos jugadores la concentración es lo más importante para mantener el nivel y poder rendir semana a semana. Sin embargo, también resaltan que es conveniente sostener un equilibrio y que la distracción es un elemento necesario.

Hay que "entrenar a mil, compartir con los compañeros los entrenamientos y después hacer un corte para hacer las cosas personales", dice Mathías Cardacio porque no se puede estar todo el tiempo trabajando. La mente no funciona de esa forma según el jugador de Defensor. "Hay que estar con la familia, con los amigos y que la dinámica que tiene el equipo, no llegue a cambiar nuestra esencia de vida." 

Hoy en día se habla mucho de las redes sociales, de cómo los insultos y las críticas negativas pueden ser perjudiciales para el deportista. Sin embargo Cardacio dice que "el halago desmedido también puede ser dañino".

Entre tantas distracciones positivas, una de ellas es la facilidad con la que los jugadores de fútbol reciben invitaciones por parte de empresarios o mujeres que quieren ser parte del éxito del futbolista. "Es parte del mundo en el que vivimos. son situaciones que tenés que acostumbrarte a vivir con eso. Te saca de una zona de confort, porque así como se te presentan situaciones complicadas, se presentan otras que te pueden hacer creértela o que te saque de una situación que vos estás más acostumbrado a vivir de una manera más real y te lleva a algo más irreal, donde todo es más fácil y que tenés todo al alcance de las manos. Eso también te puede llegar a destruir en la cabeza."

Álvaro Fernández dice que se debe tener cuidado con la gente que se quiere subir al tren o como le llama "los amigos del campeón". En esos momentos de euforia es importante mantener la cabeza fría y tener claro quiénes son los amigos de verdad, que cuando ese clímax deportivo pase, "es como un colador en el que se queda la gente buena".

En Plaza Colonia, Álvaro Fernández se rodea de sus "amigos de siempre"

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