10 de junio 2013 - 0:00hs

Hay un tipo de emprendimientos que merecen una atención especial. Son aquellos que en su modelo de negocios atienden necesidades de personas de sectores sociales desfavorecidos. Salvo excepciones son pequeñas empresas y comparten las mismas dificultades de este sector: capacitar los trabajadores, acceder a mercados lejanos, asegurar la calidad de sus productos y servicios, lograr precios justos, cumplir las regulaciones de la formalidad, actualizar su tecnología y lograr el financiamiento para crecer. La encuesta nacional de mipymes del MIEM-DINAPYME 2012 es una buena fuente de información sobre el estado de estos problemas.

Los llamados Negocios Inclusivos son emprendimientos que incorporan a los pobres a la economía de mercado. Para describirlo se ha usado un eufemismo, hablar de los negocios con la base de la pirámide. La figura pone foco en la existencia de una enorme población mundial en la pobreza que son trabajadores y a la vez consumidores, mientras que generalmente el marketing se dirige a los sectores medios y altos de la pirámide. Más allá de los conceptos académicos  nos interesa aquí reflexionar sobre el potencial de estos emprendimientos hacia un desarrollo con mayor equidad.

En estos días se ha presentado el libro de Oscar Licandro y Lucía Pardo “Experiencias de Negocios Inclusivos en Uruguay” (Fundación Avina – Universidad Católica del Uruguay). Es una publicación imprescindible para informarse sobre el tema que presenta una selección muy acertada de 16 casos estudiados. Seis de ellos son del medio rural, incluyendo uno de larga trayectoria (Manos del Uruguay); otros seis son de clasificadores de residuos en Montevideo, Canelones y Flores; y cuatro son de otros colectivos urbanos. No todos los emprendimientos han sido exitosos y sus perspectivas de futuro siempre son problemáticas. Pero demuestran que hay vías de organización y articulación con organizaciones del Estado, de la sociedad civil y con empresas, que ofrecen alternativas a los emprendimientos sociales. 

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Hoy medimos la pobreza por el ingreso, pero la  pobreza es más que carencia de recursos materiales. ¿Qué es más relevante, el ingreso de hoy o el futuro potencial de esa persona y su familia? Por eso se ha definido la vulnerabilidad de la población pobre como la: “inhabilidad de controlar las circunstancias propias”. Participar de un emprendimiento siempre es una aventura, pero al mismo tiempo algo que se puede manejar si se cuenta con una gestión transparente, participativa y al mismo tiempo profesional. 

Los emprendimientos inclusivos desde el momento que participan del mercado requieren ser sostenibles (rentables), apuntan a mejorar la calidad de vida de sus integrantes y deben manejarse con responsabilidad (creciente formalidad, respeto ambiental y ciudadano). En este proceso sus integrantes ganan en autoestima, por el sentimiento de lograr objetivos, crecen en autogestión al aprender a articular con otros actores y comparten experiencias con otros emprendimientos. De este modo los negocios contribuyen también a una expansión espiritual de las personas y su entorno familiar y comunitario. No resuelven todos los problemas de la pobreza pero son muy buenos ejemplos de dignificación humana por el trabajo.

Por su parte las políticas sociales procuran atender las “fallas del mercado”, lo que la economía capitalista deja sin resolver. Es muy claro que algunas de estas carencias  se podrían solucionar con emprendimientos inclusivos, pero ellos no se crean sin iniciativas de personas tanto de la esfera pública como de la  privada. Dentro de las primeras se encuentran las cooperativas de trabajadores promovidas desde el MIDES. En el libro de Licandro y Pardo se encuentran ejemplos de liderazgo desde otras organizaciones como la Obra San Vicente (fundada por el Padre Cacho), fundaciones, grandes empresas e intendencias.  

Pasar de la situación actual a una de mayor impacto sobre la pobreza requiere seguramente legislar sobre el tema (definiendo pasos que favorezcan la formalización creciente del sector), expandir la participación de la sociedad civil para que el esfuerzo no sea únicamente del Estado y priorizar estas iniciativas en el marco de las políticas  de apoyo al emprendedurismo.


* Rector y coordinador de la Cátedra de Innovación y Desarrollo en CLAEH. Director en ID Retail

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