Opinión > Análisis / Claudio Romanoff

En busca de la manzana caída

Relación entre empleo y salarios junto a la de déficit y bienestar traen dilemas a la izquierda

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14 de abril de 2018 a las 05:00

¡Pluff! Cae una manzana en la granja familiar y al físico británico Isaac Newton se le ocurre una explicación que dio paso a la ley de gravitación universal. Fue en 1666 durante los prolíficos años de obligado refugio en su aldea natal debido al cierre de la Universidad de Cambridge a raíz de la peste negra.

Los descubrimientos de esta mente superdotada en varias áreas de la ciencia –óptica, matemática, física, entre otras– tuvieron sus detractores contemporáneos pero hoy en día sus hallazgos son considerados verdades irrefutables.

Las leyes y formulaciones en las ciencias económicas no han logrado el mismo consenso, y se mantienen las controversias entre el marxismo y el liberalismo, aunque las teorías que comprenden el mercado van ganando, fuera de Uruguay, largamente la batalla.

El 9,3% de desempleo, que trae consigo la destrucción de miles de puestos de trabajo, puso arriba de la mesa un problema grave en una economía que en 2017 creció 2,7% y lleva más de una década de expansión. Este último año el número verde obedeció al aumento del consumo y las exportaciones. En la contracara, hay una caída en las inversiones, tanto locales como extranjeras, determinante para la creación de puestos de trabajo.

"El due dilligence macro de Uruguay siempre da bien. Los problemas aparecen en la capa micro y cada vez peor", escribió hace algunos días en la red social Twitter el director de Incapital, fundador y ex dueño de la financiera Pronto! y emprendedor serial Martín Guerra (@martinwar). Esa observación dice mucho.

La cuestión del empleo conlleva a una discusión y un dilema importante. Para la teoría económica que trata de explicar el funcionamiento del mercado, la oferta de empleo está determinada fundamentalmente –aunque no es el único factor– por el nivel salarial. Es decir, cuanto mayor el nivel de retribuciones, menor será la cantidad de puestos de trabajo disponibles.

Los empresarios hoy en día sostienen que el costo de producción, que incluye salarios, impuestos y tarifas, redujo la rentabilidad y que ello afecta su capacidad de contratación. En alguna medida también influye la noción de que un nuevo empleado significa alimentar a los sindicatos que luchan con dureza en la pugna por los ingresos.

Los gremios y algunos economistas de izquierda niegan esta relación entre empleo y salarios, sobre todo en momentos en que se negocia una ronda salarial en la que las organizaciones de trabajadores empujan por incrementar las remuneraciones. Creen, además, que las compañías tienen margen suficiente para ceder ganancias en favor de salarios. Es claro que esta posición propone beneficiar a los ya empleados, que son la fuente de poder sindical.

La controversia sigue y el desempleo pisa el 10%.

¡Pluff! ¡Que caiga la manzana!

Al mismo tiempo, el ministro de Trabajo, Ernesto Murro, junto al PIT-CNT volvieron a chocar con el jefe de la Economía, Danilo Astori. Esta vez sugirieron pasar a segundo plano la prioridad de reducir un punto el déficit fiscal, hoy en el entorno del 3,5%, para aplicar mayor gasto en la educación y otras áreas.

Otra controversia en el seno de la izquierda. El desequilibrio en las cuentas públicas trae a la corta más impuestos, mayor endeudamiento, pérdida del grado inversor y, por consiguiente mayor tasa de interés. Además condiciona en forma grave al próximo gobierno como lo hizo el de José Mujica con el de Tabaré Vázquez, sin caja para realizar proyectos. Es decir, el próximo que se arregle... aun si fuera de su fuerza política.

¡Pluff! ¡Pluff!

Vendría bien una buena ventolera en el jardín del gobierno.

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