Opinión > Carta del director / Ricardo Peirano

En busca de la seguridad perdida

La situación actual nos interpela como sociedad y nos hace preguntarnos qué hemos hecho de los valores que teníamos hace 30 o 50 años

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29 de abril de 2018 a las 05:00

Impresiona el relato del asesinato, post rapiña, de Antoni Macaris. Un joven de 18 años, que estaba junto con un amigo en Prusia y Camino Cibils, a tres cuadras del Hoyo 15 de la cancha de Club de Golf del Cerro arreglando una moto, cuando vinieron dos delincuentes, le pidieron el morral, el se los dio –cumpliendo todas las indicaciones del ministro Bonomi de no resistirse ni exponerse- pero igual recibió un balazo en medio de corazón que provocó su muerte inmediata.

La vida de Macaris no había sido fácil –sus padres se separaron y el tuvo que arreglárselas con su hermano- y su recorrido por las canchas de golf le habían permitido crecer como persona y como jugador –ya era considerado una promesa y había participado en varios torneos sudamericanos-. Obtuvo becas, recibió ayudas por parte del presidente del Club de Golf del Cerro y de otras personas para ir a jugar a otros clubes, y tenía previsto viajar a España para profesionalizarse como golfista.

Pero todo ello quedó trunco el pasado martes por la noche por algo que no tiene explicación alguna: fue objeto de una rapiña, y aunque los delincuentes obtuvieron su botín sin problema ni riesgo, le dispararon al huir. Ya ni siquiera corre aquello de "la bolsa o la vida" que permite a la víctima optar por la una o por la otra. Aquí Antoni optó por entregar la "bolsa" y también se le llevaron "la vida".

Pocos días antes, otro joven -Maicol Palumbo- fue a ver un partido de fútbol en Piedras Blancas y lo ejecutaron por error en uno de esos actos que el Ministerio del Interior califica como "ajuste de cuentas" y que prácticamente no se investigan. En otra ocasión fue una bala perdida en un tiroteo entre la Policía y delincuentes que se llevó la vida de Julio Cesar de Medeiros, un turista brasileño que estaba sentado en un segundo piso de un edificio de Pocitos. Poco antes la bala perdida había afectado a una joven madre de 17 años, Xilara Ramos, que murió cuando le estaba dando de mamar a su bebé en el patio de su casa, en el barrio Conciliación.

Todos estos casos tuvieron lugar en este año. Detrás de cada uno hay una historia como de la Antoni Macaris. Quizá no tan notoria por el lugar, la profesión, el pasado y el futuro que tenía Macaris. Pero en todos los casos, una vida normal, una actitud ante el delito en el que ninguna de la víctimas presume de ser Indiana Jones, cosa que podría traer aparejado una reacción de los delincuentes. Todos se dejaron robar sin chistar e incluso algunos nada tuvieron que hacer, como las víctimas de las balas perdidas: su único error fue estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Y estos hechos, sobre todo los dos últimos en el Cerro y en Piedras Blancas, que tuvieron lugar durante durante los días que duró el cuarto intermedio de la interpelación al ministro Bonomi por el tema seguridad pública, nos interpelan duramente. ¿Habrá que resignarse a que la salida de la casa sea una tómbola en cuanto a rapiña y asesinato, y que al que le toque le toque y mala suerte? ¿A que ya no sea suficiente seguir las indicaciones, a veces poco afortunadas en el momento y en la forma que las aconseja el ministro Bonomi, sobre qué hacer para al menos perder la bolsa pero no la vida?

A tenor de cómo se desarrolló la interpelación de la semana pasada, con una desafortunada introducción del ministro que pareció una tomada de pelo a la institución parlamentaria, al senador interpelante, a toda la bancada opositora y a una buena parte de la población, parecería que la respuesta es afirmativa. Y además deberíamos agradecer al gobierno porque Uruguay es uno de los países con mejores condiciones relativas de seguridad en América Latina, según lo que dicen las estadísticas.

Pero creo que los uruguayos no miramos las estadísticas internacionales a modo de consuelo sino que comparamos este país con lo que antes era. Con 4 veces menos rapiñas hace apenas 15 años, aunque la crisis económica era pavorosa. No sé si la actual inseguridad es reversible a las cifras de hace 15 años. No sé siquiera si nos quedaremos en estos niveles o iremos a peor. No sé ni creo que esta situación se arregle con cambio de ministro como pide la oposición.

Sí creo que es necesario un cambio de política de seguridad que debe abarcar muchos aspectos que no son meramente policiales. Y que van desde el manejo de las cárceles hasta el manejo del INAU, pasando por la mejora de la educación y por la lucha de la fragmentación social que, le guste o no al gobierno, existe y viene desde hace muchos años.

La batalla por recuperar la seguridad no está perdida mientras no se crea perdida. Pero es una batalla de todos y en muchos frentes. Si en eso no logramos consenso, seguiremos haciendo interpelaciones, a este u otro ministro, y seguirá muriendo gente, aunque cumpla los protocolos de seguridad que les ofrece el Ministerio del Interior. Y volver o no a casa de noche, seguirá siendo una tómbola. Tómbola que afecta mayor, pero no únicamente, a los más desprotegidos. Y que nos interpela como sociedad: ¿qué hemos hecho de los valores que teníamos hace 30 o 50 años?
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