22 de septiembre de 2013 20:44 hs

La decisión del gobierno de José Mujica de apelar a la caja del Estado para financiar promesas electorales que comenzarán a sentirse en el año electoral, como la rebaja del IVA o el aumento de la licencia maternal, trajo de vuelta al debate público viejas prácticas de gobiernos blancos y colorados, muy criticadas por la izquierda desde la oposición. Eso que en la jerga política se llama “carnaval electoral”, se transforma rápidamente en la fórmula perfecta de los partidos rivales para acusar al gobierno de turno.

Como ya lo dijo en 2003 el hoy ministro de Economía, Fernando Lorenzo, en el trabajo académico Economía y política en Uruguay, firmado junto a otros profesionales, como Gabriel Oddone, en Uruguay existe una “clara existencia de ciclos electorales oportunistas sobre el déficit del sector público”. Para ese “oportunismo”, según el jerarca, los gobiernos manipulan “variables económicas fundamentales”.

La historia reciente en Uruguay está plagada de ejemplos que parecen demostrar la hipótesis de Lorenzo. Cuando se acercaban las elecciones de 1999, los principales dirigentes colorados se reunieron con el ministro de Economía, Luis Mosca, para expresarle su preocupación acerca de que los resultados de la gestión del gobierno se empezaran a notar a corto plazo. Mosca les aseguró que “el agua iba a llegar a tiempo a la canilla”.

Más noticias
En 1992, el entonces ministro de Economía del gobierno nacionalista de Luis Alberto Lacalle, Ignacio de Posadas, fue muy explícito frente a dirigentes herreristas en una reunión política. Así lo recuerda la investigación de Lorenzo en 2003: “De Posadas también percibía con claridad el vínculo entre economía y política al afirmarle a la dirigencia herrerista que ‘los tiempos económicos calzan con los tiempos políticos’. Ello permitiría a su sector y al Partido Nacional llegar en ‘buenas condiciones’ de popularidad a las elecciones de 1994. En esencia, De Posadas asumía que la fase expansiva del ciclo económico y el año electoral coincidirían, siendo de esperar un buen desempeño electoral del PN en las elecciones de 1994”.

Uno de los indicadores casi infalibles del manejo del dinero público el último año de administración es el déficit fiscal. Si se toman todos los gobiernos desde la vuelta a la democracia hasta la fecha, el promedio del déficit fiscal en el quinto año de administración se ubica en 3,3% del Producto Interno Bruto (PIB).

El gobierno de Lacalle (1990-1995), por ejemplo, logró en 1992 un superávit fiscal de 0,5%, pero se fue de la Presidencia con 2,8% de déficit. Ello fue señalado, incluso en la última campaña de 2009, como producto de un “carnaval electoral”. En una reunión de gabinete de mayo de 2008, el presidente Tabaré Vázquez y sus ministros dispararon contra la administración blanca. “Lacalle tuvo una gestión en la que equilibró cuentas, pero en 1994 generó un déficit de más de dos puntos del producto, creando un carnaval electoral”, dijo en se momento Danilo Astori, siendo ministro de Economía.

Esta semana, en su cuenta de la red social Facebook, el diputado de Asamblea Uruguay, Alfredo Asti, recogió el guante de las críticas hacia la administración frenteamplista y recordó medidas del gobierno colorado de Jorge Batlle (2000-2005). “Su chochera le hizo olvidar que bajó el IRP en agosto 2004 y duplicó el SMN (Salario Mínimo Nacional) para enero 2005. Ahhh y por supuesto, no pagó ninguna deuda ni siquiera las cuotas de participación en organismo internacionales haciendo peligrar nuestra participación”, escribió el legislador del oficialismo.

En plena campaña electoral, el gobierno colorado de Jorge Batlle redujo el déficit fiscal, y además comprometió medidas que llegaron directo al bolsillo de los ciudadanos. Rebajó tanto para trabajadores como para jubilados el impuesto a la renta, bajó el precio de las naftas y aumentó el salario de los empleados públicos. En julio de 2004, el presidente Jorge Batlle dijo que quería evitar “aparecer procediendo a un aumento como un acto que pudiera repercutir electoralmente en beneficio del que lo da”. Pero a los suyos, y en privado, les pidió comunicar “con orgullo” lo que su gobierno hizo para sacar al país de la crisis.

En 1989, el último año del primer gobierno de Julio María Sanguinetti, Batlle, siendo candidato, le recriminó a su correligionario “inaugurar” y “mostrar” cosas. Porque estaban en año electoral.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos