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En España, la cuarta elección en cuatro años podría aún no ser decisiva

 Última chance para Pedro Sánchez, aunque según las encuestas, ni el bloque de centroizquierda ni el de centroderecha alcanzarían la mayoría para formar gobierno

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09 de noviembre de 2019 a las 05:00

El gran embrollo en que se ha convertido el proceso eleccionario de España, que este domingo 10 celebrará las cuartas elecciones generales en cuatro años, ha mantenido a la política ibérica en una larga parálisis, con gobiernos débiles o sin la posibilidad siquiera de formar gobierno, como ha sido el caso a lo largo del último medio año.

Para colmo, nada hace suponer que el resultado del domingo vaya a destrabar esa situación. Todas las encuestas pronostican un triunfo de Pedro Sánchez, el presidente socialista en funciones; pero el PSOE no obtendría ni cerca de los 176 escaños que se necesitan en el Congreso de los Diputados para gobernar con mayorías. Incluso todas ellas lo muestran al presidente perdiendo votos respecto de las elecciones del 28 de abril, cuando su partido obtuvo 123 diputados y podría haber formado gobierno con Podemos, la agrupación de Pablo Iglesias. Pero Sánchez se negó en redondo a pactar un gobierno de coalición con “los morados”, a quienes siempre ha visto como una izquierda retardataria, que sería una tachadura en el glamour caviar al que el madrileño se siente predestinado.

Además, hasta hace muy poco, los sondeos le favorecían. De modo que su estrategia, todo este tiempo, ha sido usar ese capital político y el ejercicio de gobierno para revalidar el cargo en unas nuevas elecciones que le otorgasen mayorías contundentes y poder negociar desde una posición de mayor fortaleza.

Este domingo esa estrategia podría probarse errónea. Los 123 diputados del PSOE podrían reducirse a 120, una caída extremadamente leve en lo cuantitativo, pero que en lo cualitativo –por todo lo anterior– sería un duro golpe de encajar para La Moncloa. Al mismo tiempo, las 42 bancas de Unidas Podemos podrían quedar en 28; con lo cual es muy probable que a Sánchez ya no le alcance ni con una alianza con Iglesias; y tendría que empezar a sacar la calculadora la noche misma de la elección, a ver si le da sumando también el concurso de Más País, la nueva formación de Íñigo Errejón, escindido de Podemos, y con los partidos regionales.

Según los números que hoy arrojan las mediciones, al presidente no le daría en ningún caso. Todo el bloque de izquierda no alcanzaría la mayoría absoluta; y tendría que apelar al centroderecha, ya sea a un apoyo de Ciudadanos –que también ha caído estrepitosamente en las encuestas– o a una abstención improbable del Partido Popular (PP), que bajo el liderazgo de Pablo Casado, saldría muy fortalecido de estos comicios, saltando de 66 escaños a 95.

El bajón de Sánchez en los sondeos se ha dado como consecuencia principalmente de la crisis catalana. La llamada “sentencia al procés” (en alusión al proceso independentista de Cataluña), que se anunció el pasado 14 de octubre con la condena de nueve dirigentes catalanes hasta 13 años de prisión, desató una ola de disturbios en toda Cataluña que le han pasado factura al gobierno. En particular, a la figura de Sánchez, que ni siquiera se ha dignado a atenderle el teléfono al presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, en todo lo que ha durado la crisis.

Por otro lado, la tan llevada y traída exhumación de Franco, que el presidente en funciones usó con la esperanza de obtener réditos electorales, parece haberle jugado en contra. El domingo finalmente se sabrá, pero hasta ahora ha actuado apenas como una especie de homilía para los conversos, que solo ha convencido al núcleo duro de votantes del PSOE. A los de centroderecha, que Sánchez necesita captar, no parece haberles impresionado en lo más mínimo. Pero incluso en la izquierda, donde Sánchez también necesita pescar, la exhumación de los restos del dictador tampoco parece haber movido la aguja a su favor; y en general, ha sido visto como un acto de demagogia. O como dijo un extremadamente sardónico Pablo Iglesias en reciente entrevista: “Es que la crisis de Cataluña le estaba pasando factura en las encuestas y había que sacar a la momia a pasear en helicóptero”.

Pero las sorpresas que revelan las encuestas no acaban ahí: Vox, el partido nacionalista español de derecha liderado por Santiago Abascal, pasaría de ser la quinta fuerza a la tercera, ganando 25 diputados en el Parlamento; de 24 escaños que tiene hoy, saltaría a 49, lo que la convertiría en una bancada con gran poder de decisión. En contrapartida Ciudadanos, de Albert Rivera, pasará de ser la tercera fuerza a la quinta, bajando su número de escaños de 57 a un magro 15. Mientras que Unidas Podemos quedaría en cuarto lugar con 28 bancas. 

Con todo, siempre según los sondeos, tampoco le daría al bloque de fuerzas de derecha (PP, Cs y Vox) para formar un gobierno. Y así, quién sabe hasta cuándo podría prolongarse el impasse. Aunque es probable que Ciudadanos termine inclinando el fiel de la balanza para un gobierno de Sánchez.

En La Moncloa, sin embargo, confían en que superarán con creces la votación de abril y que llegarán a los 150 diputados, si bien en algunos sectores un poco más realistas del PSOE, y sobre todo entre los llamados barones socialistas, lo consideran una quimera. Pero Sánchez y los suyos insisten en que los números están de su lado.

No sería descabellado pensar que el estado de volatilidad e incertidumbre reinante vuelque a más votantes españoles en la dirección del gobierno, y que el socialista Sánchez pueda desmentir a las encuestas en las urnas. Después de todo, algo similar le sucedió a Mariano Rajoy en 2016, cuando también se repitió la elección y, contra todo pronóstico, mejoró sustancialmente su votación. 

Pero todo parece indicar hoy que Albert Rivera será una vez más el comodín de la gobernabilidad de España. De otro modo, el limbo persistirá y los días de Pedro Sánchez al frente de La Moncloa estarían contados. 

Ausencia de reformas estructurales
La Comisión Europea revisó a la baja el jueves 7 su previsión de crecimiento del PIB de España para 2019, a 1,9% frente al 2,3% previamente esperado.
Entre 2015 y 2017 registró un aumento de alrededor de 3% , según datos oficiales.
Economistas consultados por la AFP creen que el principal factor reside en el contexto mundial: incertidumbres ligadas a diversas guerras comerciales y desaceleración de los grandes socios comerciales.
El consumo se recuperó en el tercer trimestre pero los expertos no esperan que perdure, toda vez que en paralelo el desempleo retrocede con menor vigor que en los últimos años.
A fines de setiembre, el desempleo se estancó en cerca del 14%. En octubre se registró la peor alza del número de solicitantes de empleo desde 2012.
La parálisis del Parlamento bloquea las reformas necesarias para permitir que España afronte las venideras tempestades económicas. “Esencialmente desde 2012-2013, no hemos hecho ninguna reforma estructural, entonces las fuentes de crecimiento se están agotando”, estima Toni Roldán, especialista de políticas económicas en la escuela de comercio Esade y exdiputado de Ciudadanos (centroderecha).
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