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En la piel de un árbitro: Cunha, Leodán y De Armas derriban mitos

Los fines de semana el mundo del fútbol los hace vivir como villanos; aprenden a transitar con el error y lo sufren como nadie en el deporte. Debajo de la piel de cada uno de ellos hay un ser humano que hoy cuenta su historia desde lo cotidiano

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26 de enero de 2020 a las 05:03

Matías, Leodán y Andrés recorren la ciudad de lunes a viernes como cualquier ciudadano, con la única particularidad que, por sus actividades en el deporte, sus rostros son conocidos. Salen a lugares públicos, disfrutan con sus hijos. Trabajan. Entrenan y viven el fútbol con la pasión que suelen tener los uruguayos. Sin embargo, los fines de semana llegan a una cancha custodiados por policías –desde un punto de encuentro que establecen en la ciudad para cada partido-, y regresan a sus hogares de la misma forma. Durante 90 minutos los insultan desde la tribuna y algunos dirigentes, entrenadores y jugadores les endosan culpas para salir de una situación incómoda.

Matías, Leodán y Andrés eligieron ser jueces de fútbol. Desde entonces la cultura futbolística en Uruguay los colocó en un lugar especial en la sociedad durante los sábados y domingos.

En una charla diferente, Matías De Armas (25 años, juez de primera categoría e internacional de futsal), Leodán González (36, internacional desde 2016) y Andrés Cunha (43, internacional y semifinalista en Rusia 2018), contaron desde su lugar a Referí cómo es sentirse en la piel de un juez.

¿Por qué árbitro de fútbol?

Matías De Armas: Por la pasión por el fútbol. Fui jugador de fútbol hasta que en 2012, por diferentes circunstancias y el nacimiento de mi hijo, dejé y quería seguir vinculado. Entonces, un amigo me invitó a hacer el curso en la Liga Universitaria como una alternativa laboral en ese momento. Me quiso convencer diciéndome: ‘Se gana buen dinero y solo trabajás los fines de semana’. Me entusiasmé y me enganché.  Empecé el curso con 20 años.

Andrés Cunha: Juez de fútbol por la afición que tiene uno por este deporte. Jugué un tiempo corto y un día, cuando tenía la intención de hacer el curso de periodismo deportivo, escuchando la radio, porque me encanta y apasiona el deporte, comentaban que había 10 becas para un curso de árbitro. Fue entonces cuando decidí probar, como algo novedoso para ver si me gustaba o no. Tenía 24 años cuando me anoté y comencé el curso a los 25.

Leodán González: Soy un exfutbolista, que jugaba en OFI, en Tala. Cuando empecé facultad y no podía con los viajes Tala-Montevideo, entre facultad y fútbol opté por los estudios. Estuve un año inactivo en el fútbol y sentí que me faltaba algo. No entrenaba, era todo estudio. En ese momento anunciaron un curso de árbitros y en ese momento  hice un clic. Así comenzó todo. Tenía 20 años.

¿Cuánto cambió el arbitraje para los que empiezan hoy?

Cunha: Hice el primer curso de dos años, antes se terminaba en uno. Mi curso fue gratis, ahora hay que pagar. Mi curso tenía un límite de estatura y ahora ya no. Era 1,70 m, yo mido 1,72 m. El límite de edad para hacerlo se redujo (ahora es 23 años, cuando lo hizo Cunha 27). El primer año fue muy teórico, luego práctico.

De Armas: En el segundo año ahora ya te ponen a arbitrar con un contrato temporal de cuatro meses.

¿También se les instruye para el VAR?

De Armas: Cuando hice el curso hace cinco años no existía.

¿Cuánto cambió el arbitraje con el VAR?

González: El árbitro no debe perder la esencia porque apareció el VAR. Tiene que seguir tomando las mismas decisiones de siempre. Es cierto que cambian procedimientos, porque a veces el asistente tiene que retrasar la bandera, o si el árbitro ve una falta, una mano, y hay una jugada de gol debe retrasar su silbato. La esencia no cambia. Hay un árbitro, una persona tomando decisiones con su criterio.

¿No mella tu confianza el VAR?

González: No, al contrario. Te fortalece, te da tranquilidad. Ojalá en el fútbol uruguayo pudiéramos tener VAR en el 100% de los partidos. El VAR vino para hacer justicia. Es un respaldo al arbitraje. Antes del VAR veías el error en tu casa, cuando mirabas la jugada en televisión después del partido, y sentías que no administraste la justicia correctamente pero no por querer hacer un daño sino porque es fútbol y cometés errores.

Cunha: Tuve la suerte de estar en el primer torneo con VAR de FIFA, y en ese momento eran muchos los temores a la pérdida de autoridad de los árbitros. Cuando se puso en práctica fue cambiando ese temor y actualmente no creo que nadie te diga: ‘Prefiero arbitrar sin VAR’. Hoy salimos a la cancha pensando que si tenemos el VAR, tenemos el respaldo de un compañero, que no va a cobrar por nosotros, porque el árbitro central es el que está en la cancha pero sí nos va a decir: ‘Te invito a ver esta jugada, mirala otra vez’. Y esa posibilidad que tienen los espectadores, los periodistas, ahora también la tenemos los árbitros. Por eso para mí, no hay dos opiniones: es totalmente beneficioso para el árbitro y sabemos que jugadas escandalosas como un gol con la mano, una pelota que te sacan del ángulo con la mano y que el árbitro no ve porque queda tapado, no va a pasar.

¿Es fácil estar en su lugar, en el de los árbitros?

Cunha: Creo que no. La del árbitro es una carrera con muchas ingratitudes. Uno está para hacer justicia y cuando comete un error, que no es a propósito, le recae más responsabilidad que a cualquier otro actor del fútbol frente a un error.

Cuando los acusan de haber torcido un partido para un lado o para otro por un error arbitral, ¿qué sensación les queda?

Cunha: Si bien repetimos la frase que el error humano es parte del juego en futbolistas, técnicos y árbitros, el error del árbitro no es aceptado, acá. Cuando el árbitro se equivoca se entiende que es porque tenía una intención de algo, o dicen: ‘Se equivoca siempre contra tal equipo’. Por eso entiendo que aún no está aceptado el error del árbitro, y esas situaciones nos dan mucha bronca. Porque hay un montón de variables que definen un partido de fútbol, errores de técnicos, jugadores y jueces, y finalmente el análisis de un partido se focaliza en un error del árbitro. Me parece que no es justa la crítica en ese punto.

González: El error del árbitro siempre es mirado con lupa. Hace poco escuchaba en un programa español sobre el VAR en el que el jefe arbitral de España decía: ‘Si hay 100 partidos, los árbitros nos equivocamos con errores serios en cinco partidos, en los otros 95 partidos en conferencia de prensa dicen que los técnicos ganaron porque plantearon bien el partido, los jugadores jugaron bien, pero no se habla de los árbitros cuando hicieron las cosas bien y el resultado fue más justo por la actuación de los árbitros. Si en los otros 95 partidos se destacara la actuación de los árbitros a nivel popular los jueces seríamos más queridos’. Entiendo que algo de razón tiene.

Es un tema cultural. ¿Creen que se puede dar ese paso de la aceptación del error arbitral?

Cunha: Creo que sí, y tenemos que dar ese paso. Las generaciones que vienen, en todos los ámbitos, deben tratar de enfocarse más en el juego. Aquí se le da mucha trascendencia al error arbitral, y la gente consume eso que le dan por parte del periodismo y de los actores del fútbol. Por eso creo que debemos buscar el cambio y entender que el error es parte del juego. Así como un nueve erró un gol en la hora, tenemos que empezar a entender un poco más que un árbitro se puede equivocar.

¿Hay que humanizar el error?

Cunha: Totalmente. Sin dudas.

González: Muchas veces, cuando un árbitro se equivoca, se empieza a conjeturar sobre si el árbitro tuvo intención o no. Cuando en realidad solo se equivocó sin intención de nada. Y lo que no se sabe es lo que sucede luego de ese error, porque yo no puedo poner una publicidad en El Observador y decir: ‘Fui citado el miércoles por el Colegio para ver mis videos para ser mejor árbitro a futuro’. Eso queda en la interna como cualquier instancia de trabajo, en la que existe una autocrítica individual e instancias de crecimiento interno. Los árbitros tenemos los mecanismos, entrenamientos para ser mejores árbitros.

¿Cómo veía al juez hasta hace cinco años? ¿Lo expulsaron alguna vez?

De Armas: Nunca. A los jueces los veía con respeto, les hablaba, me enojaba, pero nada más que eso y todo quedaba ahí en la cancha.

¿Aprendió a convivir con el error?

De Armas: Sí. La carrera te lo va enseñando. Sabés que te tenés que hacer una buena autocrítica, y levantarse.

Cunha: A través de tantos años aprendés a convivir con el error, y a convivir con la parte mediática del error: que un lunes te critiquen a nivel público. Eso es lo más difícil de sobrellevar y de salir adelante. ¿Sabés por qué? Porque me duele más que a nadie cuando cometo un error. Cuando los jueces vemos el error en televisión decimos por qué pasó, dónde me debo ubicar, lo hablamos con los técnicos (del Comité de Árbitros), intercambiamos conceptos y te corrigen detalles que son internos, que no se promocionan. Cuando tenés un error en un partido televisado con mucha repercusión, pega. A mí me pasó y cuesta salir.

¿Cuál fue el momento más duro de tu carrera?

Cunha: Cuando tuve un partido polémico en el Parque Viera, Wanderers-Peñarol, hubo errores y tuvieron mucha repercusión, y a los pocos días viajé a la Copa América en EEUU, me tocó una jugada bien difícil, hubo un error, y se juntaron dos partidos, uno local y uno internacional, en poco tiempo y fue el peor momento de mi carrera.

¿Le dieron ganas de largar todo?

Cunha: Sí. Te dan ganas, porque cuando ves que son injustos con los comentarios y se rozan otras cosas que exceden al concepto de si sos buen o mal árbitro, duele, y sobre todo le duele a la familia. Porque vos te acostumbrás, porque en tu formación te instruyen para eso, pero la familia no, sufre y ahí es cuando te planteas si vale la pena seguir. Luego bajan las aguas y te das cuenta que vale la pena seguir.

González: No me voy a recibir de convivir con el error porque esa situación te puede tomar en diferente momento, en uno muy bueno o en otro no tanto a nivel deportivo o familiar. Por esa razón, para mí cada error cae diferente. Con los años aprendí que la constancia es lo más importante, que en el error no se termina una carrera, ni dejás de ser árbitro. En esos momentos, cuando se te cae el mundo encima, pensás y te planteás qué pasará en el futuro. Obviamente sufrirás, pasarás muy mal, pero hay un mañana y ahí es muy importante la constancia, estar cero kilómetro para el próximo partido. En estos años traté de ver y seguir a los mejores árbitros del mundo, y la diferencia está en la fortaleza anímica y espiritual del árbitro. Te puedo decir que los mejores árbitros del mundo se equivocan, pero el plus que tienen los árbitros de elite es la fortaleza espiritual de decir: sigo adelante.

¿Cómo es el día después del peor partido?

González: Tenés que transitar con calma. Es fácil decirlo y difícil aplicarlo.

Empiezo la pregunto al revés: imaginemos el día después del mejor partido, cómo empieza la semana? Salís a la calle y…

González: Silencio (y se ríen los tres al mismo tiempo)

Cunha: A veces te sucede que hay ocasiones en que se te acerca gente y te felicita. Son pocos casos.

Ahora vamos al otro escenario, ¿el día después de un mal partido?

González: Te paran 100 y te lo recuerdan.

Cunha: O te preguntan: ‘¿No la viste, no?’. Y te agarrás cada bronca cuando te dicen eso, porque si la hubiese visto la hubiera cobrado. Porque el árbitro está recontra caliente cuando comete un error, con bronca, y no se puede dormir, porque estás con impotencia por el error que cometiste y lo ves en la televisión. Con el tiempo aprendés a salir cuanto antes de esos momentos, a no cargar con mochilas, a salir libre al próximo partido. Nos enseñan eso durante toda la carrera.

De Armas: En las categorías que arbitraba hasta el año pasado había pocos televisados. Uno se iba a con la sensación de un mal partido, pero no tenía dónde verlo. En esas categorías no se da mucha trascendencia al acierto o al error.

¿Cómo es el día a día de los jueces? ¿Es el mismo para un internacional o uno de primera?

Cunha: El entrenamiento es el mismo para todos. Después cada uno tiene su rutina individual. Cuando uno va subiendo categorías va tratando de invertir más en esto del arbitraje: nutricionista, profe, vitaminas. Lo paga cada uno de su bolsillo.

González: Entrenamos de martes a jueves en el Complejo de la AUF. Luego hacemos entrenamientos específicos e individualizados. Hay que sumar una buena alimentación, es fundametnal con el VAR invertir en idioma. Tiempo en mirar fútbol. Comenzó ayer la Libertadores y tenés que saber quiénes juegan y cómo juegan. Carabobo y Universitairo de Perú salieron 1-1. Capaz que no podés ver todos los partidos, pero tenés que conocer información, quiénes juegan en cada equipo, cómo juegan. Debemos informarnos permanentemente.

Cunha: Entre nosotros, en un grupo de Whatsapp, nos pasamos de manera interna jugadas y las analizamos, para cuando nos toque en la cancha.

¿Se comentan?

Cunha: Sí, también de partidos nuestros.

¿Cómo toman los comentarios sobre un error? ¿Lo recibís bien?

Cunha: Eso lo hacemos con los compañeros que tenemos confianza y lo tomamos bien. Una crítica constructiva, de ubicación y algún detalle que se me pueda escapar siempre es bienvenido.

¿Cómo es tu semana?

De Armas: Entreno en la AUF y trabajo, como la mayoría en Uruguay.

¿Aspirás a vivir del arbitraje?

De Armas: Es difícil vivir del arbitraje en Uruguay.

¿Se puede?

Cunha: Sería ideal que fuéramos profesionales porque estamos exigidos como tales porque arbitramos a jugadores de ese nivel. Por un lado se nos exige mucho, pero cuando hay que invertir sabemos las dificultades que hay. No es una crítica puntual, porque ves que el Ejecutivo está preocupado por dar más, pero no pueden. Nosotros tenemos que pagarnos nuestro gimnasio, nutricionista, vitaminas. Y no todos tienen la posibilidad de hacerlo, por eso sería importante la posibilidad de tener un grupo de árbitros profesionales en el fútbol uruguayo. Recuerdo que cuando ingresé para hacer el curso era obligatorio tener un trabajo. Actualmente no es obligatorio, y el arbitraje va hacia eso, hacia la profesionalización. ¿Si va a llegar a Uruguay? No sé, es difícil, pero ojalá que llegué. Igual que el VAR.

González: En términos generales los árbitros terminan relegando sus trabajos personales en pos del arbitraje. Los de juveniles necesitan mucha disponibilidad entre semana porque se juegan partidos en esos días. Los que somos internacionales viajamos. Tenés que hacer una reestructura laboral en base al arbitraje, y todos terminamos relegando nuestros trabajos porque el arbitraje es una etapa en la vida. ¿Si se puede vivir del arbitraje? Hay ligas avanzadas que no te dan otra opción. En Brasil, por ejemplo, arbitran dos veces por semana y viajan, por tanto no pueden tener otro trabajo.

Imagino un grupo reducido de árbitros profesionales. ¿Cómo lo visualizan ustedes?

González: No sé cómo, pero sí habría que generar un espacio para los árbitros de obligaciones, tener un horario fijo diario de entrenamiento, porque todo desemboca en mejor rendimiento.

Cunha: Hay un ejemplo muy cercano, el de Chile, en el que los árbitros son profesionales, tienen horarios, entrenan de lunes a viernes una parte física, inglés, trabajan con sicólogos. Tienen todas las mañanas ocupadas en diferentes tareas. Tienen un salario, viven de eso y tienen obligaciones de presentarse a entrenar.

¿Adentro de la cancha dejan hablar?

Cunha: Permito que hablen con respeto. También digo ya está, ya hablamos, porque no podés estar explicando todo lo que cobrás. En su justa medida es bueno explicar.

De Armas: Soy de los que le gusta hablar, porque a mí me gustaba hablarle al árbitro, pero todo tiene un límite.

¿Qué le dirían a los hinchas, a los jugadores, a entrenadores, sobre la función del árbitro para que puedan comprender más lo que es estar en la piel de ustedes?

Cunha: Que somos seres humanos, que somos los que más sufrimos cuando nos equivocamos, que no queremos errar, como nadie en su trabajo o profesión. Que cuando salimos a arbitrar lo hacemos con la intención de hacer todo bien en la cancha, que no se hable de nosotros, que el partido transcurra con los verdaderos protagonistas que son los jugadores, que ellos definan el juego y que nosotros hagamos justicia. Cuando hay un error, sufrimos, entendemos la bronca del hincha y del jugador, porque se siente perjudicado, pero jamás lo hacemos con mala intención y no erramos a propósito. Por eso pedimos un poco de comprensión, que no tenemos que ser la justificación de todos los malos resultados. Porque cuando nosotros vemos errores en la cancha, no salimos a declarar que mal actuó tal jugador o se equivocó el entrenador en tal planteamiento, porque no corresponde. También pedimos un poco de comprensión para nuestro trabajo. Entiendo que está bien que analicen entre ellos nuestra actuación, pero públicamente también podría enfocarse en los errores que tuvieron para entender por qué perdieron un partido.

González: Un jugador tira un centro a la tribuna, el hincha lo aplaude y le dice ‘vamos que la próxima sale’, porque el jugador necesita contención. Asumo que para el árbitro no existe esa instancia de que la próxima va a salir. No existe ni va a existir. Por eso pido siempre un poco de tolerancia de parte de actores en las expresiones posteriores a los partidos. Que cada uno sepa el rol que ocupa, porque lo que pueden decir tiene una caja de resonancia importante. Como personas públicas debemos ser muy cuidados en las formas. Si de arriba se desequilibran, no podemos pedir nada de ahí para abajo.

De Armas: Sería ideal humanizar la figura del árbitro. Un día hacíamos un trabajo práctico con jugadores de 14 años y Martín Vázquez les decía a los futbolistas: ‘Vieron muchachos, los árbitros son humanos, son igual que ustedes, también se equivocan’. Y los jugadores miraban con sorpresa lo que decía.

El anecdotario
Leodán aprendió a jugar al truco
"Cuando empezamos a viajar por los partidos de Copa no quería ser el que no sabía jugar al truco. Viajábamos de a cuatro, por eso aprendí para que no sucediera que dijera: '¡Nos tocó Leo y no podemos jugar al truco!' Reconozco que no soy bueno, y entienden que aprendí para dar una mano. (Leodán González)

Un visionario en Porto Alegre
"Partido Gremio-River en el Arena do Gremio, semifinal de la Libertadores. Éramos siete uruguayos ese día, cuatro en cancha y tres VAR. Mi primera vez allí. Salimos a recorrer el campo tres horas antes y digo en voz alta: ‘Esto desde el punto de vista arquitectónico a mi me da muy Bernabéu’. Me empezaron a gastar porque, obviamente, nunca había estado en el Bernabeu. Pero les dije: ‘Algún día estaremos’. El destino quiso que dos meses después estábamos allí. Había más chance de que cayera un asteroido en la tierra y se extinguiera la raza humana, que ir a dirigr la final de la Libertadores en el Bernabeu". (Leodán González)
¿De qué cuadro son hincha los jueces?
"Estábamos en el curso de árbitros, veníamos del fin de semana de clásico de Primera, que había ganado uno de los equipos. No hubo polémicas. Larrionda plantea: 'Levante la mano el equipo de quién ganó el fin de semana'. Entre todos nos miramos y nadie levantaba la mano. Jorge la levantó porque su equipo había ganado. Todos estábamos sorprendidos, nadie entendía nada, queríamos escuchar qué iba a decir en ese momento. ‘Muchachos, nuestro equipo ganó este fin de semana. Nuestro equipo es el arbitral’, y allí todos respiramos porque no entendíamos nada". (Matías De Armas)
La semifinal del Mundial de Cunha
"¿Cómo hacía para arbitrar a los monstruos en la semifinal del Mundial? Para mí era un equipo rojo y otro azul. No te detenés a pensar a quién le arbitrás. El árbitro debe ser un poco inconsciente, abstraerse del lugar que está, y hacer justicia". (Andrés Cunha)
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