9 de febrero de 2014 16:05 hs

Cine y gastronomía se dan la mano en París a través de diversas iniciativas que permiten disfrutar del séptimo arte con una oferta de restauración que deja atrás el clásico popo acaramelado.

Desde salas privadas en las que degustar un completo menú elaborado por un restaurante mientras se proyecta una película, hasta camiones que ofrecen delante del cine una amplia oferta de comida callejera de todo el mundo, las posibilidades se adaptan a todos los bolsillos.

“El cine es una experiencia colectiva, y la comida forma parte de ella”, explicó el director del grupo de salas MK2, Nathanael Karmitz.

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En la misma línea se expresó el fundador de Popcorn project, Alexandre Paquot, que organiza veladas en las que se proyecta un gran clásico del cine y, a continuación, se sirve una cena tipo cóctel animada por un DJ.

La idea surgió porque consideraba que muchos jóvenes como él no habían tenido la oportunidad de ver algunos de los filmes de culto en la gran pantalla.

Y, para atraer a más espectadores a una sala donde las películas clásicas son las protagonistas, decidió impulsar el concepto de “cine social”, en el que el público puede votar antes la cinta que quiere ver, las películas son presentadas por un experto, y la cena posterior permite comentar la proyección.

Hasta ahora, los menús han permitido dar una vuelta al mundo a través de la gastronomía: embutidos españoles, frankfurters, comida china, “crêpes” y “kebabs” han sido algunas de las propuestas ofrecidas. A estos platos hasta ahora exóticos para una sala de cine se le suman cócteles y tragos particulares para determinadas películas.

Los espectadores que acuden a estas sesiones son, principalmente, “jóvenes de entre 25 y 35 años, generalmente profesionales aunque hay algunos estudiantes, y con una mayoría de mujeres”, retrató Paquot.

Otra propuesta para disfrutar del maridaje entre cine y gastronomía son las salas del centro de arte contemporáneo Palacio de Tokio, gestionadas también por MK2, y que, equipadas con sofás de terciopelo rojo con reposapiés y bandejas para comer, se alquilan para organizar proyecciones privadas.

En estas sesiones, que acogen entre 20 y 60 espectadores, la oferta gastronómica se adapta a las necesidades de los clientes, aunque siempre enfocada a comida que se pueda tomar con los dedos.

El precio de la cena con película es de unos US$ 140 dólares por persona y para reservar la sala hay que llegar, como mínimo, a unos US$ 1.360 dólares.

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