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En plena pandemia, Bolsonaro choca con su ministro de la Salud

Luiz Henrique Mandetta se negó a firmar un decreto para emplear la hidroxicoloroquina para combatir el coronavirus. "No hay protocolos seguros", dijo el alto funcionario brasileño, según el diario Folha de San Pablo

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07 de abril de 2020 a las 14:55

Mientras avanzan los casos de contagio en Brasil (12.377 en la tarde de este martes) y las muertes (582), el presidente Jair Bolsonaro ahonda en su distanciamiento con Luiz Henrique Mandetta, su ministro de Salud, y colaborador político desde los tiempos en que juntos hacían frente común contra el gobierno de Dilma Rousseff.

Mandetta advirtió desde antes que el nuevo coronavirus llegara a Brasil —el 26 de febrero—  que el país debía preparase para meses "extremadamente duros", en una línea de actuación diferente a la exhibida por el mandatario que calificó a la enfermedad  de "gripecita, abogó por evitar la paralización económica y no tuvo reparos en acercarse a sus seguidores y tomarse fotos con ellos, como ocurrió al visitar un mercado popular en Brasilia.

El diario Folha de San Pablo cuenta este martes el enfrentamiento entre Bolsonaro y su ministro durante una reunión ministerial en el palacio de Planalto, en la capital brasileña.

Bolsonaro, según el diario, sostuvo que había hablado con expertos, y citó un par de estudios de Preventa Senior y del Hospital Albert Einstein, para el uso de la hidroxicloroquina en una etapa temprana de la enfermedad.

El ministro señaló que los estudios a los que hacía referencia el mandatario no habían sido publicados y todavía no había protocolos seguros para su uso.

Posteriormente, siempre según Folha, al ministro Mandetta le fue presentado el texto de un decreto para el uso del medicamento que él se negó a respaldar.

El decreto lo habrían redactado médicos que abogan por el empleo de la hidroxicloroquina, un medicamento ampliamente empleado contra la malaria.

La hidroxicloroquina es, precisamente, uno de los cuatro tratamientos terapéuticos que forman parte del ensayo clínico Discovery, puesto en marcha desde el 22 de marzo en Francia, que se replicará en otros países del continente y abarcará a más de 3.000 pacientes, en el desarrollo de una investigación para hacer frente al coronavirus.

Los investigadores instaron a la "prudencia" sobre el medicamento ante el desconocimiento de "sus efectos".

"Se extralimitó"

Mandetta, de 55 años, que inició su carrera como médico en el Hospital General del Ejército, mostraba hasta finales de marzo según la encuesta Datafolha un alto índice de aprobación en relación a la crisis sanitaria de hasta el 76%, duplicando la de Bolsonaro.

Con una oratoria paciente y didáctica y su voz segura, el ministro de Salud se fue ganando la confianza de los brasileños ante el avance del nuevo coronavirus y apuntando, en cada caso, que "yo solo trabajo con lo que es ciencia".

El martes de la semana pasada, según registra la AFP,  el ministro de Salud dio una rueda de prensa flanqueado por los dos ministros estrella del gabinete de Bolsonaro: Sergio Moro (Justicia) y Paulo Guedes (Economia), quien apoyó las medidas de distanciamiento social "bajo las orientaciones de Mandetta". 

"No pretendo destituirlo (a Mandetta) en medio de la guerra", dijo Bolsonaro días después a una radio. 

"Ninguno de mis ministros es indestituible. En algún momento, Mandetta se extralimitó. Tendría que escuchar más al presidente de la República, le está faltando un poco más de humildad", advirtió.

Mandetta fue dos veces diputado federal, entre 2010 y 2018, con la formación de centroderecha DEM (Demócratas) y en Brasilia conoció al actual presidente.

En 2019, se convirtió en uno de los pocos ministros con experiencia política en el gobierno de Bolsonaro, que prefirió rodearse de ministros con perfil puramente técnico o de militares.

"Mandetta fue un fiel escudero de Bolsonaro, de los pocos que creyó en sus posibilidades. Participó activamente en la campaña y en la elaboración del programa de gobierno", afirma el politólogo Thiago Vidal, de la consultora Prospectiva.

"El problema es que, ahora, el discurso técnico del ministro está bastante en conflicto con el discurso político de Bolsonaro (...) Y a Bolsonaro no le gusta la competencia", sobre todo con personalidades "política y técnicamente más cualificadas", agrega.

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