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En su peor momento económico, Macri es optimista sobre su victoria electoral 

El fantasma del kirchnerismo hace que el equipo del presidente argentino crea que es posible obtener la reelección en primera vuelta 

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17 de enero de 2019 a las 05:04

El contraste más llamativo que muestra el recientemente iniciado 2019 es el que opone la crudeza de la recesión con el optimismo del gobierno de cara a las elecciones presidenciales de octubre.

Día tras día, los indicadores y malas noticias que llegan desde el ámbito económico son abrumadores. Si bien es cierto que el frente cambiario luce estabilizado, también es notorio que la inflación está bajando a una velocidad menor a la esperada, mientras el crédito se desplomó por la política de “apretón” monetario –las tasas de interés siguen en torno de 58%-.

Los indicadores de venta siguen bajando. Por caso, el pronóstico de venta de automóviles cero kilómetro marca una caía de entre 15 y 20 por ciento para este año, y lo peor es que la comparación es contra un 2018 que ya había registrado una caída.

En la construcción, la venta de materiales está registrando caídas de hasta 20 por ciento respecto de los números de hace un año.

Ni siquiera los sectores que se suponía beneficiados por la fuerte devaluación están contentos. El turismo interno mantiene un 20 por ciento de vacancia de plazas hoteleras, dado que si bien es cierto que ganó competitividad contra el turismo fuera de fronteras, por otro lado perdió público por la inflación.

Hasta los organismos internacionales que vienen sosteniendo el equilibrio financiero argentino han corregido a la baja sus proyecciones. El Banco Mundial cree que la economía caería un 1,7 por ciento en 2019 –es decir, un número que triplica por lo malo al pronóstico que hace el gobierno de Mauricio Macri-.

En ese contexto, la inversión empresarial está en niveles mínimos, y ni siquiera el campo, que es la gran esperanza para la recuperación, termina de despejar sus dudas. Los pronósticos son de una mejora en la producción, pero eso está supeditado a que el clima acompañe, y en los últimos días hubo señales de alarma sobre un posible exceso de lluvias.

Cristina, el principal argumento  

No luce, a primera vista, como el escenario ideal para un presidente que quiere ser reelecto. Más bien al contrario, para cualquier observador externo parecería prudente que el mandatario diera un paso al costado y le dejara la chance a algún dirigente con imagen menos deteriorada ante la opinión pública.

Alguien, por ejemplo, como la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que sigue siendo la figura más popular del gobierno y en quien muchos dirigentes de la coalición Cambiemos tienen depositadas las esperanzas para continuar en el poder.

Pero Macri no sólo no quiere dar un paso al costado, sino que está convencido de que ganará con holgura las elecciones, posiblemente sin necesitar de un desempate en el balotaje.

Ni siquiera lo deprime el saber que cuando se publiquen los indicadores de pobreza –en marzo y septiembre- volverán a marcar una desmejora y que sus opositores le recordarán cómo él mismo había dicho que ese era el parámetro con el que quería que fuera juzgada su gestión.

¿Cómo se explica el optimismo en semejante situación? En parte por el panorama en la oposición peronista. Como dicen todos los encuestadores, lo que mantiene vivo al macrismo es el fantasma del regreso del kirchnerismo.

Los votantes de Macri son, antes que nada, opositores a Cristina Kirchner, y parecen dispuestos a perdonar cualquier error de política económica antes que arriesgar un regreso de la era kirchnerista.

Para el encuestador Hugo Haime, esa situación llega al extremo de que solamente la candidatura de Cristina es lo que le puede dar chances a Macri. "Si Cristina no se presenta, la carrera presidencial de Macri se termina", dijo.

Reconciliación con la clase media  

Pero, en el fondo, el optimismo macrista tiene otras bases. Macri cree que, aunque parezca paradójico, la crisis que le tocó atravesar en el 2018 es lo que lo hará ganar.

Su sensación de que, en su peor año, se probó a sí mismo y ante el país que puede ser un líder en momentos difíciles, un piloto de tormentas.

En su fuero íntimo, Macri siente que, ante la adversidad, fue cuando demostró que tiene pasta de estadista.

"No venimos con corralitos, confiscaciones, cepos; mantuvimos el rumbo y la convicción de este camino, siendo parte del mundo, trabajando en equipo, diciendo la verdad, apostando a la transparencia. Cada uno hace su tarea, no más bolsos, no más cosas raras. Queremos ser parte todos orgullosos de una Argentina que progresa", dijo ante un auditorio de empresarios exportadores.

Y las encuestas parecen abonar ese optimismo, al registrar una leve mejora en las últimas semanas.

Por caso, la encuestadora Poliarquía marcó sobre fin de año que el índice de aprobación a la gestión presidencial volvió a un nivel de 39%, luego de haber tocado un piso del 32% en el peor momento de la crisis económica y financiera, cuando el dólar todavía estaba desbocado.

El Presidente sigue lejos de su récord de 48% de aprobación, alcanzado a fines del 2017, luego de haber ganado la elección legislativa, pero los analistas señalan que el cambio de tendencia luce sólido.

“Se trata de la variación positiva intermensual más importante de la administración Macri", dijo Alejandro Catterberg, director de Poliarquía.

El experto atribuye la mejora a una combinación de factores positivos: la estabilidad del dólar, una desaceleración de la inflación, el anuncio del pago del bono salarial, cierta sensación de tranquilidad en las calles, el anuncio del nuevo protocolo de seguridad de las fuerzas policiales y hasta un impacto positivo de la cumbre del G20 en Buenos Aires.

La suba puede parecer menor, pero esconde un dato fundamental: es la reconciliación del macrismo con su base de sostén político. Hay un núcleo de votantes que estaba desilusionado y que, tras algunos eventos de fin de año, está empezando a volver a manifestar su apoyo.

Y, más allá de las encuestas, hay otro dato fundamental: la compra de dólares –el tradicional termómetro de la desconfianza social- que había llegado a un récord de 3.000 millones por mes, cayó por debajo de los 400 millones.

 

El antecedente de victorias en la crisis
Los antecedentes históricos argentinos muestran que el optimismo de Macri puede tener cierto fundamento. En realidad, no es cierto que sólo con una economía en crecimiento se puede ganar una elección siendo oficialista.
En 1995, en pleno impacto recesivo del “efecto Tequila”, y con un desempleo del 18%, Carlos Menem logró una reelección en primera vuelta.
Estaba todavía fresco el trauma de la hiperinflación, y al darle por segunda vez su voto, la sociedad argentina confirmó que, aunque estaba sufriendo por la crisis económica, quería mantener la convertibilidad y la agenda de reformas.
En el otro extremo ideológico, algo similar le ocurrió a Cristina Kirchner. Su apabullante reelección por 54% en 2011 había empezado, en realidad, durante la dura recesión de 2009.
En ese momento el trauma social ya no era la inflación sino el temor al desempleo que había campeado con la crisis del 2001. Cristina tomó medidas preventivas, desde desde rechazar el pedido sindical por una mejora salarial hasta utilizar el dinero recientemente estatizado de los fondos de pensión para fondear proyectos industriales en el sector privado.
Tanto ella como Menem obtuvieron su reelección al no permitir que las críticas los hicieran cambiar de agenda. En el caso de Menem, ello implicaba mantener la consigna de la apertura y la “modernización”; en el de Cristina, la apuesta al consumo y a la conducción económica desde el Estado.
Macri está haciendo una lectura similar sobre el momento político. Y no por casualidad, su mayor satisfacción es que percibe un consenso social para la realización del duro ajuste fiscal.
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