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15 de octubre 2023 - 5:00hs

Treinta millones de polacos, además de unos 600.000 ciudadanos residentes que han solicitado votar por correo, lo que supone la cifra más alta desde los primeros comicios democráticos en 1989, concurrirán hoy a las urnas en elecciones parlamentarias que renovarán las 460 bancas del Sejm, la Cámara Baja del Parlamento.

Lo harán luego de una larga y amarga campaña electoral caracterizada por fuertes cruces entre los diversos espacios políticos y una sociedad profundamente polarizada por temas como la inmigración, los derechos de las minorías y la guerra entre Rusia y Ucrania; comicios que según los analistas tendrán un importante impacto en la seguridad y la geopolítica de toda la región, cuando las encuestas señalan un 45% de indecisos.

Los resultados oficiales se podrían dar a conocer "antes del mediodía del martes, como muy tarde", afirmó el presidente de la Comisión Electoral, Sylwester Marciniak. Por lo pronto, los últimos sondeos sugieren que cinco espacios políticos tienen buenas posibilidades de cruzar el umbral para ingresar al Parlamento, pautado en el 5% para los partidos y en el 8% para las coaliciones electorales.

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Según las proyecciones, la coalición nacionalista y conservadora Derecha Unida (ZP), dominada por Ley y Justicia (PiS) que lidera el actual primer ministro Jaroslaw Kaczynski, obtendría el 35% de los votos, lo que le permitiría a Kaczynski en alianza con otros sectores acceder a un histórico tercer mandato impulsado por los generosos beneficios sociales para familias y jubilados.

Su gobierno es duramente cuestionado por las controvertidas reformas del sistema electoral, los tribunales y los medios de comunicación. Los críticos también lo acusan de provocar un retroceso democrático y un enfrentamiento con la Unión Europea (UE), que derivó en la congelación de US$ 105.000 millones de fondos comunitarios para infraestructura. Además, señalan al oficialismo por no respetar los derechos de los refugiados e inmigrantes, de la comunidad LGBT y de las mujeres.

El principal escollo para las aspiraciones de Kaczynski es la centrista Coalición Cívica (KO), encabezada por Donald Tusk, ex primer ministro y presidente del Consejo Europeo (CE). Una alianza construida salvando obstáculos a medida que se acercaba la votación y que, según sus integrantes, tiene como finalidad salvar a Polonia del autoritarismo y la destrucción de la democracia por parte del PiS, coalición a la que las encuestas le asignan un 30% de intención de voto.

Más rezagados en el plano electoral quedarían la coalición liberal-conservadora Tercera Vía, la coalición de izquierdas Lewica y la Confederación de extrema derecha, que compiten por el tercer lugar con alrededor del 10% de las preferencias cada una, espacios que podrían desempeñar un papel clave en la formación del próximo gobierno.

El PiS ha subrayado que ofrece estabilidad y ha señalado a lo largo de la campaña que ha dirigido al país través de la pandemia, la guerra entre Ucrania y Rusia y la crisis del costo de vida mejor que muchos de los gobierno vecinos.

Sus críticos enfatizan que justo antes de las elecciones, el gobierno decidió un nuevo aumento de las jubilaciones y de los subsidios sociales, buscando así apuntalar el apoyo entre su electorado, constituido principalmente por las personas de mayor edad y la población rural. El PiS, en tanto, argumenta que de perder las elecciones, la oposición eliminará o reducirá los beneficios y aumentará la edad de jubilación.

Según los analistas locales, un amplio sector de la sociedad se ha vuelto dependiente del apoyo estatal, lo que torna la narrativa oficial muy efectiva. Algunos, incluso, hablan de “un soborno electoral masivo". Tusk, por su parte, ha prometido mejorar las relaciones con Bruselas, además de aumentar los ingresos y la inversión en educación y salud; al tiempo que ha dicho en reiteradas ocasiones que se trata de una  votación crucial para los derechos de las minorías y las mujeres.

En ese contexto de profunda polarización, los mensajes positivos han sido escasos y los esfuerzos del PiS y KO se han centrado no tanto en ganar nuevos votantes, sino en movilizar a sus seguidores y desmovilizar a los de su rival.

El PiS busca presentar a la oposición como una amenaza para Polonia y sus tradiciones, y a Tusk como un agente de Alemania y la UE que venderá la soberanía del país y utilizará los derechos LGBT y de las mujeres para destruir a las familias polacas. La retórica de Kaczynski machaca en que Tusk inundará Polonia con inmigrantes, lo que ha llevado a las principales figuras del PiS a un fuerte discurso antiinmigrante.

Buscando explotar la polarización que el PiS ha instalado, Tusk ha prometido en manifestaciones masivas antigubernamentales que no permitirá que el oficialismo aumente el aislamiento de Polonia de sus socios occidentales y que encarcelará a sus líderes “por violar la ley y la constitución”. Además, acusa el partido gobernante de utilizar el aparato estatal polaco para inclinar la balanza electoral.

En ese marco, el PiS ha organizado un referéndum sobre migración y otros temas que se celebrará junto con las elecciones. Una estrategia que busca movilizar a su base de sustentación y provocar el enojo contra la oposición. Consulta que le ha permitido a Kaczynski utilizar fondos de las grandes empresas estatales, que están fuera de los límites de la campaña electoral oficial. Situación a la que se suman numerosos ajustes al sistema electoral, sobre los cuales el Parlamento Europeo (PE) ha expresado "profunda preocupación".

Los análisis prelectorales sugieren que ni el PiS ni el KO obtendrán suficientes votos para formar un gobierno por sí solos, por lo que las posibilidades de la oposición de derrocar al PiS dependerían de que Tercera Vía y Lewica lleguen al Sejm y aceptan formar parte de una coalición pese a las diferencias políticas que mantienen entre sí. En caso contrario, los observadores auguran un gobierno minoritario y frágil, o incluso nuevas elecciones en noviembre.

Por su parte, la mayor parte de los socios europeos de Polonia temen que si Kaczynski sigue en el poder redoble su “reforma” de las instituciones democráticas, lo que llevaría a cambios todavía más profundos en los sistemas judicial y electoral, tensando aún más las relaciones de Varsovia con Bruselas y ampliando así el poder del nacionalismo populista en el centro de Europa, tras la victoria de Robert Fico en las elecciones de Eslovaquia y la sólida posición interna que exhibe el primer ministro húngaro Viktor Orban.

(Con información de agencias)

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