El limón de Venancio Ramos, la tierrita de Sacía, la mano de Dios. El fútbol y el deporte todo tienen un enorme repertorio de hechos donde la épica de la hazaña se escribe con fórmulas éticamente reprochables. El triunfo del boxeador Floyd Mayweather el sábado ante Víctor Ortiz, reanimó así la tensa pulsión existente entre el fair play (juego limpio) y los medios utilizados para ganar.
En las Eliminatorias para México 1986, en el Centenario, se produjo otro hecho insólito. Chile tenía un formidable pateador: Jorge Aravena. Uruguay ganaba 2-1 pero si los trasandinos empataban se clasificaban a México. Tiro libre cerca del área. Patea Aravena y un escalofrío se pasea por todo el Centenario. Entonces, Venancio Ramos agarra un limón y en el momento en el que el 10 chileno iba a impactar la pelota le lanza el limonazo de la clasificación. No pasó nada con el tiro libre. Venancio se convirtió en ídolo nacional.
¿Qué es el Fair Play?
El primer mandamiento del Fair Play, según la FIFA, se denomina “juega limpio” donde dice que “la victoria pierde su valor si no se conquista de forma honesta y justa. Engañar es fácil, pero no aporta nada. Para jugar limpio se necesita coraje y carácter. El juego limpio tiene su recompensa, incluso si se pierde el partido. Quien juega lealmente gana el respeto de los demás, quien engaña, solo el desprecio”.
Renace el Fair Play
Todo cambió en ese 1986. En los cuartos de final del Mundial de México, Diego Maradona –el hijo bastardo de la FIFA– anotó un gol con la mano. Justo a los ingleses. Desde entonces, la FIFA acuñó el mágico concepto de Fair Play rescatando las olvidadas enseñanzas del barón de Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos de la modernidad en 1896.
Con esta nueva prédica de valores, el principio maquiavélico de que el fin justifica los medios cedió espacio en cada competencia deportiva. Así comenzaron a verse gestos memorables como errar un penal mal cobrado en el fútbol o no atacar cuando se producen accidentes en una carrera de ciclismo. Pero para Mayweather impera la máxima estadounidense de “ganar no es todo, es lo único”. El símil de nuestra viveza criolla.