No siento los pies… los tengo congelados”. La pelota pica, no rueda. De pronto se mete en un charco y uno de los botijas que fue por ella sale embarrado. El frío pega duro, penetra la piel. Son las 10.20 de la mañana de un lunes de invierno.
Entrenando en el barro, con el sueño de ser Suárez
Basta comprobar las condiciones y el lugar donde entrenan los juveniles de Progreso para verificar el milagro del fútbol uruguayo