8 de agosto 2020 - 5:01hs

Una triple quimera.

Cabildo Abierto quiere derogar la ley que derogó la Ley de Caducidad.

El Frente Amplio, o mejor dicho muchos de sus dirigentes, quiere derogar (“invisibilizar”) a Cabildo Abierto.

Los partidos Nacional y Colorado quieren que Cabildo no haga tanto ruido político, ni genere dudas sobre la fortaleza de la coalición oficialista.

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Tres ilusiones de improbable concreción: todo seguirá tal cual.

La iniciativa legislativa de Cabildo para intentar un punto final a los juicios a militares por crímenes de la dictadura desnudó una reacción de intolerancia ciudadana: hay dirigentes políticos que transmiten condena más que al contenido, al planteo mismo, como si un partido no tuviera derecho a expresar sus intenciones y plasmarlas en un texto.

El líder del sector, Manini Ríos, tiene responsabilidad en esas reacciones, porque al impulsar la iniciativa generalizó agravios a fiscales y jueces, así como a otros que no identificó pero que acusa de arrodillarse ante organismos externos, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Eso irrita.

Pero la reacción de ira se ha dado independiente de sus dichos, y ha emergido como exasperación por el impulso al proyecto, que será rebuscado en lo jurídico y sin chance de llegar al plenario del Senado, pero es la iniciativa de un partido que representa a muchos uruguayos (más de 11%).

Uruguay vive cierto acostumbramiento a una especie de “mandato de lo políticamente correcto” que se genera con “jueces políticos-morales” que se arrogan una facultad de fijar lo que se puede hacer y decir, y lo que “no hay derecho” a expresar ni a realizar.

“No pueden presentar eso”; “a ver si les avisan que eso no se puede hacer”, son algunos comentarios que circulan estos días luego de conocerse el texto firmado por 3 senadores.

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La polvareda que levantó el intento de poner “punto final” a los juicios a militares retirados por crímenes de los ´70, no tiene proporción con la chance de que eso se convierta en ley.

Hay una especie de demanda de “borren a Cabildo”.

Alguien puede desear que no haya personas o grupos que piensen de tal manera, pero si existen, ¿por qué pretender callar su voz y hacer de cuenta como si no existiera?

Este partido es una parte de la sociedad uruguaya, que no es nueva, aunque otros quieran “invisibilizarle” o “excluirle”. Los dirigentes de este partido y sus votantes ya estaban en el padrón electoral, ya eran parte de otros lemas; no surgieron de la nada.

Manini Ríos construyó en poco tiempo un movimiento político y enfrenta el desafío de convertirlo en un partido, más allá de una elección. En un sistema con recambio de liderazgos, el ex Jefe del Ejército arrancó con fuerza tras la votación de octubre, en el top-3 de la votación por listas al Senado:

1º Lacalle Pou con 454.321 votos

2º Mujica con 283.689 votos

3º Manini Ríos con 268.736 votos

4º Andrade con 154.407 votos

5º Larrañaga con 141.484 votos

6º Talvi con 141.159 votos

7º Sanguinetti con 118.019 votos

Luego siguen: Sartori con 97.374, Bergara con 88.379, Rubio con 84.408, Astori con 74.998 y Olesker 71.416.

En los hechos, los líderes más fuertes son: Lacalle Pou, Sanguinetti y Manini por el oficialismo, Mujica y Andrade por la oposición, lo que marca la relevancia del fundador de Cabildo.

No es para menospreciar. La democracia implica respetar el mandato de las urnas.

***

La otra confusión es sobre la evaluación ciudadana que hay de los años de irrupción guerrillera, dictadura y terrorismo de Estado: algunos pretenden configurar una visión única, en la que no se admiten matices y mucho menos diferencias. Y eso parte de creerse una triple versión falsa y de pensar que todos piensan lo mismo:

a) que ante el golpe del ´73 hubo un gran rechazo popular;

b) que la dictadura debió enfrentar resistencia generalizada;

c) que la dictadura cayó derrotada por la fuerza de la movilización popular y que pese a tener a los mandos prontos para castigar, los partidos le dieron impunidad porque sí.

Veamos cada caso.

Primero: el golpe contó en primera instancia con buen visto de varios sectores políticos “confundidos”, y luego hubo manifestaciones acotadas, pero a nivel masivo hubo  cierta indiferencia (la “huelga de la CNT” está muy exagerada en los relatos militantes).

Segundo: con censura de prensa, proscripciones y persecusiones políticas, la dictadura impidió acciones opositoras hasta 1983 (con excepciones contadas en 1980 y 1982). Hubo acciones de resistencia en el exterior, pero en el país todo eso fue acotado.

Y el gobierno de facto tenía cierto nivel de apoyo, al menos hasta la crisis del ´82.

En el plebiscito de 1980, el “No” a la reforma impulsada por las FF.AA. obtuvo 945.176 votos (57,2% del total), mientras que los que apoyaron la iniciativa castrense fueron 707.118 ciudadanos (42,8% de los que fueron a las urnas). Además, hubo 37.130 que votaron en blanco o anulado.

Tercero: la vuelta a la democracia se dio en contexto regional de cambios, con pujante acción política de líderes opositores y gremios, y un reclamo fuerte de libertad y democracia, pero por negociación complicada. Las FFAA no estaban debilitadas como en Argentina (tras la guerra de Malvinas).

A partir de 1985, primaba el deseo de afirmar lo conquistado y no arriesgar con ruptura institucional, por lo que la amnistía y “la caducidad” fueron vistas por la mayoría como necesarias.

La “Ley de Caducidad” fue recurrida por la izquierda y otros sectores políticos y gremiales, y sometida a referéndum en abril de 1989. Por “mantener” la ley (amarilla) votaron 1.082.454 ciudadanos (56,3%) y por “derogar” (verde) 799.109 (41,6%). Además, hubo 41.448 en blanco o anulados (2,2%)

Diez años después, tras el primer gobierno del Frente, en pleno crecimiento económico y enorme popularidad de tres de sus líderes (Tabaré, Pepe y Danilo), la izquierda no tuvo votos para derribar aquella ley de especie de amnistía a militares.

En el plebiscito de 2009, la papeleta “Rosada” por el “Sí” tuvo 1.105.768 votos (48% de votantes).

Se podrá decir que no llegó, pero que tuvo un apoyo enorme. Claro que sí; tan grande como los plebiscitos con propuestas “de derecha” de cinco y diez años después.

En 2014, en “Si” a la baja de edad de Imputabilidad penal, tuvo 1.110.283 votos (46,8%).

En 2019 la enmienda por pena perpetua, guardia militar y estricto cumplimiento de penas, fue apoyada por 1.139.433 uruguayos (otra vez 46,8%).

Guste o no al Frente y a otros, en Uruguay hay expresiones populares de derecha, e independiente del perfil ideológico hay visiones contrapuestas sobre la “historia reciente”; no una imagen única.

***

Cabildo Abierto es un nuevo partido, legitimado en las urnas: está ahí, no lo pueden “proscribir”; se puede discrepar, e incluso asombrar con algunas de sus iniciativas (como la de “punto final” judicial o la de prohibir una actividad económica específica), pero eso de querer “borrarlo”, refleja intolerancia.

Sobre el triste pasado, falta procesar un sinceramiento de lo realmente ocurrido.

Sobre el presente, volvemos al inicio: frustraciones para todos.

- Manini, no tiene apoyo político ni solución jurídica para el “punto final” a juicios de militares.

- El Frente, deberá aceptar a Cabildo, como un partido más, que refleja una franja del electorado.

- El oficialismo, deberá convivir con un socio que le incomoda, pero le demuestra lealtad política.

Y mientras tanto, la mayoría de los uruguayos se preocupa por el coronavirus, la economía, la falta de empleo y de ingresos, y la delincuencia.

Mucho ruido; pocas nueces. 

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