Espectáculos y Cultura > Placeres culposos

Pequeñas vergüenzas musicales que nos encantan

La llegada de Ed Sheeran a Uruguay es la excusa perfecta para ventilar los placeres culposos que escondemos con celo 

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29 de octubre de 2018 a las 05:03

Los dedos entumecidos por la rutina se entreveran en el teclado. Los sonidos de la redacción pasan a un segundo plano, ahogados por un par de auriculares que funcionan como barreras contra el mundo. En ellos, bandas indies que cantan hits más o menos conocidos se repiten al ritmo de una lista de Spotify que promete un “descubrimiento semanal”, pero que suena igual que todos los días. Por ahí aparece algún tema que capta más la atención, el vozarrón de Matt Berninger de The National o la paz musical de Sufjan Stevens. Todo pasa a formar parte de una melodía ininterrumpida, que ablanda las ideas y arroja un poco más de luz a la todavía distante hora de cierre. Pero en el medio todo se rompe abruptamente y el tecleo sin fin se corta. 

Una tonada anacrónica, de los 2000, que no tiene nada que hacer en esa lista, en esos oídos desacostumbrados y desinteresadamente pretenciosos, irrumpe y elimina todo lo demás. El pop prefabricado destruye la trama musical creada y como una droga inunda los sentidos con una inyección de placer. Britney Spears canta su hit más adolescente, el que la catapultó como la princesa del pop y yo, sentado frente a la pantalla, desesperado por minimizar la ventana de Spotify a niveles microscópicos, siento como las endorfinas se multiplican y se dispersan sin freno. Quiero cantar I must confess I still belive. También bailar. Pero no, disfruto en silencio, bajando el volumen de los parlantes para que la música no llegue a radares ajenos y provoque una reacción no buscada. Para que no aparezcan esas miradas divertidas que elevan el calor corporal y hacen que las explicaciones se amontonen en la boca.

No tengo claro si Baby one more time es mi mayor placer culposo o no. Sí es el más viejo. Pero hay varios más. Se podría citar, por ejemplo, Sign of the times, de Harry Styles; alguno del mexicano Marco Antonio Solís –Invéntame es un temazo– o algún éxito del fluctuante reggaetón, como Vaina loca de Ozuna y otro más que no recuerdo. 

Pero sobre todos ellos pende una figura que los domina y que, más que generar un par de canciones que actúan como disparadores de culpabilidad, tiene una discografía entera de composiciones que trato de invisibilizar, y que en cada nueva escucha terminan satisfaciendo recovecos escondidos de mis eclécticos gustos musicales. Sí, se trata de Ed Sheeran, el músico británico que ha dedicado su carrera a agregarle la mayor cantidad de azúcar posible a sus canciones. 

Tal y como lo adivinó en cuanto el nombre del colorado surgió en esta conversación, el artículo que ahora lee está motivado por su llegada a Uruguay en 2019. Después de varios amagues, Sheeran colmará las tribunas del Centenario con su edulcorado repertorio y todo apunta a que será una noche sold out. La nota, en resumen, aparece tras una frase que ni confirmo ni desmiento haber pronunciado, pero que se escuchó en los alrededores de la sección de Tendencias en cuanto la noticia se confirmó: “No pagaría para ir, pero si me regalan la entrada voy y canto todas las canciones”.

¿Qué esconde esa afirmación? En primer lugar, un problema de amarretismo importante. Pero debajo de ese velo económico hay más. Está, por ejemplo, la aceptación de que Ed Sheeran es un tipo que hace canciones pegadizas, que hacen sentir bien a sus fans y a los que no, también. ¿Por qué, sino, Castle on the hill produce ciertas cuotas de emoción y nostalgia? ¿Por qué Shape of you invita de manera seductora al baile? ¿Cómo hace Perfect para traspasar los límites de la cursilería y transformarse en un tema digno de coros a capela? Es extraño cómo funcionan los placeres culposos y no existen demasiadas pistas en la psicología que resuelvan sus misterios, pero ahí están. Todos tenemos uno. O varios.

En un artículo de la BBC, por ejemplo, se abordan este tipo de sentimientos de forma general y se establece que, de alguna manera, la culpa que sentimos a la hora de poner en práctica estos hábitos –escuchar Photograph a todo volumen o ver una y otra vez Nothing Hill, por ejemplo– termina por arrojarnos con más fuerza contra esos “vicios”. Es irónico, pero tiene cierto grado de lógica. La tentación aumenta mientras mayor es la vergüenza que sentimos.

Es por ese mismo concepto que los placeres culposos fluctúan dependiendo la persona. Buscando en Spotify alguna lista que los reúna para este artículo, aparece una que tiene más de 50 canciones y, entre ellas está África de Toto. Con todo el respeto del mundo por quien armó dicha lista, sería interesante saber a qué persona le puede dar vergüenza escuchar uno de los mejores temas de la historia universal, si no el mejor. Pero el caso de todas formas sirve para analizar la cuestión: una canción que para una persona puede ser motivo de escuchas clandestinas, para otros puede significar una bandera que enarbolar frente a quienes marcan qué escuchar y qué no. 

Por eso, categorizar qué es un placer culposo y qué no termina siendo una empresa imposible por sus particularidades. Basta con leer la lista anexada a esta nota, en la que periodistas de El Observador de todas las edades y secciones abren su corazón al público y desempolvan sus vergüenzas musicales. Hay diferentes ritmos, bandas, lenguajes, hay diversidad de opciones y está bien que así sea, porque de eso también se trata la música. Los placeres culposos deben existir, deben ser reivindicados. En esa vergüenza también se mezcla el placer, y por lo tanto, el disfrute. Porque ahora, mientras tecleo las últimas palabras de esto que ya se fue para largo, suena en mis auriculares una versión de Baby one more time a cargo de Sheeran. Y, al mismo tiempo que minimizo con vergüenza la pestaña de Spotify, pienso que nada puede ser mejor que esto. No ahora.

Placeres culposos periodísticos

María Orfila

Edad: 35
Canción: Ahora te puedes marchar
Artista: Luis Miguel

Felipe Llambías

Edad: 33 
Canción: Baby one more time
Artista: Britney Spears

Stephanie Galliazzi

Edad: 23
Canción: Hasta el día de hoy
Artista: Bandana

Merlina Machado

Edad: 24
Canción: No me enseñaste
Artista: Thalía

Paula Scorza

Edad: 42
Canción: Tómame o déjame
Artista: Mocedades

Mariana Castiñeiras

Edad: 26
Canción: Galway girl
Artista: Ed Sheeran

Gonzalo Charquero

Edad: 28
Canción: Obsesionario en La mayor
Artista: Tan biónica

Carina Novarese

Edad: 47
Canción: Corazón Partío
Artista: Alejandro Sanz

Martín Tocar

Edad: 24
Canción: Wannabe
Artista: Spice Girls

Pía Supervielle

Edad: 36
Canción: Tu cárcel
Artista: Marco Antonio Solís

Marcelo Decaux

Edad: 54
Canción: Nunca voy a olvidarte
Artista: Cristian Castro

 

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