5 de junio de 2015 17:44 hs

Seguramente muchos le dirán que se calle, que no opine de estos temas, que se remita a temas religiosos pero el papa Francisco no tiene empacho en llamar al pan, pan y al vino, vino. No se anda con eufemismos. No busca quedar bien ni acomodarse a lo políticamente correcto.

En la audiencia general del miércoles 29 de abril, el papa Francisco sentenció claramente que es un "escándalo" que los hombres ganen más que las mujeres. Ante unas 20 mil personas en la plaza de San Pedro, el Pontífice fue tajante: "Como cristianos debemos sostener con decisión el derecho a igual retribución por igual trabajo de hombres y mujeres. ¿Por qué se da por descontado que las mujeres tienen que ganar menos que los hombres? ¡No!, continuó Francisco. "¡La disparidad es un escándalo!"

La afirmación de Francisco, que debe haber sorprendido a muchos que se encuentran confortablemente situados en un mundo machista, se dio en el marco de su catequesis sobre la familia, el rol de la mujer en la familia y el rol de la mujer en la sociedad. Hasta ahora han sido pocas las voces que reclaman como de justicia que las mujeres reciban igual retribución que los hombres por realizar la misma tarea. En general, los estudios realizados sitúan el salario o retribución de la mujer alrededor de 20% menos que el del hombre por realizar una misma tarea. Y ello, como bien dice Francisco, es un "escándalo". No hay razón que lo justifique salvo un machismo que ya debería estar más que perimido pero que se niega a morir.

No es la primera vez ni será la última que el papa Francisco sale en defensa de las mujeres, de su tarea profesional y de su tarea laboral. De su invalorable aporte a la familia y a la sociedad, del que poco se habla. De hecho, ni siquiera se toma en cuenta el trabajo de la mujer en su hogar para confeccionar las estadísticas del Producto Interno Bruto. Si hubiera que sustituirlo, bien que se notaría en términos del PIB.

El papa defiende a todas las mujeres y reclama para ellas el respeto que merecen, en el ámbito familiar, laboral y social

Pero aquí el papa Francisco no está preocupado por el PIB, o por cómo se calcula, ni pretende entrar en esas polémicas, sino por la dignidad de la mujer, por resaltar la "igualdad radical de los cónyuges" por asestar un golpe más a la sociedad machista, por defender el valor y el aporte del hombre y la mujer en la conformación de la familia.

Son palabras que no deberían caer en saco roto. Son dichas primariamente para cristianos pero también para no cristianos. El papa defiende a todas las mujeres y reclama para ellas el respeto que merecen, en el ámbito familiar, laboral y social. En momentos en que en muchas partes del mundo sigue predominando un machismo trasnochado o una concepción de la mujer relegada en la vida laboral y social, el papa Francisco dice que NO. Dice que es un escándalo. Y vaya si lo es. Porque es algo que no tiene justificación alguna.

Son valientes las palabras de Francisco. No caen bien en el Occidente machista, que mide el valor del trabajo por la fuerza material, ni en el Oriente que relega a la mujer a una vida de segunda o tercera categoría. Lo estamos viendo en vivo y en directo como fruto del fanatismo religioso que quiere hacer retroceder la rueda de la historia a épocas anteriores a la Edad Media. Y a eso, tenemos que decir que no. Que hombre y mujer tienen una igualdad fundamental de derechos y obviamente distintas funciones. Pero que de ninguna manera se puede justificar esa desigualdad salarial, esa indefensión ante casos de violencia doméstica.

Es verdad que se ha avanzado mucho, pero, como decía Winston Churchill al final de la guerra, "so much done, so much to do". Mucho se ha hecho, mucho queda por hacer.

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