Nacional > La salud del expresidente

Espera en Buschental: tejanos y frenteamplistas llegaron a apoyar a Tabaré Vázquez

El expresidente sufrió una recaída y se encuentra en su domicilio junto a su familia en estado delicado, muchos simpatizantes se acercaron como muestra de afecto

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29 de noviembre de 2020 a las 05:02

En la esquina de Buschental y Lucas Obes reina una aparente calma, interrumpida únicamente por algún auto que pasa y reduce la velocidad para quedarse con la foto de la casa del exmandatario. El conductor antes de seguir deja un grito en el aire, como una estela: “¡Vamos Tabaré!”.

La casa del Prado tiene un aire señorial, las puertas y ventanas verde inglés están cerradas y algún distraído puede pensar que allí no pasa nada. Ahí adentro está abroquelada la preocupación y la compañía de una familia. El expresidente Tabaré Vázquez se encuentra afrontando un momento delicado de salud. Familiares y allegados entran y salen con discreción. Su hijo mayor, Álvaro, se acerca a la prensa e informa que su padre sufrió una trombosis, que está “estable y sin dolor”. "Está haciendo historias de la actividad política y la actividad del fútbol, recibiendo a algunos amigos más allegados y cuidándose mucho por la situación sanitaria que le da un marco de un cuidado especial", comentó su hijo. 

Pero entre los jacarandá aparecen algunas personas que llegan hasta la residencia del líder frenteamplista en señal de apoyo y para dejar una muestra de afecto. 

Desde la mañana comienzan a llegar los primeros gestos de apoyo hacia el exmandatario. Una mujer para unos minutos, baja de una camioneta gris y deja sobre el muro de la casa del líder frentemplista un pequeño ramo de rosas rosadas. Ese sería el primer símbolo que desencadenaría una tarde de continuas muestras de cariño frente a lo que supo ser la casa presidencial.

Sobre el mediodía llega Mario Carbonel, socio 132 del Club Atlético Progreso y exdirigente del Gaucho de La Teja, del que Vázquez fue presidente y lo llevó a conseguir el Campeonato Uruguayo de 1989. Carbonel se baja de una moto repleta de pegotines del club, exhibe con orgullo la remera de su cuadro y el tapabocas lleva pegado el escudo al centro. Mira rápidamente dónde va a colgar las banderas, las desenrolla y las pone frente a la casa de Vázquez. Una de ellas dice “Fuerza Tabaré”, un pasacalle que empezó a aparecer por agosto de 2019 cuando el entonces presidente de la República anunció en una conferencia de prensa que le habían detectado un nódulo en el pulmón derecho. Días después una biopsia confirmó el diagnóstico: era cáncer. 

“Esta bandera la tenía que traer hoy, mañana va para la cancha y el lunes va a estar en el acto donde se le va a poner el nombre del Dr. Tabaré Vázquez a la sala de teatro del club” “Hoy soy socio colaborador del club, cuando el doctor va a la cancha nosotros estamos con él”. 

Doblando la esquina por Lucas Obes aparece Silvia Benero, lleva apretada entre sus manos una bandera del Frente Amplio. Cuenta que ella también es tejana, que vive muy cerca de la casa en la que creció el expresidente y donde hasta hace poco tiempo vivía su hermana mayor, Elena. Silvia decidió ir desde La Teja al Prado para “darle fuerzas” a Vázquez, emocionada y aferrada de la bandera roja, blanca y azul cuenta que carga con esa tristeza desde la noche del viernes y recuerda que cada vez que el exintendente y expresidente votaba en su barrio natal se sacaban una foto juntos. “Uno quiere que sea inmortal”, sostiene. 

Mientras pasan las horas las personas se acercan y comentan, la conversación gira -como no puede ser de otra forma- en torno a la figura de “el Taba”. Todo empieza con el fútbol, el campeonato del 89 con Progreso, la victoria de la Intendencia de Montevideo, sus dos períodos como presidente de la República (2005-2010 y 2015-2020) y el impacto de la figura de Vázquez en el “sentir de la izquierda”.  

Un hombre hace una transmisión en vivo desde la puerta de la casa de Vázquez en chancletas. Pone el teléfono cerca de su cara y muestra la residencia del expresidente al fondo. Frente a los periodistas allí apostados hace un informe en primera persona para sus seguidores y lanza un “¡vamo' arriba Taba!”. 

Mario Pérez también es socio de Progreso. Pasa rápido y deja un gesto, cuelga una camiseta del club en la reja de la residencia. La 25.

Mientras tanto Pablo De León pasea un pug sofocado por el calor en la vereda de enfrente. “Vine porque me preocupa lo que le pueda pasar al presidente que más alegrías le dio al pueblo uruguayo”, dice el joven oriundo de La Paz que ahora es vecino del expresidente, y agrega: “Lo mínimo que podemos hacer es estar atentos a lo que le pase, pidiéndole a lo que sea que uno es creyente por su salud”. 

El movimiento en la residencia es constante. Entran o salen sus hijos, su nieta y su hermano, el ex viceministro del Interior Jorge Vázquez. Luego de la declaración de su hijo Álvaro el resto es silencio. Un auto de la Asociación Española deja dos profesionales que monitorean el estado del expresidente en la puerta de la casa que abre su puerta principal para permitirles la entrada. 

Mientras, un hombre se acerca al jazmín de la entrada y corta dos flores, vuelve a entrar. 

Alicia prefiere no decir su apellido pero se define “profundamente vazquista”. Por eso está este sábado en la calle del exmandatario y permanece allí unos minutos. “Siento un especial cariño por Tabaré, soy frenteamplista desde mis quince años y para mi él fue un referente”, comenta detrás del tapabocas y asegura que la residencia se convirtió en un lugar “emblemático”: “Cuando perdió la primera elección estuve acá esperando que llegara con su esposa, también estuve acá cuando ganamos por primera vez y fue como un sueño”, recuerda. ”Para mi Tabaré es el referente del Frente Amplio, porque en él se concentran los sueños y los ideales de juventud”, sintetiza Alicia y cuenta con cariño que intercambió cartas con el expresidente luego de su primer mandato: “Le escribí una carta agradeciendo la semilla que había sembrado y me contestó con una carta que casi que la encuadraría”.

Los autos pasan ondeando banderines frenteamplistas, los vecinos preguntan por la salud del exmandatario y todos los que pasan por la casa dirigen su mirada hacia la puerta de hierro. El cielo amenaza con descolgarse en una tormenta y los visitantes de esparcen. Finalmente una lluvia fina constante moja la calle pero las luces de los faroles en Buschental y Lucas Obes no se apagan, permanecen encendidos. 

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