Estudiar una carrera universitaria en Uruguay no solo no asegura una rentabilidad significativamente más alta que haber terminado únicamente la educación secundaria, sino tampoco una mayor inserción en el mercado de trabajo.
3 de agosto de 2011 22:07 hs
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En el más largo plazo, sin embargo, existe una leve tendencia a una mayor educación. Desde la generación nacida en 1917 hasta los nacidos en 1980, se puede apreciar un aumento de 0,1 año de educación por cada generación. Pero esa progresión se deshace conforme se avanza en edades, a tal punto que entre las generaciones de 1974 y 1980 no existe una variación en los años de educación.
El primer factor que encuentran como determinante de este fenómeno es el vinculado a la demanda laboral. “Las oportunidades de empleo para todos los niveles educativos, pero particularmente para aquellos con educación terciaria, habrían disminuido en las cohortes nacidas más recientemente”, explican los expertos. El mercado laboral posee dificultades relativas para absorber a la mano de obra más joven. Sin embargo, la escasez de demanda es aún mayor entre los jóvenes de mayor nivel educativo.
“Esta reducción en la demanda de empleo para las generaciones más jóvenes, puede explicar el estancamiento en la inversión en capital humano”, según los expertos.
Rentabilidad
Entre los grupos de población más jóvenes, la diferencia en términos económicos entre posponer el ingreso al mercado laboral para cursar estudios terciarios y conseguir un empleo luego de terminar secundaria, no es significativa.
Según el estudio realizado por los economistas Sapelli y Bukstein, a diferencia de otros países, “los retornos para enseñanza terciaria no son superiores a los de la enseñanza media”.
La generación nacida en 1973 registró una tasa de retorno de 16% por haber terminado únicamente la educación secundaria, y una tasa de 22% por prolongar su educación y completar un título terciario. En Chile, sin embargo, el retorno de la educación media es de 17% –similar a Uruguay– pero en el caso de la formación terciaria, la tasa asciende a 47% para esa generación específica. La misma diferencia se percibe entre las distintas generaciones, con algunas excepciones puntuales.
“En términos relativos, por haber obtenido el grado universitario en Chile se obtienen retornos que duplican a los obtenidos en Uruguay”, señalan los autores. Aún así, “si miráramos los retornos a la enseñanza terciaria como números absolutos, podríamos decir que retornos superiores al 20%, como los que se obtienen en el caso de enseñanza terciaria, resultan atractivos para cualquier proyecto de inversión a menos que se esté analizando una inversión sumamente riesgosa”.
Pero existe otro incentivo perverso, según los expertos. En el caso de la educación secundaria, detectan un piso en los ingresos que asegura un mínimo retorno a los trabajadores que optan por no continuar su formación. En cambio, la dispersión de los sueldos es mayor en el caso de los universitarios, lo que hace a un mayor riesgo de cursar una carrera terciaria.