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Juan y Facundo Ponce de León

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"Es algo bien humano eso de sentir que la felicidad siempre está más allá": los Ponce de León y la vuelta a la TV

Hace 17 años, Juan y Facundo Ponce de León hicieron Vidas, el icónico ciclo de canal 12; ahora retomarán esas historias en Vivir, un proyecto que los pone a pensar en pasado, presente y futuro

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24 de julio de 2021 a las 05:04

¿Trabajar juntos? ¿Entre hermanos? No era una elección: iba a pasar. Se decantaba de manera natural. Era, por supuesto, cuestión de tiempo.

Facundo y Juan Ponce de León tenían 25 y 19 años respectivamente cuando se metieron en el proyecto de Vidas, un ciclo que canal 12 estrenó en 2004 y que se mantuvo al aire durante tres temporadas. A Vidas, los hermanos lo recuerdan con el sabor metálico de la nostalgia: con anécdotas que se pelotean, con reflexiones sobre la propulsión mediática del programa, con el retrogusto del tiempo que pasa, que se hace circular, que trae el pasado y lo reinserta en el presente.

Después de abrir cadáveres en cámara, de subirse a un camión de bomberos, de conocer el éxito de la televisión y las historias de decenas de uruguayos con los que pasaban un día entero, los Ponce de León hablan y marcan en Vidas una especie de comienzo, aun a pesar de que el verdadero comienzo se mezcla y se difumina en episodios anteriores. Y hablan de un comienzo porque, más tarde, las ganas de volver a trabajar juntos los reunió: Mueca Films fue el nombre que le pusieron a su productora, y con ella volvieron a dejar una huella en la televisión. Con ella fue que desarrollaron los tres exitosos ciclos de El origen –el histórico, el del fútbol y el del humor–, que pudieron trabajar para el Teatro Solís y la compañía Finzi Pasca y, más recientemente, que impulsaron De cerca, un ciclo de entrevistas a los candidatos de la última elección presidencial.

Diecisiete años después de Vidas, Juan (36) sigue explorando su veta como realizador, Facundo (42) mantiene su lado académico desde la dirección del Departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Católica, y ambos tienen claro que quieren seguir encontrando historias para contar. En ese marco aparece Vivir, el nuevo ciclo que estrenarán a fines de agosto en canal 12, y en el que se reencuentran con 12 de aquellos protagonistas que formaron parte de Vidas. Así, la historia se repite: Facundo está delante de cámaras, Juan detrás. Los dos cuentan, los dos producen. Trabajan juntos, porque saben que es natural. Porque así lo hacen mejor.

¿Recuerdan el momento en el que entendieron que podría ser buena idea empezar a trabajar juntos?
Juan.
No fue tan racional. Tiene que ver con una afinidad que teníamos y que tenemos desde mucho antes de que existiera cualquier tipo de vínculo laboral. Facu era el mayor de los varones y yo el menor. Nos unía la música. Él tocaba la batería, yo el piano, mi viejo nos hacía escuchar música clásica, jazz. Después nos une la idea de enfocar la luz hacia lo artístico. Siempre tuvimos una conexión muy natural. 

En la presentación de Mueca se definen, antes que nada, como “dos hermanos”. Eso marca una postura.
Facundo.
Probablemente haya sido inconsciente, pero sí, nos define. Es difícil poner en palabras algo que, como dice Juan, fue siempre muy natural. De hecho, cuando arrancamos a hacer Vidas con la productora Contenidos, que él se sumara para mí era lógico. Era evidente que él podía representar ese papel, y ese es el primer momento específico de trabajo conjunto.

¿Y cómo siguió ese proceso?
F.
Después Juan empieza a crecer como realizador, al tiempo que mi faceta más universitaria me saca del país. Y pasan siete años. En ese tiempo en que paradójicamente dejamos de trabajar juntos, se empieza a gestar Mueca.

En Vivir, los Ponce de León retomarán las historias que conocieron hace 17 años en Vidas

¿A quién se le ocurrió la idea?
J.
El hielo lo rompe Facu. Primero fue por mail. Él estaba trabajando con Finzi Pasca y había un proyecto que podía llegar a ser un puntapié, que terminó siendo Pasar por el Solís. Facu estaba estudiando en España, y yo estaba estudiando cine y haciendo publicidad acá, filmando cortos y una ficción, Adicciones. Ahora me estoy acordando también de que yo filmaba cosas de la familia, cumpleaños y eso, y las editaba. Ahí, como una especie de rutina de trabajo natural, se lo mostraba todo a Facu. Ahora hay algo laboral en el medio, pero sigue el sentimiento de “hago, te muestro, e intercambiamos”.

Supongo que así se forja una especie de mirada conjunta sobre las cosas. ¿Dónde están las conexiones a la hora de elegir a qué prestarle atención?
F.
Hay una conexión conceptual en donde estamos naturalmente de acuerdo. Siempre clarificamos mucho lo que queremos hacer. Somos muy detallistas y prestamos atención a cosas muy pequeñas a través de las que creemos que se construye la mirada.
J. Tenemos también dos extremos que se relacionan con nuestros padres, con cómo nos criaron. Nuestra madre es muy emocional y nuestro padre muy racional, y a la vez sensible. En nuestros trabajos eso se nota. Hay una herencia en la idea de tratar de que la gente siempre se emocione sin el golpe bajo, y que también se divierta y aprenda. 
F. Totalmente. La mirada que queremos plasmar es una mirada heredada.

¿De ese caldo de cultivo familiar se hereda también el gusto por contar historias?
J. En casa éramos ocho personas. Imaginate los domingos de tertulia, de cuentos, de ficción.
F. Ocho personas, más una familia muy grande por parte de madre. Así que sí. Las historias siempre se heredan.

¿Hay algo de ese aspecto más lúdico de esa época que todavía se mantenga en lo que hacen?
J.
Sí, está muy presente. Tendemos a romper con la ceremonia, con lo majestuoso, y vamos a la cosa más boluda, al chiste. A Facu, que es una figura pública, la gente no lo ve tanto por ese lado, pero es mucho más jodón que yo. Y eso también tiene que ver con cómo nos criamos.
F. Creo que en eso somos más hijos de mi madre. Mi padre trabajaba, era un empleado público, un abogado, y su trabajo no era su vida. Su vida era llegar y poner un disco, por ejemplo. Mi madre, que era docente, siempre lo vivió de manera más natural. Para ella enseñar o estar con nosotros era la misma cosa. Tenía algo muy vocacional en ella, y creo que estamos muy cerca de eso. No es que decidimos divertirnos a pesar de estar trabajando; para nosotros es casi lo mismo. Y lo volvimos a experimentar ahora en Vivir, que fue un rodaje con 17 personas, de 10 horas por días y que realmente disfrutamos. Fue lúdico en el sentido estricto de la palabra. Lo que sucede es que hoy tenemos tal escisión entre el trabajo y el placer que no podemos verlo en términos estructurales. ¿Por qué pensamos que recién podemos empezar a vivir cuando termina el horario laboral? 

Entre hermanos el entendimiento a veces puede que se haga más fácil, más telepático. Ahora, ¿qué pasa con las discusiones? ¿Cómo viven el momento del choque al tener tanta cercanía?
J.
Intensamente.
F. Es verdad que los problemas que tenemos son mucho más profundos que si fuésemos meros socios. Las capas que hay en nuestra relación marcan un nivel de complejidad mucho mayor. Incluso sin discusiones, lo que está en juego cuando planteamos proyectos a futuro tiene mucha más densidad. Eso es complicado también.
J. Lo que tenemos instaurado como método es que a fin de año tenemos una charla más profunda. Es como vaciar la papelera de reciclaje. Precisamos de esas instancias como hermanos y como amigos. Son charlas que a veces no tienen nada que ver con Mueca. Son más sobre la familia, el trabajo, terminamos hablando una hora de la vida, y quedamos más livianos.

Los hermanos fundaron Mueca Films en 2012

¿Cómo se llevan con la sensación de posterioridad, con estar dejando cierta huella?
J.
En parte, creo que hacemos Mueca por eso. Parte de la felicidad de haber hecho El origen, De cerca y los demás trabajos es que están ahí y pueden servir para algo. A veces nos llegan mails, por ejemplo, de una maestra de Tala que les mostró El origen de Varela a sus alumnos, y ahí nos cae la ficha. Hacemos esto por el placer de contar historias, pero también porque sabemos que tiene un valor para nosotros y para otros.
F. Hay otro tema y es que nos planteamos hacer contenidos periodísticos o televisivos que no sean efímeros cuando se supone que lo televisivo está hecho para que sea así, para pasar de largo. Nos interesa que eso no pase.

Ahora todo es cada vez más efímero.
F.
Exacto. Igual tampoco tenemos tanto problema con que se olvide. Creo que nos interesa que quede una huella, pero no es una obsesión. La trascendencia no es el objetivo único, sino la consecuencia natural de haberle dedicado un tiempo valioso y a contrapelo de lo que se supone que son los tiempos televisivos o periodísticos. Siempre nos hemos peleado con esa lógica y tiene sus costos. Por ejemplo, somos una productora sin empleados. Y eso te da ciertas posibilidades, pero también te desgasta, tiene un precio. Recuerdo que el primer año salimos con el orgullo bien arriba con El origen, y recuerdo que el gerente general de canal 12, Eduardo Radío, en una comida nos dijo “Bueno, por suerte a Tinelli le sigue yendo bien”. Estaba clarísimo: nos sacábamos chapa de que hacíamos contenidos para las maestras rurales, pero todo estaba sostenido en esquemas con los que no dialogábamos y con los que creíamos estar en contraposición, y que era lo que nos permitía trabajar como queríamos.

¿Cómo fue cambiando su relación con la televisión a lo largo del tiempo?
F.
Somos outsiders. Nos sentimos así.
J. Con todos sus costos.
F. Nos gusta estar con un pie afuera y el otro adentro. Caminamos por la cornisa. Y no solo en la tele. Nos gusta el mundo académico pero no todo, nos gusta el mundo masivo pero no del todo. Además, nos gusta ir a lo masivo llevando discusiones que quizá no lo sean tanto. En la tele nos sentimos cómodos en ese lugar, y de hecho hemos tenido oportunidades de estar mucho más adentro y la decisión de no estarlo ha sido mucho más explícita y consciente.
J. También pasa que arrancamos ahí, tenemos un vínculo afectivo. Con el tiempo nos hemos ido alejando un poco, aunque para los ojos de la gente nosotros siempre trabajamos en canal 12.
F. Algo que nunca pasó.
J. De hecho, no pisamos el canal. Pero es como dice Facu: nuestra situación tiene momentos que están de más, y otros en los que estamos perdidos, porque no estamos dentro de nada y eso desorienta. Es un precio que pagamos.

¿Qué lugar tienen las audiencias en sus proyectos?
J.
Tenemos bastante presente al público. Hay un espectro al que tratamos de llegar siempre. ¿Cuál es ese público? No podría definirlo exactamente, pero está.
F. Lo seguro es que no hacemos análisis de audiencia, porque si fuera así jamás hubiésemos hecho El origen. Y probablemente tampoco De cerca.

¿Creen que se subestima lo que el público quiere consumir? Entiendo que a una propuesta como El origen, en su comienzo, había que pelearla. Sin embargo, fue exitosa.
F.
Vuelvo a la anécdota con Radío. El cuento es válido para el primer y segundo capítulo de El origen, pero después hicimos seis más. Ahí pasó a importar que logramos que estos proyectos no dependieran de facturaciones externas. ¿Y por qué pasa esto? Porque el público tiene avidez de buenas historias desde que el ser humano existe. Estamos atados a ellas desde el principio. Ya sea en formato cuneiforme, en Youtube, o en canal 12. Hay que buscar financiar las buenas historias. Ahí es donde tiene que haber un pensamiento mucho más arriesgado, innovador, y que no gire solo en torno a pagar las cuentas. ¿Tinelli nos financió el primer El origen? Estoy de acuerdo. Pero después le buscamos la vuelta.

¿Qué recuerdan de Vidas?
F.
La claridad a la hora de decirle al canal que íbamos a hacer una historia por programa, en plena era de las entrevistas frenéticas, del videoclip. Queríamos pasar el día entero con la persona. Creo que fue el gran acierto del ciclo.
J. A mí Vidas me marcó. Yo era muy chico. El contraste entre la escuela de cine y el programa me sigue marcando. Pasaba de ver Tarkovski a subirme a un camión de bomberos. Vidas también es el origen de Mueca, es una parte esencial de nuestras vidas. A Facundo lo pone bajo el foco, lo convierte en una figura. También recuerdo a mi vieja, que lo llamaba para decirle que yo era muy chico para ver todo lo que estaba viendo.
F. Teníamos 20 años y estábamos en una morgue abriendo un cadáver, y de ahí nos íbamos a un accidente de tránsito, y todo así. A la noche llegaba a casa y hablaba con mi madre por teléfono, y ella me decía “Facundo, Juan llegó muy mal”. Estábamos muy cargados emocionalmente.
J. Ojo que en su momento lo veíamos como un laburo. Era una rutina muy intensa, que después con los años empieza a dar frutos.  

¿Y cómo aparece Vivir, 17 años después?
J.
A fines del año pasado, a Facu se le ocurrió la idea de reencontrarse con esa gente. Hicimos cinco segundos de silencio, a mí se me transformó la cara y fue como gritar eureka. Estaba todo ahí, todo girando en el aire.
F. Agarramos un pizarrón y empezamos a pasar raya. Habíamos hecho 75 entrevistas en aquel momento. Empezamos a tantear, armamos un equipo que pudiera sostener esa idea, que pudiera potenciarla.
J. Lo curioso es cómo llegamos al formato en el que filmamos. Primero decidimos que no podíamos volver a la casa de los protagonistas todo el día. Esa tele ya no existe más. Entonces pensamos en un teatro. Y luego viramos a la idea de que, si Facu los fue a visitar antes, ahora los recibe, como una especie de devolución de gentileza. Encontramos una casa en El Pinar, un lugar que tiene determinadas características y que nos permitía pasar todo el día allí.
F. También sumamos gente que no tenía idea de qué había sido Vidas, que tenía 2 años cuando lo hicimos.
J. Lo vieron y les pareció una locura.
F. Les pareció algo muy extraño. No entendían que, para aquel momento, éramos un programa bastante empático.

Hay algo de ustedes dejando una herencia en estas nuevas generaciones que se sumaron, ¿no?
F.
No lo había pensado, pero hay algo.
J. Hay una circularidad.
F. Es el paso del tiempo, seguro. También es un homenaje a la tele que ya no va a volver. En el rodaje nos dimos cuenta de lo que impactó el programa original en los protagonistas. No lo entendimos en ese momento, pero a muchos les estábamos cambiando la vida. Es probable que la televisión siga teniendo ese poder, pero seguro que con menos impacto. Homenajear esa influencia, en época de audiencias dispersas y vivos que no son, estaba en la génesis del proyecto.

El último proyecto antes de Vivir fue De cerca. ¿Cómo recuerdan hoy el ciclo, dos años después?
J.
Personalmente, es el proyecto donde sentí más diferencia entre el rodaje y la edición, y si eso es bueno o malo, no sé. Tengo un recuerdo impresionante del rodaje, de la investigación, un laburo tremendo con un equipo tremendo. Además, todavía siguen llegando comentarios sobre los videos en Youtube, y debe ser nuestro proyecto más visto ahí por lejos. Pero hay algo que se me perdió en el camino. No sé muy bien qué es. Creo que el producto tiene un valor estético y periodístico, pero hay algo que no me terminó de cerrar. Quizá porque es política.
F. Me pasa algo parecido. Me siento muy feliz de haberlo hecho como productor y entrevistador, pero si lo volviera a hacer editorializaría mucho más. Pienso en una voz en off que dijera “esto está hecho para vos, que pensás que Fulano es un tarado, para que te des cuenta de que no es así”. Queríamos marcar que todos tenemos luces y sombras, y estos candidatos presidenciales también. Al final quedó dicho de manera sutil, como para que la gente se diera cuenta sola de que si hay 2.000 personas que creen que alguien los representa, eso es la democracia. El sinsabor aparece porque teníamos muy claro todo esto, hicimos entrevistas desde ese lugar, hablamos de todo, pero no quedó tan evidente.
J. Nos terminó tapando la política. Y el valor estaba en lo no político, pero no pudimos dialogar bien con ese mundo.
F. En el fondo, tendríamos que haber sido mucho más enfáticos, decir cosas más fuertes, ser, si se quiere, más políticos para poder dejar la política partidaria de lado. 

De cerca (2019)

¿Qué lugar tiene la ficción hoy en el orden de prioridades de Mueca?
J.
Es una gran cuenta pendiente. Estamos empezando a ver caminos para que se convierta en un proyecto tangible. Es la piedra en el zapato, lo que nos falta para entrar a jugar en el mercado internacional, que es algo que queremos construir.
F. Hay algunas experiencias no muy contadas que nos vinculan a la ficción. Fuimos la dupla guionista de Parentela, por ejemplo. Y ahora Juan dirigió unos cortos con actores, que son cosas mínimas, pero el feedback marca que él podría en cualquier momento ponerse a dirigir ficción.
J. De mi lado, además, hay algo mal resuelto con la tele al haber estudiado cine. Miro a mis amigos cineastas, que van a Sundance o Cannes, y me miro a mí y estoy trabajando para la televisión uruguaya. Pero después me junto con alguien que hizo un corto y que me dice “Che, cómo me hubiese gustado haber hecho El origen”, y me viene cierta tranquilidad. Es algo bien humano eso de sentir que la felicidad siempre está más allá. Pero capaz mañana vamos a Cannes y ahí nos ponemos a pensar “Che, qué bueno que estaba hacer Vivir”. Estamos en esa tensión permanente. Facu también la tiene entre el mundo académico y ser una figura pública. Tenemos esa tensión desde que comenzamos.

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