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12 de junio de 2011 22:25 hs

Terminó el partido. Carrasco giró y levantó los brazos a la platea. Se abrazó con sus colaboradores y descendió la escalera rumbo al vestuario. Tomó sus pertenencias y salió del Estadio en el más absoluto silencio. Subió a su vehículo y se fue. Nadie se acordó de Juan Ramón Carrasco. Nadie en la tribuna intentó siquiera homenajearlo. A lo largo de los años es común que canten: “... que de la mano de (nombre del técnico), todos la vuelta vamos a dar”.

Pero con Carrasco fue diferente. Quedó la sensación de que los hinchas jamás lograron traspasar esa barrera y la realidad es que no hubo feeling. Juan Ramón siempre fue observado con ojo clínico.

Sus incorporaciones, las peleas con Peralta y Fornaroli, sus actitudes, los gestos, los cambios. Siempre en la mira.

Hay una realidad que rompió los ojos: Carrasco tomó un equipo que estaba liquidado y de la nada lo hizo pelear el Apertura hasta la última fecha con una racha impresionante de victorias.
Y luego la obtención del Clausura y la Tabla Anual. La fría estadística habla de números sorprendentes y de que no perdió clásicos. A nivel futbolístico su equipo quedó en deuda con el envase que vende JR. Se debe reconocer que Facundo Píriz es virtud suya. Y también la promoción de Nicolás López. La rotación del arco y la explosión de Matías Cabrera. En el ambiente se dice que se puede ir del club. Nadie lo sabe, pero es un rumor a voces. Carrasco se fue en silencio. Nadie se acordó de brindarle un reconocimiento. l

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