Opinión > COLUMNA/EDUARDO ESPINA

Genios del pop en Buenos Aires

El dúo más exitoso de la historia llega por primera vez a la capital argentina

Tiempo de lectura: -'

25 de mayo de 2019 a las 05:04

Cuando el Tanque Silva erró el penal en el minuto 74 del partido que Peñarol y Vélez Sarsfield disputaron por las semifinales de la copa Libertadores en el estadio de este último, el 2 de junio de 2011, la hinchada aurinegra explotó de alegría. A más de uno le habrá venido a la memoria otra noche memorable y gozosa vivida en ese mismo estadio, el José Amalfitani, 30 años antes. El 28 de febrero de 1981, ante 40 mil personas (con Miguel Mateos y Zas de grupo telonero), y como parte de la extensísima gira The Game Tour, esto es, en plena cresta de la ola del éxito y la fama, Queen ofreció en la cancha de Vélez el primero de los cinco conciertos que dio en Argentina y que han quedado grabados a fuego en una de las páginas doradas de la historia del rock. Aquello no fue una gira musical, sino un hito en la historia de la cultura popular argentina. En YouTube pueden encontrar la entrevista que China Zorrilla le hizo a Freddie Mercury.

Fue un despliegue imponente de equipos y gente especializada en montar un espectáculo de primera clase en cualquier parte del orbe. Hubo detalles impresionantes, comenzando por el césped artificial, con el cual el grupo viajaba para que en los estadios donde se presentara pudiera haber público dentro del campo de juego. Los ingenieros de sonido dijeron que la acústica del Amalfitani era horrenda, pero la magia de Queen, monopolizadora de emociones, podía con cualquier cosa, incluso con aquello que atentaba contra el sonido de sus canciones. En el inicio mismo de cada concierto Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor prometían We Will Rock You, y fue lo que hicieron por casi dos horas. Y de qué manera. Eran los campeones y lo demostraron. Fue el cumplimiento de lo nunca visto.

Fueron tres conciertos  a estadios repletos en Vélez, uno en Mar del Plata (en estadio mundialista) y otro en Rosario (en el Gigante de Arroyito). Por entonces, cabe recordar, ninguno de los grandes grupos de rock venía a estas regiones del mundo, pues Sudamérica era algo así como zona tabú, imagen magnificada por los regímenes de facto que gobernaban a varios de los países. Con su mítico prestigio agigantado por la edición del álbum A Night at the Opera, en 1975, por canciones que la gente conocía de memoria, como Somebody to Love, Love of my Life, Bohemian Rhapsody, y sacándole rédito a los dos fenomenales éxitos contenidos en el álbum The Game, que había salido a la venta en 1980, Crazy Little Thing Called Love y Another One Bites the Dust, llenó estadios en cada sitio que se presentó. 

Con sus conciertos en Argentina (primer país al que llegaron), Brasil, Venezuela y México, el cuarteto londinense ayudó a disminuir la cantidad de prejuicios que había en el mundo del rock respecto a estos “lugares salvajes” en el continente americano, dejando abiertas las puertas para que otros grupos se presentaran en estas latitudes, tal como lo hicieron Van Halen en el Cilindro de Montevideo, el 5 de febrero de 1983, y The Cure en la cancha de Ferro, en Buenos Aires, por dos noches, el 17 y el 18 de marzo de 1987, al cual asistieron cientos de uruguayos que fueron testigos de la gloria de la música del grupo que desde este año está incluido en el Rock and Roll Hall of Fame, como asimismo de los legendarios desmanes y trifulcas que hubo, obligando a terminar el segundo concierto antes de tiempo y que llevaron a Robert Smith a prometerse no volver a pisar suelo argentino, aunque luego rompió con lo prometido. 

En el diario personal del cantante de la banda inglesa hay un pasaje de lectura obligatoria, en el cual Smith da sus últimas impresiones sobre su visita a la capital argentina y su experiencia encima del escenario: “Cuando una botella de Coca me da justo en la cara durante 10:15, paro de cantar y encaro a la multitud. Terminamos con una gloriosa versión punk-trash de Arabs-a-Go-Go y nos vamos. Afuera, el campo no tiene nada que envidiarle al centro de Beirut y estamos más que aliviados de haber podido alcanzar el refugio del hotel. Me voy a la cama hecho pedazos, los otros pasan la mayor parte del tiempo en el bar, mientras yo sueño con asesinatos...”.

Resulta innecesario decir que los tiempos cambiaron, pues todo cambia. Sin embargo, muchas cosas son diferentes desde entonces en cuanto a logística de conciertos, e incluso parece haber pasado de moda la peligrosa noción de que los conciertos para ser disfrutados en plenitud debían estar asociados al vandalismo. Hoy en día la seguridad en recitales es impresionante –solo comparable a la de los aeropuertos– y el público, en tiempos caracterizados por el totalitarismo de la corrección política, entra en comunión con sus artistas favoritos como si estuvieran juntos en un pícnic de boy scouts cantando al unísono las mismas canciones, tal como pasó hace poco en el recital montevideano de Ed Sheeran. Seguramente algo parecido van a sentir quienes crucen el Río de la Plata y asistan al único recital que en Buenos Aires ofrecerán Hall & Oates, capos absolutos de la creación pop. La “máquina de hits” llega, finalmente, a estas latitudes.

Al conocerse la noticia de que Hall & Oates (aunque el verdadero nombre es Daryl Hall and John Oates), van a presentarse en el estadio Obras Sanitarias de la capital argentina, las redes sociales estallaron con comentarios de felicidad. Dijo uno: “Una vida entera esperando este show!! No puedo perder!! Son maravillosos!! Los amo”. Y otro: “Por fin!  Vinieron casi todos los grupos y me llena de felicidad que mi banda preferida del cual soy super fan desde siempre aterrizen en el Luna!. No lo puedo creer!. Allí estaremos el grupete de mis amigos fans!” (sic ambos). En vivo son extraordinarios, tal como pude constatarlo en las tres ocasiones que los vi, la primera en 1983. Además, aunque el tiempo ha pasado, siguen sonando como si el tiempo estuviera de su parte.

John Oates dijo días atrás al diario La Tercera de Chile: “Cuando eres un escritor de canciones, es lo que intentas hacer, es tu meta y éxito definitivo: escribir algo que vivirá por siempre. Lo que hicimos es eso. Hoy un público más joven ha sido capaz de buscar nuestra música, como consecuencia de la aparición de internet, lo que es una doble alegría, porque como creador siempre deseamos que nuestro trabajo no pare nunca”.  Pocos músicos pueden decir que compitieron de igual a igual con Michael Jackson, Prince y Madonna por el dominio territorial de una época. Hall & Oates eran buenos entonces y no han dejado de serlo. Ninguna de sus canciones suena a vieja. Ese es un don que pocos grupos y solistas tienen.  De ahí que Hall & Oates sea el dúo más exitoso en la historia, tal cual lo demuestran cifras provistas por Recording Industry Association of America (RIAA), superando a Simon and Garfunkel, The Everly Brothers, y a todos los demás dúos. El récord de ventas que ostentan difícilmente vaya a ser superado. 

Así pues, Hall & Oates hará por fin su debut sudamericano. ¿Por qué esperaron tanto tiempo para venir? Buena pregunta para la conferencia de prensa. El 6 de junio, a las 20.45, se presentan en el Luna Park. Mientras tanto, el 8 estarán en el Movistar Arena de Santiago de Chile, y el 11 de junio en el Espaço das Américas de San Pablo. Tres conciertos que, salvadas las diferencias, serán históricos, como los antes mencionados, pues pocos grupos o solistas en la historia tienen tantos éxitos capaces de llenar una noche entera con música pop de primera línea como Hall & Oates.  

Genios y maestros en la creación de melodías pop capaces de reinventarse con cada nueva escucha, Daryl Hall and John Oates son desde 2014 integrantes del Rock and Roll Hall of Fame, donde solo los verdaderamente grandes y permanentes de la historia de la música popular son aceptados. Aunque en sus inicios, en la década de 1970 (su primer álbum es Whole Oats, de 1972), comenzaron emulando el sonido de lo que en su momento se llamó TSOP (el sonido de Philadelphia o Philly soul) y que produjo joyas pop y soul casi todas asociadas a la música negra, Hall & Oates diversificaron el paradigma musical de la época, adelantándose incluso –de ahí la genialidad que la historia de la música les reconoce– varios de los sonidos que serían característicos de la década de 1980, en la cual reinaron de principio a fin.

Seis de sus canciones llegaron al número 1 de Billboard: Rich Girl (1977), Kiss on My List (1980), Private Eyes (1981), I Can’t Go for That (No Can Do) (1981), Maneater (1983), Out of Touch (1984). Pero ahí no acaba todo, pues en su inmenso, innovador y variado repertorio hay decenas de otras canciones, como She’s Gone, Sara Smile, Alone Too Long, Wait for Me, Say It Isn’t So, You Make My Dreams, You’ve Lost That Lovin’ Feelin’, Everytime You Go Away (de la cual Paul Young hizo un exitoso cover), One on One, Method of Modern Love, etc., etc. En fin, canciones ideales para hacer menos aburrida la eternidad, o pasar en vivo y en directo una noche memorable. Las entradas para el concierto bonaerense pueden encontrarse en www.ticketportal.com.ar. 
 

REPORTAR ERROR

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 245 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 245 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 245 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...