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Henry Cohen: "No entren en la estupidez de creer que ya ganamos”

El coordinador del equipo de salud que asesora al gobierno remarcó la importancia de mantenerse físicamente distanciados en esta etapa

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23 de mayo de 2020 a las 05:02

En un breve momento de su vida dudó entre la medicina y la economía. Pero Henry Cohen decidió ser médico. Tres veces comenzó la carrera. En 1973 el golpe de Estado y la intervención interrumpieron sus estudios. En 1974 recomenzó la carrera en Buenos Aires. Pero la situación política argentina se radicalizó, la violencia ganó la vida cotidiana, y Cohen volvió a su país, donde inició la carrera por tercera vez. 

No se destacó en sus primeros años como estudiante. Pero cuando comenzaron las prácticas en el hospital y el trato directo con los pacientes, sintió que ese era el sentido de su vida.

Parte de sus estudios de posgrado en gastroenterología los cursó en Japón, donde fue becado. Los primeros días en tierras niponas los pasó oyendo cómo los profesores hablaban durante horas en japonés delante suyo, como si no existiera. De allí trajo lecciones de perseverancia, de no quejarse y de estudiar al máximo. Casado desde hace 41 primaveras con una cantante lírica y padre de dos hijos, a sus 65 años Cohen tiene un prestigio enorme como gastroenterólogo. En 2019 fue reconocido como Maestro de la Gastroenterología Mundial.

Junto con Rafael Radi y Fernando Paganini, integra el Grupo Asesor Científico Honorario que aconseja al presidente Luis Lacalle Pou respecto a cómo manejarse frente al covid-19.

Cuándo la pandemia empezó en China, ¿qué pensó?

Lo vi con preocupación. Empecé a preguntarle a colegas que sabían más y a seguir las noticias. Cuando llegó a Europa, ya nadie podía negar que vendría a Uruguay. Lo que no sabíamos era con qué intensidad. Recuerdo que una de las primeras cosas que leí fue un artículo en el cual el médico infectólogo argentino Daniel Stamboulian decía que aquí llegaría un virus más atenuado. Luego nadie le dio más corte a esa idea y quién sabe si no es una de las razones por las cuales estamos bastante bien. Aunque es cierto que hay otros países de la región que no están en la misma posición favorable.

¿Qué hacía el 13 de marzo cuando se anunciaron los primeros casos en Uruguay?

Estaba en el club, en un caminador. Suspendí de inmediato el ejercicio, me duché y, antes de irme, le dije al profesor: “vayan pensando en que van a tener que cerrar”. Fue el último día que fui a mi consultorio. Voy a volver el martes, con mucho cuidado y todas las precauciones. Ni soñaba con que pocos días después me iban a pedir que diera una mano con esto.

Cuando la situación se desbordó en Italia y en España, ¿pensó que íbamos rumbo a lo mismo?

Estaba muy preocupado porque muchos uruguayos viajan a esos países. La primera semana tuvimos un R (la cantidad de personas que cada enfermo contagia) superior a dos. Esos primeros días estaba realmente preocupado, asustado. Y me pareció bien la medida de cuarentena no obligatoria que tomó el gobierno. Mi opinión en esos días era que había que aumentar las medidas de aislamiento, sin llegar a la cuarentena obligatoria. Ahora, por suerte, hace muchos días que venimos con un R debajo de uno.

Sin minimizar el dolor de quiénes han perdido gente por el coronavirus, ¿por qué en los grandes números a Uruguay le fue bien hasta ahora?

Por la precocidad de las medidas y porque la gente cumplió con lo que se le pedía.

¿Es solo eso o hay otras cosas?

Hay otras, seguramente en la biología. Se habla mucho de la vacuna BCG. Puede ser, vamos a ver qué dicen las investigaciones. Se habla mucho de qué clase de virus tenemos, si todas las cepas son igual de agresivas o no. Pero son cosas que hoy no podemos demostrar.

Hay países en la región que han tenido cuarentenas obligatorias y están en peor.

El otro día miraba las diferencias entre Israel, Cisjordania y Gaza. Israel tuvo muchos casos y unos 280 muertos. En Cisjordania y Gaza, solo dos. ¿Son otra cosa? No. Están al lado. Y los palestinos son mucho más pobres y tienen un peor sistema de salud, que en parte depende de Israel.

¿Entonces?

No tengo explicación. 

¿En el Grupo Asesor Científico Honorario se preguntan si en el caso uruguayo hay algún factor extra que puede estar actuando y aun no lo conocemos?

Seguro que sí. Yo me considero un médico. Hago ciencia porque publico trabajos científicos, pero soy fundamentalmente un médico. Rafael y Fernando, en cambio, son científicos desde que se levantan hasta que se duermen. Y en la ciencia es una obligación preguntarse todo permanentemente y plantearse las dudas. Trabajamos 14 horas por día y estamos todo el tiempo discutiendo. Lo de israelíes y palestinos se lo mostré a Rafael y coincidimos en que sería bueno encontrarle una explicación, pero no nos da el tiempo para todo. Yo me duermo cada noche a las once mirando la computadora y cuando me despierto, a las seis y media, la miro y ya tengo tres o cuatro papers nuevos para leer. Estamos leyendo todo el tiempo. Rafael, por ejemplo, fue el primero en enviarnos estudios que decían que la infectividad de los niños era baja, que los niños transmiten poco el virus. Y fuimos leyendo y convenciéndonos. Fue lo que expresamos el jueves en la conferencia de prensa: el riesgo de empezar las clases es bien bajo, porque a nivel mundial menos del 1% de los infectados son menores de 10 años. Y salvo excepciones, que las hay y no hay que negar, los niños no enferman de gravedad. En Uruguay estamos muy bien en las cifras generales y aun mejor en las de niños. 

Todavía no tiene nietos así que no puedo preguntarle si los mandaría a la escuela.

Puede, porque me preguntan por mis sobrinos y por los nietos de mis amigos. Y a todos les respondo que envíen a sus niños con tranquilidad, pero que no se distraigan. Que no se la crean. En mi ámbito social lo que más repito es: “Por favor, no entren en esa estupidez de creer que ya ganamos”.

El partido sigue.

Sí. Hay gente que me pregunta: ¿Esto va a volver? Y yo les respondo: “No, señor, no va a volver porque nunca se fue”. Para que algo vuelva, tiene que haberse ido. Y el virus llegó y todavía está acá. 

Pero aparecen pocos casos nuevos cada día.

Está circulando. El ahora tenemos 130 casos activos. Los estudios que dan el mayor porcentaje de asintomáticos dicen que son el 80%. Yo creo que es demasiado, pero demos por buena esa cifra. Eso supone que habría que multiplicar por cinco los 130 casos activos que tenemos para saber el total de personas circulando con el virus. En total serían menos de 700. Son pocos. No da para que esto se desbarranque de un día para el otro. Y el Ministerio de Salud Pública está trabajando bien. Por eso creo que la vuelta a clases es un paso muy razonable.

Algunos no están muy convencidos.

Sí. Hay gente que me dice cómo puede ser que antes era “quédate en casa” y ahora es “distanciamiento físico sostenido”. Pero no hay contradicción, porque son diferentes momentos evolutivos de la enfermedad. Hoy tenemos que explicar, en alianza con los periodistas, qué es el distanciamiento físico sostenido: hay que usar el tapabocas, hay que mantener dos metros con otras personas, si vas a trotar tenés que pasar a cinco metros del otro, y si andás en bicicleta son 20 metros. Aunque también es cierto lo que dijo Radi, menos del 0,5% de la gente se enferma en espacios abiertos. La infección es el resultado de la exposición viral multiplicada por el tiempo: una cosa es que estemos un rato en una habitación con otra persona y otra cosa es que estemos todo el día. La gente tiene que entender que tiene que estar poco tiempo en cada actividad. El distanciamiento tiene que ser físico, pero no social ni emocional. Podemos tener una excelente relación social, pero a la distancia. Y el distanciamiento tiene que ser sostenido, porque hay que mantenerlo mientras no haya tratamientos buenos demostrados, que no los hay todavía.

En un país con una división política en mitades bastante importante, ¿en el tema médico y sanitario estamos unidos? ¿Cuál es la experiencia de ustedes?

Yo nunca fui político, mis amigos están en todos lados. Mentiría si dijera que alguien no nos ha apoyado por temas políticos. Sería una mentira tremenda. Hemos sentido un apoyo imponente de los colegas. Todo el mundo se pone a disposición. Hay mucha gente del Frente que nos escribe, que nos manda información, que nos da para adelante. Que hoy la prensa internacional nos comience a citar como ejemplo, tiene que ser motivo de orgullo para todos los uruguayos.

¿Qué le preocupa?

La frontera. Hoy entré al sitio de la secretaría de Salud de Río Grande del Sur y estamos peor que hace unos días. Yo empecé a mirar esa página hace 20 días, después de una teleconferencia con un profesor de infectología de la Universidad de Pelotas. Y la cosa empeoró mucho en estas tres semanas. Nos obliga a tener los ojos muy abiertos porque, a pesar de ello, tenemos que reiniciar la vida.

¿Qué otra cosa le preocupa?

Me ocupa que estemos haciendo los seguimientos adecuados para cada actividad que reabre. Me tranquilizó mucho que se estudiara a los trabajadores de construcción y a las maestras rurales y que no tuviéramos ningún positivo. Una de las cosas que me tiene más feliz es la respuesta del Instituto Pasteur y de la Universidad de la República. Han realmente liderado esto. Cuando hablamos de los aspectos que pueden haber estado jugando a favor de Uruguay, éste es otro: el haber tenido científicos prontos, que la vieron venir y que se pusieron a trabajar en el test. Hoy tenemos un test de primer nivel y en cantidad más que suficiente. Eso ha sido una gran cosa para Uruguay.

¿Qué se haría si se disparara la situación en las fronteras? 

Es un tema político y muy difícil. ¿Cómo se cierra la frontera en Rivera y Livramento, que son una única ciudad? ¿Levantamos un muro? No se puede. Pero podés hacer más estrictas las medidas. En la primera conferencia de Lacalle, habló Alfie. Y dijo algo que se sostiene hasta hoy, palabra por palabra: vamos dando pequeños pasos hacia adelante y si tenemos que dar pasos atrás, los vamos a dar. Actuamos y corregimos; actuamos y corregimos. Seguimos apelando a la libertad responsable. Si la gente hace bien las cosas, como lo hizo en la primera etapa, somos más optimistas. Pero si se cree que esto ya terminó y ya ganamos, y con el invierno llegando, todo puede cambiar. 

¿Qué opinión le merece la actitud del presidente Bolsonaro?

Hablo a título personal, sin que mi opinión involucre para nada al Poder Ejecutivo. A mí no me gustan los gobiernos autoritarios, es una cuestión de mi filosofía: me disgustan. Y me disgustan los gobiernos que no analizan la situación desde un punto de vista científico, que solo miran lo político y lo económico. Y justamente eso es lo que me gusta de lo que hizo Uruguay, que salió a buscarnos. Y formamos equipos, que son transversales, que incluyen gente de todas las ramas, que son abiertos, y cuyos integrantes pueden consultar a otras personas. Por ahí vienen las cosas más importantes.

Algunas cosas fueron cambiando desde que comenzó esto. Hubo profesores que casi que trataron de tontos a los que usaban mascarillas. También cambió el concepto sobre la cloroquina y la hidroxicloroquina, que en un momento parecieron ser solución y hoy parecen incluso ser contraproducentes.

Hay que ser cuidadoso con la actitud con la que se dicen las cosas y con de las palabras. Con los pacientes aprendí que cada palabra o cada inflexión en la voz puede tener un gran efecto. Voy a contar algo sobre la cloroquina. Hay un profesor que se llama Martin Blaser, es uno de los capos de infectología en Estados Unidos. Obama lo nombró para trabajar con el Senado de su país en la baja del consumo de antibióticos, un problema mundial tremendo. Un día, en un grupo de médicos, recibí un mail de Martin donde decía: “aunque les parezca mentira, yo que soy el enemigo número uno de los antibióticos, vi un paper que me parece interesante”. Y era sobre la combinación de hidroxicloroquina y el antibiótico azitromicina como tratamiento contra el covid-19. Yo salí y me compré unas cajas. ¡Lo decía Martín Blaser! Pero al mismo tiempo empecé a averiguar quién es Didier Raoult, el microbiólogo francés que escribió el paper que enviaba Blaser. Y un amigo francés me dijo: “acá no lo queremos mucho, porque una vez que empezó a hablar mal de algunos probióticos, supimos que era porque una fábrica de lácteos no le había financiado un proyecto”. Tenía muy mala prensa. Hoy los trabajos parecen decir que la cloroquina no es solución.

¿En Uruguay no se pecó de usar la hidroxicloroquina en exceso con los primeros casos?

Quizás, pero yo no culpo a nadie por eso. Me hace acordar a un tuit que leí hoy de un periodista que se preguntaba si no nos habíamos equivocado en haber suspendido las clases en las escuelas. La pregunta no corresponde, porque a la ciencia hay que juzgarla por los conocimientos del momento. No se puede juzgar una actitud de ayer con el conocimiento de hoy. Hay que pensar en cuál era el conocimiento en el momento en que se tomó la decisión. Einstein decía: las preguntas son siempre las mismas, lo que varía son las respuestas. Y así es hasta que un problema no tiene una solución. Eso es la ciencia. 

Se dice que la pandemia ha expuesto cosas que estaban en la sociedad y no las veíamos. Lo vemos con las ollas populares, que exhiben la magnitud de la pobreza. Lo vemos en los datos que muestran la precariedad de muchos residenciales de ancianos. Uruguay tiene unos 600 respiradores. Perú, con una población diez veces superior al comenzar la epidemia tenía apenas 500. ¿Tenemos un sistema de salud mejor de que lo que creíamos?

¡Es un proceso de años! Si Uruguay a lo largo de muchos años hubiera invertido menos en salud, hoy no estaríamos en estas condiciones para enfrentar la pandemia. Si Uruguay no tuviera estos científicos maravillosos, no hubiéramos tenido los mismos resultados. Es casi un milagro tener a esa gente. Y eso nos lleva al tema de la inversión en ciencias. El presidente anunció que no va a descontar el 15% del presupuesto al Pedeciba, lo que me pareció fantástico. Y se comprometió a decir más adelante cuánto le podrá dar a las ciencias. Ayer Radi se acordaba de una reunión, seis o siete años atrás, cuyo tema era el estímulo de las ciencias. Fueron invitados todos los legisladores, pero el único que asistió fue Lacalle, que era diputado. Parece que su interés es genuino. 

Hoy seguramente irían más. Y no solo legisladores.

Ahora se despertó en toda la sociedad la conciencia de que hay que hacer ciencia aplicada, de que hay que estimular a los científicos. Creo que va a ser una de las grandes ganancias para Uruguay. Y allí la Udelar tiene que estar adelante, el Pasteur, el Clemente, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria… Ahí realmente hay valor.

¿Y cuáles son nuestras debilidades, que quizás no hayan aflorado porque la epidemia no nos ha golpeado con tanta fuerza?

Es el reverso de la moneda: ¡Cómo seríamos si se hubiera invertido el famoso 1% para la ciencia! Hubo muchos años con dinero en el país como para llegar a ese 1% y no se llegó. Había un compromiso de todos los partidos políticos para hacerlo, pero nunca se hizo. Y estamos bastante lejos. ¡Cómo habríamos estado, si con lo poco que se invirtió tenemos el gran nivel que tenemos! Otros países, como Corea del Sur, invierten el 4%.

Radi usó una metáfora futbolera para ilustrar cómo está Uruguay ante la pandemia. Dijo que estamos jugando un partido en la altura de La Paz y estamos contentos porque por ahora vamos cero a cero. ¿En qué momento del partido estamos? ¿Recién empezó o ya se termina?

Estamos en el entretiempo, cuando el entrenador da las indicaciones de cómo vamos a jugar el segundo tiempo. Y eso es lo que ocurrió esta semana. En estos días tuvimos tres reuniones con el Poder Ejecutivo, también con los pediatras y el grupo de atención primaria, y de allí salió la nueva táctica. Vamos a jugar el segundo tiempo con DFS. No es Defensor Sporting, es distanciamiento físico sostenido.

Siguiendo con la metáfora futbolera. El estado de la pandemia en Río Grande del Sur, cómo se puede graficar en términos futbolísticos. ¿Es tener al juez en contra? ¿Es jugar diez contra 11?

Vamos cero a cero y jugamos muy bien el primer tiempo. Pero nos queda todo el segundo tiempo y podemos cansarnos. Estamos jugando un partido a 4.000 metros de altura. Y de esa altura, 2.000 metros son la frontera y los otros 2.000 son creérnosla. Creer que ya ganamos. Ojos abiertos en la frontera y no al triunfalismo.

¿Qué le diría al uruguayo que vive en Rivera, en el Chuy, en Aceguá?

Que tiene que tener un cuidado máximo. Que no tiene por qué quedarse en su casa, pero tiene que respetar casi religiosamente las pautas de distanciamiento físico sostenido. Lo que le pase al Uruguay depende de cada uno de nosotros. Y lo que te pase a ti depende de mí, y lo que me pase a mí, depende de ti. 

Mañana alguien de su familia quiere hacer un cumpleaños para 20 personas. ¿Qué le dice?

Todavía no es el momento. En eso soy radical. Algunos me dicen que soy exagerado. Pero desde la ventana veces veo a cuatro tipos conversando a menos de un metro cada uno, durante una hora… Hay que insistir con el distanciamiento físico sostenido. Por más que tenga muchas ganas de abrazar a alguien, no lo tengo que abrazar. Aunque sea mi mamá, mi papá o mi abuelo. Tenemos que mantenernos físicamente distanciados, pero estimularnos social y emocionalmente.

¿Hemos sido tan responsables como dice el presidente?

Mayoritariamente ha sido ejemplar, porque si no las cifras no dirían lo que dicen. 

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