20 de marzo de 2012 22:58 hs

“Buenas noches, soy el ministro de Salud Pública”, dijo Jorge Venegas a una pariente de la familia Lemos, y aprovechó la puerta de la casa de la calle Hum 3686 abierta, para ingresar al hogar.

Sobre las 21 de ayer el Secretario de Estado se hizo presente en la casa de las hijas de Gladys Lemos, la última víctima del enfermero del Maciel, Marcelo Pereira.

Apretando la mano de Miriam Rodriguez Lemos, Venegas les pidió disculpas a ella y a su hermana, les dijo que “cualquier cosa” podían comunicarse con él, que estaba “a disposición para lo que necesiten”.

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Al ingresar al hogar, el ministro se encontró con una cámara de televisión del canal argentino TN. “No quiero prensa”, dijo y lo mismo fue solicitado por un asesor que lo acompañaba. No fueron escuchados porque allí mandaban las dueñas de casa. Luego se agregó la cámara de Subrayado.

Las hermanas le pidieron al secretario de Estado “las cabezas” del Maciel. “Si esto pasó a nivel de enfermeros es porque algo más arriba falla”, dijo Miriam a El Observador.

La familia está asesorada por una abogada particular, quien realiza el seguimiento de toda la investigación. Si bien por el momento no han evaluado iniciar una demanda contra las autoridades de Salud Pública, no lo descartan.

¿Qué piensan de que los asesinos de su madre digan que mataron a sus pacientes por piedad? “Qué les vamos a creer”, reflexiona en tono exacerbado Miriam. “¡Son unos atrevidos. De loquitos, nada. Que uno fue violado... ¡que vaya a matar al que lo violó. Las víctimas no tenemos la culpa de lo que él sufrió”.

Sobre las 18 horas de ayer las hermanas recibieron una llamada desde la oficina de Crimen Organizado, del Ministerio del Interior, para solicitarles tuvieran a bien concurrir allí para notificarse de la muerte de su madre. “No vamos a ir”, dijo Miriam. Fue así que una camioneta de esa oficina pasó a buscar a las hermanas por su domicilio. “Nos explicaron que lo están haciendo con las 16 familias, cuyos parientes fueron asesinados”.

Aún shockeadas por la noticia de la muerte de su madre y asediadas por la prensa local e internacional -recibieron llamadas desde Argentina, Chile, Colombia, Francia y Arabia Saudita-, las hermanas Rodríguez-Lemos lograron recordar ayer que el día que su madre murió vieron ingresar al CTI a un hombre de aspecto desprolijo, con campera verde, sin uniforme médico ni de enfermero, con un bolso. “Entró, nos miró en la sala de espera y salió”.

Lo que se encontró en el caso de Gladis Lemos no fue una jeringa sino una ampolla de lidocaina

“Fue mi madre la que mataron, pero pudo haber sido otra persona” – Miriam

“El abrazo de Vengas fue sincero”

Gladis lemos, de 74 años, había ingresado el 1º de marzo al Maciel con un cuadro de convulsión a raíz de un pico de diabetes. Eso le generó líquido en un pulmón.
El 16 de marzo sobre el mediodía, Gladis estaba internada en la Sala Gallinal del Maciel, y le informaron a sus hijas que le iban a dar el alta. Pero luego 5 médicos salieron y le dijeron a sus hijas que la paciente se había retrasado.

Sobre las 13 comenzó a descompensarse sorpresivamente. “Le hicieron una ecografía, que salió mal. A las 16 la pasaron a CTI”.

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