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Eliphas Ferreira

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Historia de tres mujeres policías que llegaron alto

Las mujeres son minoría en la Policía pero, poco a poco, van ganando espacio en los puestos más altos; tres de ellas cuentan su historia

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17 de febrero de 2018 a las 05:00

Eliphas Ferreira (38) ya había estado ocho años como oficial de la Guardia de Coraceros, enfrentándose a las barras bravas del deporte e internándose en barrios de contexto crítico y, aún así, la menospreciaron por ser mujer.

Se había presentado a un llamado para viajar al exterior e integrarse a la Comisión Contra la Impunidad en Guatemala en representación de la policía uruguaya, para custodiar a los más altos jerarcas políticos de ese país.

Cuando fue a participar del concurso se encontró que solo se habían presentado hombres. "Ah, pensábamos que venías a saludar", le dijo uno de ellos. Eso fue a comienzos de 2011.
Ferreira quedó segunda en un grupo de siete seleccionados, de un total de 40 hombres, y al año siguiente fue la jefa del contingente uruguayo.

5.429 son las mujeres que actualmente desempeñan una función ejecutiva en el Ministerio del Interior y portan armas. Los hombres son 22.056

Aunque ella sabía –por experiencia– correr a máxima velocidad, subir cuerdas, desarmar y armar escopetas y pistolas en pocos segundos y no fallar cuando disparaba, todavía entonces "parecía extraño" que se presentara una mujer a tratar de superar pruebas tan exigentes.

"Los chistes machistas ya no me enojan, porque si no me pasaría estresada todo el día", cuenta y sonríe. Su recurso es esbozar una ácida sonrisa, como diciendo, según traduce ella, "callate, si sos el último de la fila".

Preocupada por eso mismo, Belén Camejo, la subdirectora nacional de Educación Policial, no permite que en las aulas y en los pasillos de la escuela se hagan chistes ni se realicen actos de discriminación de ninguna clase, so pena de castigos severos.

Estadísticas

Lo "extraño" de ser mujer policía que sintió Ferreira en algunos momentos de su carrera, puede observarse en los datos estadísticos.

Por ejemplo, en el escalafón actual solo hay tres comisarias mayor: Camejo, Ana Sosa –directora de la Unidad de Análisis Criminal– y Ferreira –hoy a cargo de la Oficina Nacional de Armas.
Y no se recuerda en la historia policial ninguna otra mujer que haya llegado al máximo grado de la escala.

Ana Sosa

Ana Sosa

Ana Sosa


De los 22.056 policías ejecutivos –es decir, armados– desplegados en Uruguay, 5.429 -un 24% del total- son mujeres, según datos actuales del Ministerio del Interior a los que accedió El Observador.
De los 560 aspirantes a vestir el uniforme de la escala básica policial que ingresaron este año a la escuela nacional, las mujeres son el 35% –198–. La distribución por géneros es más desigual si se observa la última tanda de cadetes que egresaron como oficiales este año: 95 hombres y 27 mujeres –el 22%.

De todas formas, las tres comisarias mayores coindicen acerca de que la Policía actual ofrece un panorama muy distinto al que había hace un par de décadas. De hecho, los porcentajes de egresos femeninos eran aún menores: 16% en 2010 y 10,2% en 1997.

Pero también tenían cupos limitados para su ingreso. Cuando Ferreira y Camejo entraron a la Policía nacional en 1997 lo hicieron dentro del cupo de 10 mujeres que había entonces, mientras que los hombres entraban por docenas.

Durante sus carreras tampoco tenían las mismas condiciones que los hombres para ascender, ya que hasta fines del siglo pasado existía lo que se llamaba el escalafón para el "policía femenino": las mujeres tenían supeditado su ascenso a la jubilación de sus superioras.
Gracias a la presentación de varios recursos que presentaron algunas policías en esos años, la situación se modificó y hoy tienen las mismas posiblidades de crecimiento que sus compañeros masculinos.

"¿Cómo, ahora ustedes ascienden con nosotros?", preguntaban asombrados algunos de los colegas de Ferreira. "Sí, claro que sí", contestaba ella, y ahora sonríe, porque el método de ascenso se ajustó el mismo año en el que ella se graduó de policía. Otras no tuvieron tanta suerte.

Pelo largo

Camejo se arregla la trenza para la foto. La acomoda sobre su hombro y dice: "¿No es hermosa?". Luego se ríe ruborizada, como una niña, como si por un rato dejara de ser la segunda autoridad en la Dirección de Educación Policial.

Para ella, la trenza simboliza una conquista personal y colectiva, porque no era un opción para el cabello de las mujeres antes de 2015, cuando llegó a la escuela luego de años dedicados a la Policía Científica y al peritaje documentológico. Y no es un detalle menor.

Cuando su amiga Ferreira ingresó con ella hace 21 años, sabía que debía cortarse el pelo, pero no imaginaba cuánto. Antes de partir a Montevideo con sus 17 años, su madre la llevó a la peluquería. "Me quedó un corte precioso", recuerda hoy, como si lo siguiera lamentando. Es que cuando salvó los exámenes de ingreso, también pasó por la rapadora universal, la misma que no perdona los pelos de los hombres.

La rigidez fue cediendo con el paso de los años, primero permitiendo que el cabello les creciera si lo aplanaban contra la cabeza. Luego se admitió el moño, que tiene gran utilidad en el combate cuerpo a cuerpo, pues impide que el pelo sea sujetado y tironeado. Pero no fue sino cuando llegó Camejo a la escuela de policía en 2015 que las cadetes pudieron optar por la trenza, y dejarse por fin el pelo largo.
"Volver después de tantos años y darles esa oportunidad es maravilloso", celebra la jerarca, porque, según entiende, el aspecto físico es fundamental ya que "determina la autoestima".

Pero hay más, cuenta. "Cuando ellas salen los fines de semana tienen que poder insertarse en la sociedad para evitar la estigmatización. Un policía no puede ser alguien aislado o excluido", reflexiona Camejo, e insiste: "Si ellas pueden tener las uñas con esmalte, el cabello bonito y algunas caravanas, es obvio que van a sentirse mucho mejor".

Mas mujeres

El 97,5% de las 5.429 policías ejecutivas son, cabos, sargentos o suboficiales, o sea, agentes que trabajan en la calle. El restante 2,5% son oficiales, lo que quiere decir que desarrollan tareas de inteligencia, de combate al narcotráfico y al crimen organizado. Y en esas áreas, asegura Ana Sosa, la "sensibilidad" femenina juega un rol importante que recuerda la necesidad de ampliar la participación de las mujeres.

Dice que en tareas encubiertas, "la observación femenina" para detectar un gesto, un movimiento o una intención oculta suele ser más aguda que la de los hombres. También, paradójicamente por el prejuicio social, tienen de su lado la sorpresa.

Belén Camejo

Belén Camejo

Belén Camejo

El director de la Policía Nacional, Mario Layera, comentaba este aspecto con Camejo hace pocos días. "Hay situaciones que tenemos que aprovechar –le contaba Camejo–. Por ejemplo, el hecho de que dos mujeres en un auto que espían a un individuo, pasan mucho más desapercibidas que dos hombres, de quienes enseguida se sospecha". Y, sostiene, esas situaciones que se crean, producto de las construcciones culturales que aún perduran sobre los roles de género, deberían aprovecharse más".

El 97,5% de las 5.429 policías ejecutivas son, cabos, sargentos o suboficiales, o sea, agentes que trabajan en la calle. El restante 2,5% son oficiales, lo que quiere decir que desarrollan tareas de inteligencia, de combate al narcotráfico y al crimen organizado. Y en esas áreas, asegura Ana Sosa, la "sensibilidad" femenina juega un rol importante que recuerda la necesidad de ampliar la participación de las mujeres.

"Muchas veces", recuerda Sosa de sus épocas de policía encubierta, "cuanto debía detener a alguien, esa persona dudaba si yo era policía o no, y entonces debía mostrarle el carnet".

Discriminación

A pesar de todo lo que cuentan, las tres jerarcas dicen que a ella, tal vez por la época que les tocó vivir, no les fueron negadas oportunidades de desarrollo por su condición de género. Por eso están "muy agradecidas" con sus jefes, compañeros y subalternos, porque "jamás" las hicieron sentir inferiores por ser mujer. Eso sí, en algunos casos, determinados valores machistas de algunos compañeros, les proporcionaron un trato diferencial. Camejo, por ejemplo, recuerda que antes de realizar allanamientos, muchos hombres se le anticipaban para asegurarse de que no hubiera peligro y ellas pudiera ingresar.

También recibió una atención especial una vez que recibió un golpe durante un operativo, luego de un partido de básquetbol. "Me pegaron en la cabeza y todos mis subalternos se preocuparon de inmediato –relata–. No paraban de preguntarme si me encontraba bien, lo cual era raro, porque debían responder a mis órdenes"

Familia y vocación

En la foto de perfil que tiene Sosa en la aplicación de Whatsapp, aparece posando abrazada de su hijo, a quien menciona varias veces durante la entrevista. Sin embargo, no vacila al afirmar que, al igual que su vocación de madre, la policial también le demanda 24 horas diarias. Nunca apaga su celular, porque la pueden llamar a cualquier hora.

Sosa tiene a su cargo el diseño y estudio de los mapas de calor que son la base del Programa de Alta Dedicación Operativa que implementó el ministerio del Interior en 2016 para combatir la delincuencia de una forma más efectiva, y que este año se extendió a Maldonado, Rocha, Salto, Colonia y Cerro Largo.
El trabajo de coordinación que exige llevar adelante este sistema, la obliga a destinar cerca de 12 horas diarias de trabajo.

Pero en su familia la entienden. "No es una situación que me impongan –dice convencida–. Lo hago por vocación, y porque estoy comprometida con lo que estamos haciendo". Pero deja un espacio de silencio, y agrega: "Entiendo que no todas las mujeres han tenido esa oportunidad". Ella tenía a su madre con quién dejar a su hijo cuando se enfermaba, cita de ejemplo. Sus colegas de rango no tuvieron hijos, pero su vocación y disposición para con la policía son similares.

Ferreira ya sabía qué quería ser cuando era niña. En los ejercicios de redacción escolares en los que las maestras proponen que los niños se imaginen de adultos, Ferreira ya expresaba que quería vestirse de uniforme azul. Y en el liceo esa decisión continuó madurando, a pesar de sufrir las burlas de sus amigos. La razón es la misma que esgrimen las tres: ayudar al otro, proteger a los demas, ser un nexo con la sociedad.

35% de mujeres aspiran este año a convertirse en policías. Son 198 de las 560 personas que están inscriptas en este 2018.

En el descanso de la escalera que lleva al despacho de Belén Camejo, hay un gran cartel que no pasa desapercibido, escrito en los clásicos colores policiales azul y blanco.
La misión policial, reza, consiste en "promover una cultura de trabajo y de servicio en los y las policías , para brindar las garantías necesarias a la sociedad, mediante la búsqueda de la excelencia en su formación".

Ferreira acota que "todos" llevan esos conceptos consigo. Lo distintivo de esta profesión, cree, es que enamora. "Y eso produce que luego dediques a esto toda tu vida y tiempo. Yo amo este trabajo", dice articulando todas las sílabas.

Feliz con su trenza, que cuida que siempre salga en la foto, Camejo se para en la escalera, justo al lado del cartel, que concluye con los mismos valores que reivindican las comisarias, cada una a su modo: "Servir en la sociedad en la que cada policía encuentre un ámbito de crecimiento académico, profesional y humano".

Números a favor y en contra

En 2007, según datos del Censo Nacional del Personal Policial, las funcionarias del ministerio del Interior constituían el 21% –5.278 –. Los hombres eran más de 20.000. En 2015 la cantidad de mujeres aumentó: pasaron a ser 10.502, representando el 33% del total de trabajadores. Discriminado por áreas de servicio, en 2017 las mujeres son minorías en puestos ejecutivos –24% contra 76% – y en las funciones técnico-profesionales –.48% y 52% –. En los cargos de especialización –como los peritos –, las mujeres ocupan el 60%, y en los del servicio el 73%.

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