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Vecinos de los distintos asentamientos del Municipio F fueron trasladados hasta la Escuela Nacional de la Policía

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Historias de vecinos con casas inundadas: la lucha por no ahogarse, la invasión de la mugre y las ganas de "salir adelante"

Las intensas lluvias que cayeron este lunes sobre Montevideo obligaron a la evacuación de varias familias que viven en asentamientos; la gente perdió "todo", pero quiere seguir adelante por sus hijos

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20 de enero de 2022 a las 05:01

"¿Viste la película del Titanic cuando se van dando vuelta las cosas?". Así comenzó a describir Mayra, una de los 31 vecinos de asentamientos del Municipio F que aun siguen desplazados de sus casas tras las inundaciones del lunes, su sensación al ver que sus muebles, camas, mesa y heladera eran sacudidos por la lluvia que cayó en la madrugada.

Asustada, en medio de un chaparrón intenso que barrió su rancho por completo, se fue corriendo hasta lo de su suegra en busca de ayuda. Pensó que estando allí se mantendría a salvo, pero estaba totalmente equivocada: el agua no solo se le coló, sino que también empezó a correr por el comedor con la misma fuerza que lo hacía por el puente de la cuadra.

Desesperados, intentaron llamar a la policía para pedir ayuda. El teléfono se les cayó al agua. Luego hicieron algunos intentos por abrir la puerta y salir, pero fue aún peor.

Son 31 los que todavía siguen fuera de sus casas

Eran las 7 de la mañana y frente a los ojos de la familia azotaba una fuerte corriente -a la que acompañaban chapas, palos, residuos y fierros arrastrados desde afuera- que estuvo a punto de ahogarlos, según dijeron.

Mayra vive junto a sus tres hijas y un bebé de un mes en el barrio La Chancha -uno de los más afectados en la periferia montevideana-, en Punta de Rieles, donde termina la calle del Pasaje Colibrí. Dice que por la magnitud de la inundación, apenas le dio para sacar fotos, aunque no podía creer lo que estaba viendo: "Lo que queríamos era salir porque el agua cada vez entraba más. Teníamos que ver cómo hacíamos para salir por los chiquilines porque sino nos ahogábamos ahí adentro".

En el lugar residen cinco familias, que se las arreglaron para levantar sus casas entre palos y chapas sobre un pequeño terreno. En su caso, la construcción estaba hecha a base de barro, y no le quedó nada. "Nosotros estamos a una casa por medio del puente, que es como un tajamar, en Punta de Rieles. Estábamos bien en el bajo y corría mucha corriente por el puente. El colchón que estaba en uno de los cuartos se vino para adelante y levantamos los cables del internet porque nos teníamos que ir. Nos empezó a entrar agua por la ventana. Llamábamos al 911, al 104, y como estaba (la inundación) en muchos lados daba ocupado o se cortaba", contó a El Observador.

En determinado momento, Mayra y sus familiares tomaron coraje para escapar y atravesaron la correntada a la espera de ayuda. "Tuvimos que cruzar no solamente por el agua que estaba adentro de la casa, sino (también) por la que estaba afuera. El hijo de ella (señala a una mujer) tiene ahora alergia e infección. Mi otro cuñado se lastimó la rodilla porque se cayó. A mi cuñada también le salieron unos granitos y tiene los pies lastimados", relató.

En el local reciben comida y atención médica

Ya sobre el mediodía, se trasladaron hasta el gimnasio de la Escuela Nacional de la Policía, con la ayuda de las autoridades del Municipio F de Montevideo, donde descansan desde el lunes. Llegaron descalzos, porque ni siquiera les dio el tiempo de calzarse, y con los pies lastimados, pero ahora son revisados a diario por médicos, tienen baños disponibles, reciben comida y también donaciones.

En ese mismo predio, que consiguió el alcalde Juan Pedro López luego de una conversación con el ministro del Interior Luis Heber, también se encuentra William, un hombre de 35 años que vivió en carne propia cómo la tormenta le iba llevando sus pocas, pero anheladas pertenencias. Su historia es una más entre las cientos de familias de Manga que observaron una acumulación de agua superior al metro y medio de alto, que los dejó sin abrigo y colchones.

Ni bien el hombre se levantó a prepararle la mamadera a su hija, notó que su piso estaba bajo agua. Enseguida desenchufó todo lo que tenía cerca. Pero en pocos minutos el líquido ya le llegaba hasta los hombros, lo que lo obligó a poner a su bebé entre brazos.

Las señales apuntaban a que había llegado la hora de irse. "Cuando quise acordar quedó todo bajo agua. Mi casa es bien humilde y a veces tengo alargues en el piso, mi hijo usa el celular tirado o está el ventilador. Cuando vi eso le dije a mi señora 'mirá, empezó a entrar agua' y desenchufé todo", explicó. "Vinieron vecinos con cuerdas. Ataron una columna. Se tiró uno con toda la corriente igual, pasó la cuerda desde el otro lado y la ataron. Vos llegabas a la columna y te ibas agarrando de la cuerda para pasar del arroyo al otro lado".

A través de una llamada de Whatsapp, pidió ayuda y un ómnibus, en el que viajaban López, alcalde del municipio, y sus colaboradores pasó a buscarlo: "Les dije directamente 'yo no tengo donde estar', a ver si me daban un lugar". Luego notó que casi todo el asentamiento Los Sueños estaba en las mismas condiciones.

Aunque no era la primera vez que les sucedía a los vecinos del barrio, la lluvia jamás había alcanzado tan altos niveles. "Llegó el agua de todos los campos. Había caca adentro de la casa, todo era un desastre. La corriente nunca se había llevado los materiales de adentro de la casa. Llegar hasta acá (por su hombro) y tener que agarrar a tus hijos y hasta el perro en el aire no sabés lo que era", comentó William.

Todos viven en el Municipio F

"Tengo un equipo de música que tiene ocho parlantes y se cayó todo. Estaba arriba de una mesa y el agua no sé cómo hizo, porque la mesa tiene patas de fierro, pero era tan fuerte y tan grande que levantó la mesa y la tiró. No me dio tiempo ni a agarrar el equipo por lo menos. La tele se fue también en el agua. No es que se haya ido, porque se trancó en la pared, pero son cosas que no sirven para más nada", agregó.

Changador, el vecino apuesta a "levantarse", pensando en su mujer y sus dos hijos, pese a que su casa ya es una "laguna". Tendrá que comenzar todo de cero, según estimó, pero lo hará siendo consciente de que si este episodio le ocurría en el invierno quizás se hubiese ahogado: "Adentro de mi casa se fue todo: colchón, frazada, equipo, tele, parlante, heladera. No me sirve nada. Está todo adentro de casa, revuelto entre la mugre. Tengo que abrir y tirar todo. Ya hablé para ver si me pueden llevar hoy para vaciarla".

"Yo me defiendo y hago changas en el barrio Capra. Me llaman por trabajo de todos lados y hago lo que me pidas: albañileria, electricidad, que corte el pasto, que limpie una zanja, no me importa. Soy una persona que en un tiempo pasé mal, estuve mucho en la joda. Después volví (con mi mujer) y ahora van a hacer tres años que estamos juntos de vuelta", dijo.

Su relato cobró aún más fuerzas cuando Gabriela, una mujer que estaba sentada este miércoles en su misma mesa, comiendo el guiso elaborado por los concejales del municipio, acotó que a pocos metros de allí vivió una situación similar, en la que la inundación "apretó para arriba" sus electrodomésticos y llevó a sus hijos mellizos a saltar del sillón donde se protegían del agua.

Bien temprano en la mañana, la cama matrimonial que se extendía a lo largo de su cuarto ya era historia; ni siquiera había rastros. El piso de hormigón "parecía una playa" y todo lo que se arrastraba desde la calle terminaba adentro de su hogar, recordó la mujer. "Para mí es un balde de agua fría porque no me gusta salir de mi casa. Acá (en la escuela de policía) no tengo ninguna queja, es increíble cómo me tratan, pero no puedo estar. Si yo estuviera sola y no tuviera niños a mi cargo puede ser que me quedara, pero si es con ellos no".

Pese al sacudón del lunes, que se repitió -en menor nivel- durante una parte del martes, los vecinos afectados confían en restablecer su vida barrial, con la ayuda de sus hijos. "Principalmente, es por ellos, que hay que darles lo mejor que se pueda. Como madre, uno quiere darles lo mejor. Nosotras somos jefas de hogar y casi todas estamos solas. No tenemos marido que nos ayude ni nada. Mi pareja falleció hace cinco meses. Tengo un bebé de hace un mes, más tres nenas, pero uno piensa en salir adelante por ellos. Yo por mis hijas y por mi hijo voy a seguir adelante cueste lo que me cueste y en el tiempo que sea. Hay que seguir", reflexionó Mayra.

"Es jodido, pero (...) tenés que mirar por la mujer y los hijos", coincidió William.

Donaciones

Mayra Silva: 097 243 201
William Rodriguez: 095 468 149
Gabriela: 097 390 472
Dahiana: 098 457 813
Rossemarie: 094 844 896

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