14 de febrero de 2013 21:36 hs

Las mascotas tienen prohibido poner una pata en las playas desde el 8 de diciembre y hasta el 31 de marzo. Sin embargo, disfrutan como cualquier bañista del sol y del agua. La Prefectura Nacional Naval no dispone de la capacidad suficiente para hacerse cargo de los animales sueltos.

El concejal Luis Marcelo Pérez, representante del centro comunal zonal 5 (Pocitos y Punta Carretas), denunció que este verano se han registrado varias mordidas a bañistas en la playa Pocitos y que parte del problema es generado por las peleas entre los perros que llevan los paseadores. “Se debería legislar el bozal”, afirmó a El Observador.

Fuentes de la Prefectura de Trouville dijeron a El Observador que este verano se ha intervenido en dos mordidas, una en Kibón y otra en la playa Carrasco, pero que el problema más corriente es el intento de ataque.

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Los perros deben ser sacados con collar y, en caso de ser necesario, también deberían usar bozal, según disposición municipal bajo pena de una sanción de 3 unidades reajustables ($ 1.842). La sanción asciende a 5 UR ($ 3.070) cuando la falta ocurre en un paseo público.

No obstante, no se realizan controles porque no hay inspectores en las playas, como tampoco hay en los parques, donde los guardaparques no tienen más potestad que pedirles a los dueños que sujeten a sus mascotas.

La Prefectura, que es la Policía de las playas, tiene a su cargo la responsabilidad de todo lo que ocurra en los 1.700 kilómetros de costa, y perseguir perros es una de las tantas tareas, explicó el vocero de la Armada, Sergio Bique.

El decreto 100/91 del Ministerio de Defensa establece, además, que el dueño responsable de cualquier animal que ponga una pata en una zona habilitada para baños durante el verano puede ser sancionado con una multa de 1 UR ($ 614).

Lo más frecuente es la presencia de perros, pero se ha multado a dueños de caballos que bajan a comer a la playa Buceo, según se explicó desde Prefectura.

Un efectivo de Trouville informó que este año no se han aplicado multas por perros ni se procedió a detener a ninguna persona como se ha hecho en años anteriores, debido a que los dueños de los perros, si bien se hacen “los distraídos”, han respondido de buena manera a los llamados de atención. “Este año hemos tenido buena presencia en las playas y eso ha ayudado a la prevención”, dijo un marinero. Por tal razón calificó a esta temporada como “buena”.

Parásitos
Los perros sueltos en la playa generan problemas de convivencia y de sanidad. No faltan las disputas entre bañistas por perros que gruñen a niños cuando juegan a la pelota o por las heces que dejan en la arena, o las lamidas durante las siestas.

Tampoco faltan las discusiones con los marineros cuando solicitan que el perro sea retirado de la playa. “A veces hay roces. Y hay gente que se vuelve en contra de la autoridad”, señaló el marinero, a propósito de la reacción de algunos espectadores que insisten en que el perro permanezca en el agua.

Desde el punto de vista sanitario, la cartelería instalada por la IMM alerta sobre dos posibles enfermedades que las heces de los perros pueden transmitir a los humanos por la infección de parásitos: la ancylostomiasis y la toxocariasis.

La primera produce hemorragias (tanto en el hombre como en el animal) y por la segunda se desarrollan cuadros digestivos y respiratorios. Los niños son los más vulnerables, puesto que están más expuestos al contacto y hasta ingerir arena contaminada con deposiciones de perros infectados.

Perros de la calle
El problema de los canes en la playa se complica cuando se trata de animales sin dueño. Los perros callejeros se concentran en las playas en verano por la disponibilidad de comida. El resto del año se los ve rompiendo las bolsas que quedan por fuera de los contenedores. Además, es más probable que estos perros padezcan alguna enfermedad.

Los efectivos de Prefectura deben retirar los perros callejeros de la playa. Sin embargo, no tienen una orden clara de qué hacer con ellos. No existe una perrera municipal que pueda recogerlos. Ni es su prioridad.

Bique exhortó a que exista un plan formal de control y extracción de la vía pública de los animales sin dueño. “No es para pasarle la pelota a nadie pero es un tema que en verano es nuestro aunque es consecuencia de que nadie controla a estos animales”, manifestó a El Observador.

La Prefectura de Trouville es, desde hace unos días, el refugio de una cachorrita. “No somos una perrera”, criticó un efectivo. Sin estar obligado, el personal se hará cargo del costo de la castración y de su ubicación con una protectora de animales. “Prefectura no puede llevarse todos los perros. Si no se le exige a la Policía, ¿porqué se nos exige a nosotros?”, increpó.

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