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Incautaciones récord de cocaína en Europa ponen la mira en Uruguay

El director de Aduanas, Enrique Canon, renunció este viernes tras el escándalo por narcotráfico

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03 de agosto de 2019 a las 05:03

Un único contenedor guardaba en su interior una carga cuyo valor de mercado, según las autoridades alemanas, podría haber generado para sus propietarios ingresos por US$ 1.100 millones una vez puesta en las manos de sus consumidores finales. 

 

Un cargamento de 4.500 kilos de cocaína  que la policía confiscó en el puerto de Hamburgo en un contenedor que partió de Montevideo, volvió a poner en agenda el papel de Uruguay como vía alternativa del tráfico internacional de drogas, a solo dos semanas de que se conociera que en mayo un jet privado que salió del aeropuerto de Carrasco transportó con destino a Francia unos 600 kilos del polvo blanco valuado en casi US$ 200 millones. El escándalo generó un revuelo político que derivó en la renuncia del director de Aduanas, Enrique Canon, informó anoche el Ministerio de Economía a través de su página web. Será sustituido en forma internina por Jaime Borgiani.

La investigación de este último cargamento se inició este viernes. La fiscal del caso Mónica Ferrero, intentará determinar si el contenedor fue efectivamente cargado con la droga en Montevideo, o si por el contrario se le sustituyó la carga declarada (soja)  por la sustancia ilegal en alguno de los otros puertos por los que el barco pasó antes de llegar a Hamburgo.
Grimaldi Lines, la compañía naviera italiana que transportó los 4.500 kilos de cocaína a Hamburgo, es la misma que en abril  trasladó al mismo puerto alemán un contenedor con arroz uruguayo que contenía en su interior 400 kilos de droga. En aquella oportunidad, la investigación concluyó que los precintos del contenedor habían sido alterados en el puerto de Santos (Brasil), en donde el barco realizó una escala. 

La firma italiana Grimaldi Lines recorre Buenos Aires, Montevideo, Santos y Dakar (Senegal), antes de ir a Hamburgo. El elemento clave para determinar si la droga fue o no cargada en Uruguay está en los precintos que sellan el contenedor. 

Pero más allá de esa investigación, el caso volvió a poner dudas sobre los controles que se realizan en el puerto de Montevideo, donde la aleatoriedad se combina con un sistema que prioriza la vigilancia de aquellas cargas que presentan mayor nivel de riesgo. Así, el puerto señaliza con color verde a aquellas con nulo riesgo, amarillo para las que presentan un nivel de riesgo moderado  y rojo para aquellas cargas con alto riesgo. 

Las cargas son pasadas por los escáneres del puerto de forma aleatoria, pero aquellas que registran color rojo deben ser revisadas por personal de Aduanas, el cual no solo debe observar el contenido, sino también la ficha de origen y la información sobre el despachante detrás de la carga.  

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Sin embargo, es evidente que el sistema no funciona bien. En setiembre de 2018, personal de la Armada incautó un contenedor con 400 kilos de cocaína escondidos en fardos de lana que estaba a punto de salir de Montevideo con destino a Amberes (Bélgica). 

En aquella oportunidad, el cargamento no había sido controlado por la funcionaria de la Aduana que tenía la responsabilidad de revisar la mercadería,  a pesar de que pesaba sobre ese contenedor un nivel de riesgo rojo. Por esa razón, la mujer fue  imputada por un  delito de omisión y contumacia de los deberes del cargo.

La única razón por la que el cargamento pudo ser detenido y confiscado es porque la Prefectura contaba con información proporcionada por las autoridades argentinas. Aquella investigación derivó en la imputación del despachante de aduana y de otras personas, entre las que se encuentra un hombre conocido como el Turco, que había sido contratado por narcos extranjeros para ocuparse de la exportación del cargamento. Por su trabajo cobraría US$ 800 mil.

Uruguay poroso

La investigación en torno a los 600 kilos que salieron del aeropuerto internacional de Carrasco con destino a Francia dejó entrever falencias en los controles a jets privados en la principal terminal aérea del país. A diferencia de lo que ocurre con los aviones de aerolíneas comerciales, los lujosos vuelos privados nunca son controlados por Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas. 

Según explicó una fuente del Ministerio del Interior a El Observador, los vuelos regulares de las compañías aéreas son siempre informados al personal antidrogas, de modo de que puedan hacer controles en aquellos vuelos que registran mayor riesgo, o en aquellos pasajeros que tienen comportamientos extraños. 

https://www.elobservador.com.uy/nota/fiscal-investiga-caso-de-4-500-kilos-de-cocaina-que-salieron-de-montevideo-201982115940

Pero la policía antidrogas no recibe ninguna información sobre los jets privados o sus pasajeros, y por tanto no se realizan inspecciones. El control del equipaje queda entonces a cargo exclusivamente de personal de policía aérea (dependiente del Ministerio de Defensa) y Aduanas. Los primeros se ocupan de  controlar la carga que sube a un avión que va a salir del país, mientras que los segundos se encargan de revisar el equipaje de aquellos vuelos que llegan a Uruguay.

En el caso de los 600 kilos que salieron del aeropuerto, la fiscalía intenta determinar cómo es que entró la droga al país. Una de las posibilidades es que la cocaína ya estuviera en el  jet privado cuando aterrizó en suelo uruguayo. Sin embargo, el hecho de que los siete pasajeros y tres tripulantes de la aeronave descendieran con 11 bolsos y regresaran con 43 tras haber pasado 48 horas en Uruguay, sugiere que la droga pudo haber sido cargada en el país. 

En tal caso, la fiscalía investiga a dos funcionarios de policía aérea que pasaron por el escáner los 43 bolsos antes de volver a subirse a la aeronave y partir rumbo a Francia. 
En caso de que la droga haya sido cargada en el país, los investigadores también deberán determinar cómo ingresó. Uruguay tiene una frontera seca en dos puntos como Rivera y Chuy que son conocidos corredores del narcotráfico que proviene de Brasil (mayoritariamente marihuana), al tiempo que los controles a nivel del río Uruguay son escasos. 

En Carmelo, por ejemplo, el radar que debe detectar las embarcaciones que ingresan en territorio uruguayo desde Argentina todavía no funciona, algo que la Armada había reconocido en agosto de 2018. El ministro de Defensa, José Bayardi, dijo a El Observador que el radar ya fue adquirido y que quedará operativo a fines de agosto. 

Otra de las vías de ingreso es la aérea. Uruguay cuenta con cuatro radares fijos para detectar aeronaves, uno en Santa Clara del Olimar, otro en Durazno y otro en el aeropuerto de Carrasco, a lo que se suma uno móvil que está apostado en Salto. 

El director de Relaciones Públicas de la Fuerza Aérea uruguaya, Leonardo Blengini, dijo que hay capacidad suficiente para registrar todo el territorio, aunque hay zonas donde los vuelos que se hacen a baja altitud son invisibles.  

El uso de avionetas que vuelan a poca altura y que sueltan desde el aire grandes cantidades de droga ha sido una constante desde la década de 1990.

Más allá de lo que resulte de las investigaciones en torno a los últimos dos grandes cargamentos de drogas incautados en el viejo continente, la policía europea seguirá teniendo presente a Uruguay, una ruta alternativa del narcotráfico global. 

 

 

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