31 de diciembre de 2014 15:52 hs

La economía uruguaya atravesó sin mayores complicaciones un año cargado de retos, particularmente desde el exterior. Mientras las economías de la región se contraían en su conjunto, Uruguay mantenía una digna tasa de expansión. Al mismo tiempo, la inflación, que en los primeros meses parecía el gran desafío de 2014, cierra el año en niveles más bajos que en 2013 y si bien está aún lejos del rango meta, la probabilidad de que asome nuevamente a la barrera de los dos dígitos, es muy reducida.

Eso no quiere decir que el año termine exento de retos. Un déficit fiscal elevado y una pérdida de competitividad acumulada respecto a los principales socios comerciales, limitarán el margen de acción de la próxima administración de gobierno, que asumirá en marzo con dos grandes mojones de política económica por delante: el Presupuesto Nacional y la próxima ronda de Consejos de Salarios.

El 2014 fue un año de grandes cambios en el contexto internacional. El mundo desarrollado, que en los últimos años era motivo de dolores de cabeza para los agentes económicos y los gobiernos, dejaron atrás un largo período sin crecimiento. La economía de EEUU afianzó su recuperación, alcanzando en el tercer trimestre del año su mayor tasa de expansión de los últimos 11 años. La zona del euro, en tanto, superó dos años consecutivos de caída de su actividad.

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El foco de preocupación se corrió, sin embargo, a los países emergentes. La desaceleración de China –que pasó de crecer 7,7% en 2013 a un proyectado 7,4% el año pasado–, se sumó a un escenario de contracción de la economía rusa, que sobre el final del año pasó a convertirse en la principal amenaza para la estabilidad económica global, debido a la conjunción de un bloqueo comercial impuesto por la Unión Europea y la caída en el precio del petróleo.

En América Latina, el contexto no fue más propicio. Las principales economías del Mercosur dejan atrás un año para el olvido. Las expectativas de los principales analistas internacionales relevadas por FocusEconomics en su sondeo mensual LatinFocus Consensus Forecast, proyectan que Argentina habría cerrado el año con un retroceso de 1,1% de su actividad económica. El vecino país ingresó a 2015 con más interrogantes que certezas, en medio de una crisis de deuda todavía sin resolver y un difícil escenario de estanflación en plena contienda electoral.

Brasil tampoco fue una fuente de buenas nuevas. Su economía sumó un año más de estancamiento, con un crecimiento proyectado de apenas 0,2% en 2014, el más débil desde la caída de hace cinco años.

Uruguay siguió creciendo

Con el panorama regional en contra, la economía uruguaya siguió creciendo y si bien su ritmo de expansión fue menor que el del año pasado, la situación contrasta con la del vecindario. La mediana de analistas proyecta una expansión local de 3,3% en 2014, muy por encima del magro crecimiento de 1,1% de América Latina y muy lejano a la caída de 0,5% del Mercosur en su conjunto.

Para este año se espera que la economía local crezca a una tasa muy similar a la de 2014, a 3,1%. Ese incremento se dará de forma más balanceada entre el consumo –que seguirá siendo el principal elemento dinamizador de la actividad uruguaya–, la inversión y las exportaciones.

Si bien se espera que la actividad del vecindario en su conjunto deje de caer, el repunte proyectado es de apenas 0,2%, con lo cual los princpales socios comerciales del país seguirán sin impulsar el crecimiento de la economía local.

La piedra en el zapato

En su exposición durante el Foro Económico de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE), a mediados de diciembre, el presidente del Banco Central, Alberto Graña, dijo que la inflación es “la piedra en el zapato” de la economía uruguaya.

A principios de 2014, la suba de los precios aparecía como un desafío acuciante. En febrero, un registro interanual de 9,8% amenazó con llevar la inflación por encima de la barrera de los dos dígitos. Una política monetaria más contractiva y, por sobre todo, una rebaja y postergación de ajustes de tarifas a partir del segundo trimestre del año, permitieron moderar la suba. La mediana de expertos encuestados por el BCU, espera que la inflación cierre el año en 8,3%.

Si bien la moderación inflacionaria fue notoria entre febrero y diciembre, todavía queda un largo trayecto para que la suba de precios se adentre en el rango objetivo trazado por las autoridades –entre 3% y 7%–, incumplido desde fines de 2010. Incluso si se tiene en cuenta únicamente el componente estructural de la inflación –el más persistente–, los precios suben a una tasa más acelerada, de 9%.

Hay dos grandes factores que dificultan una mayor moderación en el ritmo de aumento de los precios. En primer lugar, la demanda interna sigue aún pujante.El mercado de trabajo permanece en niveles cercanos al pleno empleo –a octubre, la tasa de ocupación (60,8%) estaba por encima de los niveles de 2013–, al tiempo que el crecimiento del poder de compra de los trabajadores se mantiene por encima del de la actividad en su conjunto –4,2% interanual a noviembre–.

De ese modo, no solo la demanda se ve tensionada sino además, por el lado de la oferta, un importante número de empresas traslada a precios el incremento de sus costos laborales. El componente no transable de la inflación –aquel que obedece únicamente a los bienes y servicios que no se intercambian con el exterior y que, por lo tanto, fijan sus precios en el mercado local– recién en octubre se descolgó de los dos dígitos y en noviembre aumentaba a una tasa interanual de 9,6%.

En ese sentido, la próxima ronda de los Consejos de Salarios, que convocará el nuevo gobierno, será una instancia decisiva para la estabilidad de precios. La desindexación salarial –buscada por el gobierno, pero resistida por los sindicatos– y la adecuación de los ajustes reales a una situación económica menos pujante y más incierta, serán los puntos principales.

Un país caro

La inflación no sería un problema tan grave si fuera acompañada por una depreciación tal de la moneda que permitiera mantener la paridad de precios respecto al resto del mundo. El mayor problema es que, si bien el dólar subió 13,8% durante 2014, no alcanzó para compensar la depreciación real de algunos socios comerciales relevantes.

Según estimaciones preliminares de la Unidad de Análisis Económico de El Observador, el tipo de cambio real cerró el año con un aumento cercano a 4%. Eso quiere decir que en términos globales, el país recuperó competitividad en precios durante el último año, aunque todavía está muy lejos de alcanzar los niveles de mediados de 2012.

Al mismo tiempo, esa recuperación del último año esconde una disparidad muy grande entre las distintas regiones. Mientras que la mejora del indicador del tipo de cambio real fue de 10,2% frente a la región, por fuera del vecindario tuvo una caída de 0,4%. Esto quiere decir que para los mercados de fuera de la región –aquellos que concentrarán el crecimiento en los próximos años–, el país se sigue encareciendo.

Al mismo tiempo, los precios de los productos que Uruguay exporta comenzaron a ceder. En el promedio del año a noviembre, el precio de mercado de la canasta exportadora de materias primas uruguayas se ubicó 1,8% por debajo del año pasado.

La fuerte caída en el precio del petróleo durante la segunda mitad del año representó un alivio al respecto. Junto a la suba de la carne, lograron compensar el efecto global que causó el derrumbe en el precio de los granos sobre la economía uruguaya. Sin embargo, el comportamiento de los precios internacionales, en conjunto con la evolución del tipo de cambio y su paridad con el resto de las monedas, serán temas que estarán muy presentes este año en la agenda de analistas y de autoridades de gobierno.

Si bien buena parte del efecto de la suba de tasas por parte de EEUU esperada para el segundo trimestre de 2015 ya está incorporado en los valores actuales, podría introducir nuevos ruidos y volatilidad en los mercados. Se trata de un foco de incertidumbre que se suma a Rusia, Argentina y Brasil, los países a seguir de cerca este año.

El mojón del Presupuesto

Con un déficit fiscal en 3,6% del PIB a noviembre, el nuevo gobierno asumirá con un escaso margen para ampliar el rojo de las cuentas públicas. El próximo Presupuesto será un mojón para la nueva administración, que deberá ejecutar una batería de promesas electorales difícil de compatibilizar con la ajustada situación fiscal.

Los niveles de endeudamiento y los activos de reserva en poder del Estado quitan tensión sobre el panorama fiscal. La deuda neta se encuentra en su nivel más bajo al menos desde 1999 –21,6% del PIB– y la mitad de las obligaciones del sector público no financiero se encuentran en moneda local, protegidas de una eventual depreciación del peso uruguayo.

Sin embargo, ante un escenario de desaceleración local, y con algunas luces de alerta en la región y el resto de los emergentes, 2015 se perfila como un año en el cual las decisiones de política condicionarán no solo el rumbo de la economía en lo inmediato, sino también sus posibilidades en el más largo plazo.

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