21 de agosto 2019 - 5:00hs

Me disculpo con los lectores: renuncio a tratar de explicar por qué el candidato a la presidencia del Frente Amplio terminó balanceándose en un insólito subibaja mediático con “el Gucci”… Prefiero concentrarme en analizar las dos movidas más importantes generadas en la campaña oficialista durante los últimos días.

La primera de ellas refiere al equipo económico. Al menos desde julio de 2004 en adelante, cuando sorpresivamente y desde la sede del BID en Washington, Tabaré Vázquez anunció que Danilo Astori sería su ministro de Economía, la integración del equipo económico es una de las claves más interesantes de la elección nacional. Daniel Martínez, aplicando el manual, arriesgó todo lo que pudo. Reunió a 15 expertos en economía, bajo la coordinación de Pablo Ferreri, mano derecha de Astori en el MEF. En este subconjunto no hay referentes del MPP o del PCU. La señal es muy clara: aunque lo que se propone no es más de lo mismo como veremos en seguida, si el FA llegara a ganar, tampoco habría un giro brusco a la izquierda en la política económica. El anuncio quiso ser un punto de inflexión en la campaña de Martínez y, más en general, en la competencia por retener a los votantes de centroizquierda tan propensos a emigrar en los últimos tiempos. Sin embargo, tuvo un impacto poco significativo en el debate público. Es cierto que el “efecto Gucci” eclipsó parcialmente el efecto publicitario de esta operación. Pero la parte principal de la explicación va por otro lado. Si hubiera que formularla como si fuera una ecuación muy simple diríamos que 15 economistas competentes pero poco conocidos por la opinión pública no equivalen a “un Astori”. En ese equipo faltaron dos nombres que pudieron hacer la diferencia: Gabriel Oddone, acaso el más prestigioso de los economistas vinculados históricamente a la izquierda (y a Martínez) y Mario Bergara, el más centrista de los precandidatos que compitieron con él en junio. El nombre de Oddone circuló pero no prosperó. El de Bergara no llegó a circular: Martínez no puede pretender mantener el apoyo de Danilo Astori y, al mismo tiempo, acudir a Bergara como tabla de salvación. 

La segunda movida fue de carácter programático. En abril, en esta misma página, resumí lo que me pareció más interesante del programa de Lacalle Pou. Me gustaría ahora detenerme a rescatar algunas propuestas de la plataforma electoral que presentó Daniel Martínez el sábado pasado, en la Convención del Frente Amplio que proclamó la fórmula presidencial de la coalición. Es cierto que, en esa oportunidad se escucharon críticas fuertes a la oposición. En la retórica de la campaña oficialista se asimila el discurso opositor con “conservadurismo” o, peor aún, con “retroceso”. No hay nada de qué asombrarse. Estamos en la recta final de la campaña electoral y no hay que esperar que los partidos intercambien elogios. También es cierto que Martínez dedicó el comienzo de su discurso a defender lo hecho por el Frente Amplio a lo largo de sus tres mandatos consecutivos. Pero la mayor parte del discurso, autocrítica mediante de lo que “resta por hacer”, estuvo dedicada a destacar el contenido de la “nueva generación de políticas públicas” en las que viene insistiendo. 

El eje central de la plataforma programática de Martínez es la transformación del sector productivo. Dijo: “Vamos a trabajar para que nuestro país genere las condiciones para agregar tecnología, conocimiento, innovación y sustentabilidad ambiental a su economía, y de esta forma competir mejor en mercados globales”. Para avanzar hacia ese objetivo, además de recoger explícitamente el guante de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay que insiste que se cumpla la promesa de 2014 respecto al presupuesto para Innovación, Ciencia y Tecnología, explicitó siete iniciativas, entre las que destaco: (i) elaboración de un nuevo Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, (ii) implementación de políticas industriales activas de “promoción de los sectores de mayor potencial” y (iii) instalación de “estaciones del futuro, espacios de trabajo que incorporan tecnología y conocimiento mediante las llamadas startups” para exportar conocimiento como “Israel, Japón o Irlanda”. Insisto en algo que ya he venido diseño: esto no es “más de lo mismo” en política económica: estamos asistiendo a un “giro desarrollista” inspirado en la “nueva Cepal”. 

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Otro eje en la plataforma del Frente Amplio es el desarrollo humano. El candidato frenteamplista hizo un largo recorrido por las desigualdades que subsisten en materia de género (“¡ni una menos!”), niñez (“prevención de abuso infantil”), juventud (“soluciones habitacionales”), adultos mayores (“envejecimiento activo”). Prometió fortalecer las políticas para atender a los “otros colectivos que sufren exclusión” (“personas que sufren discapacidad”, “trans”, “afrodescendientes”, “inmigrantes”). Prometió incorporar cambios en la política de seguridad (“policía comunitaria”, “tecnología”, nueva política carcelaria). Y prometió políticas dirigidas a atender el “alto nivel de deserción en la enseñanza media”. Martínez propuso también seguir avanzando en el que fuera anunciado, en su momento, como “buque insignia” del segundo mandato de Tabaré Vázquez: el sistema de cuidados. La modernización de la gestión pública es el tercer eje de la plataforma electoral del Frente Amplio. Martínez propone cambiar la forma de elaboración del presupuesto nacional (haciendo realidad de una buena vez la propuesta del presupuesto por programas de la Constitución de 1967), “tomar decisiones sobre la base de la mejor información disponible”, crear un “Sistema Nacional de Gestión de Proyectos que involucre a los Ministerios y los diversos organismos dependientes de la administración central”, y reforzar “las capacidades de evaluación del Estado”. 

Martínez se mueve. Hace todo lo posible. Pero el barco frenteamplista sigue haciendo agua por todos lados. 

 

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