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Insensatez sindical

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04 de febrero de 2020 a las 05:02

El paro que afectó el viernes el funcionamiento de Tres Cruces, la terminal de ómnibus más importante de país, revela la miopía del movimiento sindical cuando abraza causas que son indefendibles.

Fueron miles los pasajeros que el viernes tuvieron serios inconvenientes para abordar en tiempo y forma sus respectivos ómnibus por una medida sindical exagerada, brutal y prepotente. 

Una medida que lo único que logró fue incrementar el hastío de la población con algunas medidas irracionales del PIT-CNT.

Una democracia robusta necesita de sindicatos fuertes e inteligentes que luchen por sus derechos y reclamen condiciones para sus trabajadores en un marco de lógica convivencia ciudadana. 

Cuánto más astutos los sindicatos en manos de dirigentes sabios y convencidos, mejor para la sociedad en su conjunto. El problema es cuando los desequilibrios vuelcan el plato de la balanza groseramente hacia un lado.

Eso fue lo que ocurrió el viernes en la terminal de ómnibus de Tres Cruces. La Unión Nacional de Obreros y Trabajadores del Transporte (Unott) había decretado un paro de 24 horas que afectaría a los servicios de transporte interdepartamental entre la hora 0 del viernes y la hora 0 del último sábado de enero. En los hechos las medidas duraron menos.

El sindicato definió la medida luego de que la empresa de transporte Nossar ratificó en una tripartita el despido del presidente del sindicato “por notoria mala conducta”. Expulsar al presidente de un sindicato puede sonar gravísimo a primera vista.

Sin embargo, las explicaciones que brinda la compañía son fulminantes y no fueron rebatidas. El trabajador fue despedido por sus “permanentes inconductas, donde se destacan en los últimos ocho meses: tomarse a golpes de puño en uno de los locales de la empresa con un funcionario que antes había renunciado al gremio, proferir amenazas al personal jerárquico de la empresa, como cúmulo de la constante arenga contra los mismos”. 

A la vez se lo acusa de chocar un móvil de última generación por manejarlo sin permiso y de “no respetar los itinerarios en ruta, salteando agencias, dejando pasajeros sin atender y sin entregar ni retirar encomiendas”. También, de protagonizar el vuelco de un coche con 16 pasajeros, en una ruta en reparación por la que transita usualmente: “En la ocasión, no respetó ni la señalización ni la velocidad máxima permitida (30 km/h), dejando una frenada de ochenta metros antes del vuelco, que comprueba su excesiva velocidad”.

Estas acciones gremiales defendiendo casos ridículos son los que dañan la ya gastada relación del sindicalismo con la ciudadanía no sindicalizada. 

El caso relatado es triste y debería provocar un serio debate introspectivo en el movimiento sindical, siempre tan atento a señalar con el dedo los errores de los demás, pero nunca dispuesto a mirarse en el espejo de sus contradicciones increíbles. 

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