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Italia: un presupuesto conflictivo

Una economía que parece no poder evitar la opinión internacional 

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02 de noviembre de 2018 a las 05:00

En las dos últimas décadas, Italia ha sido  una de las economías que menos ha crecido entre los países industriales. En 1997, ocupaba el lugar 18 entre los de mayor nivel de ingreso por habitante en el mundo, diez años después su posición bajó diez lugares y en el año pasado volvió a bajar cinco lugares más. En parte por ello, es que desde la crisis del 2008, la deuda pública pasó del 99,8% al 132,1% del PIB, para ser la segunda más alta de Europa después de Grecia.  

Las reglas presupuestales de la Unión Europea (UE) establecen un máximo del 3% del PIB para el déficit fiscal y de 60% del PIB para la deuda pública. Es por ello que, teniendo en cuenta la falta de dinamismo que hasta ahora ha tenido la economía, para lograr un progresivo descenso de la deuda pública, el déficit fiscal de Italia tiene estar muy por debajo del tope del 3% del PIB. Por ello es que el anterior gobierno y las autoridades de la UE acordaron una meta de déficit fiscal del 0,8% del PBI para el año próximo. 
Pero el gobierno en funciones desde el pasado mes de mayo fue electo, entre otras razones, por su prédica euro escéptica y en especial por su promesa de una política fiscal expansiva, basada en la aprobación de un ingreso universal, la baja de la edad de retiro y una disminución de los impuestos sobre ciertos sectores de la población. Fue sobre estas bases que a principios del pasado mes de setiembre, el nuevo gobierno preparó el presupuesto para el año próximo. 

Las reglas presupuestales de la Unión Europea (UE) establecen un máximo del 3% del PIB para el déficit fiscal y de 60% del PIB para la deuda pública.

El programa prevé la aprobación de una renta ciudadana universal de € 780 mensuales, que agregará € 10.000 millones de gasto al programa social que hasta ahora alcanzaba a 270 mil familias que reciben € 300 mensuales.  
También incluye la rebaja de la edad de retiro de 68 a 62 años para ciertas categorías de trabajadores, que habrá de favorecer a unas 400 mil personas, con una erogación adicional de € 7.000 millones. Hay además una rebaja del impuesto a la renta para aplicarse a pleno a partir del 2021, con un costo de unos € 2.000 millones y una amnistía para algunos deudores morosos de impuestos. El efecto de estas medidas será un déficit fiscal del 2,4% del PIB, muy por encima del anterior 0,8% comprometido con la UE. Como una concesión, el gobierno aspira a rebajar ese desnivel al 2,1% para el 2020 y 1,8% para el 2021, en base a una  proyección de crecimiento del PIB del 1,5%. Con base en esta política fiscal, las autoridades esperan inducir un mayor ritmo de crecimiento de la economía que el de las últimas décadas.  
Pero esta movida despertó una opinión unánime en contra.  

La Comisión Europea (CE), que es la encargada de la supervisión de la política fiscal de los países miembros, consideró que el desvío del proyecto de presupuesto con relación a los compromisos previos era una violación “sin precedentes” en la historia de la UE. También el FMI se pronunció en el mismo sentido, pidiendo una prioridad para la baja de la deuda pública. 

Moody’s reaccionó rebajando la calificación de la deuda pública en un grado, al nivel Baa3, solo un escalón por encima del grado de inversión, aunque manteniendo a la perspectiva como estable. Por su parte, Standard & Poor´s redujo la perspectiva de la deuda de estable a negativa, aunque mantuvo la calificación en el grado inversor BBB, con posibilidad de una rebaja en los próximos seis meses. 
Pero en respuesta a esta oposición, el gobierno italiano ratificó su proyecto de presupuesto. Entonces, el 22 del mes pasado, la CE rechazó formalmente dicho presupuesto, pidiendo una revisión del programa de gastos para adecuar el resultado fiscal a los compromisos previos en materia de déficit y deuda. Roma tiene entonces un plazo que vence a mediados del mes próximo para definir una nueva respuesta. 

Hasta aquí los hechos. En adelante, lo primero que parece previsible es que el gobierno de Italia habrá de mantenerse firme en la defensa de su proyecto de presupuesto. En este caso, la CE podrá iniciar un proceso de “déficit excesivo” en contra de Italia, hasta imponer una multa. No obstante, también puede que ello no ocurra, teniendo en cuenta que en años anteriores las faltas presupuestales de España, Portugal, Francia y Alemania no tuvieron mayores consecuencias.    

La Comisión Europea (CE), que es la encargada de la supervisión de la política fiscal de los países miembros, consideró que el desvío del proyecto de presupuesto con relación a los compromisos previos era una violación “sin precedentes” en la historia de la UE. También el FMI se pronunció en el mismo sentido, pidiendo una prioridad para la baja de la deuda pública. 

Pero ante una u otra eventualidad, los mercados financieros ya están opinando. La prima de riesgo de la deuda pública de Italia ha venido aumentando y aunque con fluctuaciones, está en estos días por encima de los niveles del 2014. Ello tendrá una incidencia al alza sobre el costo del endeudamiento público, teniendo en cuenta que el año que viene Italia debe emitir  € 250.000 millones de deuda. Otro dato desfavorable es que la cotización de las acciones de los bancos está a la baja, entre otras razones por su importante tenencia de deuda pública.

Quizá por un tiempo la inquietud de los organismos internacionales, las agencias de calificación y los mercados financieros no tenga mayores consecuencias sobre la estabilidad de la economía. Italia tiene a la vez un superávit en cuenta corriente y en el resultado fiscal primario y la mayoría de la deuda pública está en poder de residentes. Por lo tanto, no enfrenta los mismos apremios que en el caso extremo de Grecia, al principio de esta década. 

Quizá por un tiempo la inquietud de los organismos internacionales, las agencias de calificación y los mercados financieros no tenga mayores consecuencias sobre la estabilidad de la economía.


Pero más allá de esta peculiaridad, no parece que en el mundo tan inestable de estos días, una economía con las debilidades de Italia pueda ignorar como si nada a la opinión financiera internacional. Una de dos: o Di Maio y Salvini dan un muy improbable vuelco a la Tsipras o los riesgos de una inestabilidad financiera importante pueden terminar con Italia afuera del euro, con un futuro muy complicado y una perturbación de proporciones en Europa. 

 

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