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Joe Biden y su sello latino: ¿hay una nueva oportunidad para América Latina?

El nuevo presidente de Estados Unidos, con un gabinete con récord de latinos y la promesa de reconectar con el mundo, ofrece otro marco para las relaciones con la región

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24 de enero de 2021 a las 05:00

Empeñado en restaurar el alma de su país, como dijo en su discurso de juramentación, tras el frenético y divisor período de Donald Trump en la Casa Blanca, las primeras señales de Joe Biden parecen ser más que un guiño para la primera minoría de su nación, esa que está integrada por 60 millones de "hispanos": que equivale a la mitad de la población de su vecino del sur, México, el país con más hablantes en español.

Cerca de 20 millones de latinos votaron en las elecciones del 3 de noviembre y un 70% lo hicieron por el candidato demócrata, que, sin embargo, perdió Florida, donde Donald Trump recibió un fuerte apoyo, en particular de la arraigada comunidad cubana y de la cada vez más nutrida colonia venezolana.

Hay gestos y políticas en los primeros pasos de Joe Biden en relación al ámbito latino de su país.

Un gesto, colocar entre los retratos familiares, a sus espaldas en la Oficina Oval, el busto de César Chávez, el líder sindical de origen mexicano que organizó y movilizó el campesinado en California en los años 60 del siglo pasado, en el contexto de las luchas civiles.

Otro gesto, que Jennifer Lopez, J.Lo, la estrella neoyorquina de origen puertorriqueño, brillara entre las artistas invitadas a la investidura del 46 presidente de Estados Unidos, una ceremonia, por cierto, que atrajo a 39,87 millones de personas en las principales redes y canales de cable, un aumento del 4% con respecto a lo que Trump obtuvo en 2017, según Nielsen Company. Después de la derrota electoral, también perdió el rating. ¿Otro "fraude"?

Un gesto más, que el portal de la Casa Blanca reactive su sección en español que fue instaurada por republicano George W. Bush y había sido mantenida por el demócrata Barack Obama

Las decisiones políticas, como la paralización del muro que Trump ordenó levantar para impedir el paso de los inmigrantes, —que en clave de humor popular México ahora aceptaría de buen agrado, y también Canadá, pero para impedir el paso de la turba que tomó el Capitolio el 6 de enero, como circuló estos días por las redes— , Biden agregó su propuesta de reforma migratoria para regularizar a cerca de 11 millones de indocumentados.

Una propuesta que obligará a Biden a hacer uso fino y sostenido de su curtido oficio político en el que se adentró hace más de medio siglo. Para ser aprobada en el Senado, la reforma requiere 60 de los 100 votos de la cámara, con lo cual será indispensable contar con el voto republicano o de una parte de ellos. 

El alma, al fin y al cabo, se deberá restaurar para todos y con todos. No se trata por tanto tan solo de desmontar lo que dijo e hizo su predecesor sino de que Biden, y los demócratas, sean capaces de construir los consensos y apoyos bipartidistas para que las decisiones políticas puedan convertirse en señales institucionales y perduren en el tiempo. En esa ruta, Biden deberá sortear muchas piedras en el camino: la primera de ellas el segundo juicio político a Trump que impulsó la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes.

Antes de llegar

Durante la tensa transición al poder en este crispado Estados Unidos de la tercera década del siglo, Biden fue anunciando un gabinete con una presencia récord de latinos. 

Eligió a Xavier Becerra, hijo de inmigrantes mexicanos y el primero en su familia en ir a la universidad, como secretario de Salud, un área sensible para esos millones de latinos que tienen la cobertura médica como una de sus primeras preocupaciones; puso en en el Departamento de Seguridad Interior (DHS), que vela por la seguridad fronteriza a Alejandro Mayorkas, nacido en Cuba; y en la secretaria de Educación a Miguel Cardona, un profesor nacido en Connecticut, de origen puertorriqueño.

Biden había sumado previamente a su campaña como asesora principal de alcance latino a Julie Chávez Rodríguez, nieta de César Chávez, quien había servido para la administración Obama entre 2008 y 2016. 

También la jefa de gabinete de la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, tiene sello latino: Julissa Reynoso, nacida en República Dominicana, que fue embajadora de Estados Unidos en Montevideo entre 2012 y 2014 y antes subsecretaria de Estado Adjunta para Latinoamerica 

"Los gestos del presidente Biden señalan una nueva apertura de la Casa Blanca para involucrar a la comunidad latina de Estados Unidos", dijo Arturo Vargas, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados (NALEO). 

Clarissa Martínez, vicepresidenta de UnidosUS, una asociación que defiende desde 1968 los derechos de los latinos en Estados Unidos, destacó que las señales de inclusión de Biden son "un reconocimiento de la contribución que los latinos hacemos todos los días, hombro con hombro con otros compatriotas, por el progreso del país".

"Y esto es particularmente importante porque esta comunidad ha experimentado mucha demonización en los últimos cuatro años", subrayó.

Un mensaje al mundo

En su discurso inaugural, de poco más de 20 minutos, Joe Biden prometió recuperar las alianzas de su país y reconectar con el mundo.

En sus primeras horas en la Casa Blanca, ha dado los primeros pasos: volver al Acuerdo de París, retomar su presencia en la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el apremiante contexto de un "virus mortal" que está lejos de ser vencido e incluso la prórroga "in extremis", expiraba los primeros días de febrero, por cinco años del tratado de desarme nuclear con Rusia que limita, entre otros aspectos, el número de ojivas de los dos países.

En este giro, de alguna manera de regreso a la política tradicional de la gran potencia que es Estados Unidos, de retomar su liderazgo "con el poder de su ejemplo", como dijo Biden, ¿habrá una mejor oportunidad para América Latina? ¿O el ingente peso de las enormes tareas internas, con su honda fractura como lo evidenció el tumultuoso período de Trump y su capítulo final del 6 de enero, impedirá una interrelación más fructífera con la región?

La agenda de Biden dibuja un marco común para la cooperación en aspectos cruciales como la democracia y el medio ambiente; también los derechos humanos y el desarrollo económico. También, y con más imperante urgencia, la cooperación para combatir la pandemia.

La carta que el presidente argentino Alberto Fernández le envió a su hómologo estadounidense establece manera precisa esa esfera de relaciones.

"Se trata de consolidar una esperanza realista que contibuya a profundizar una democracia con pleno respeto al desarrollo humano integral , la preservación de nuestra 'causa común ambiental' , la inclusión de los más postergados a más amplios niveles de justicia a través de esfuerzos públicos y privados, la lucha contra el crimen organizado y la consolidación de la transparencia e integridad, con pleno respeto a los derechos humanos".

Conocedor de la realidad latinoamericana, viajó a la región 16 veces como viepesidente de Obama, Biden designó a Roberta Jacobson, una experimentada diplomática, en el Consejo de Seguridad Nacional para supervisar temas de migración y seguridad. Jacobson, que presidió en 2015 las conversaciones para el restablecimiento de relaciones con Cuba, es vista como una funcionaria capaz de establecer un nuevo diálogo fronterizo, en particular con México y cuando ya anda en camino una nueva ola migratoria desde Honduras.

México y Brasil, gobernados por hombres que "conectaron" con el estilo trumpista, tienen especial relevancia en una agenda para la región, por su población, peso económico e influencia, y donde la migración, en un caso, y la política ambiental, en el otro, serán aspectos espinosos, fuente de controversia pero también oportunidad para la negociación y el acuerdo.

En un artículo en The New York Times, Vanni Pettiná, profesor del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México, al analizar las oportunidades para Estados Unidos y América Latina recuerda la política exterior del presidente Jimmy Carter (1977-1981) quien inentó plantear de forma más paritaria las relaciones con los países de América Latina, con énfasis en los derechos humanos y la cooperación, y en cuyo período, por ejemplo, se firmó la devolución del canal de Panamá al gobierno de su país.

Y optar, entonces, por un modelo que se aleje del unilateralismo y la excpecionalidad.

"El nuevo presidente tiene la oportunidad de recordar que el pasado ofrece modelos para interactuar con la región que pueden ayudar a fortalecer la institucionalidad democrática", señala el texto.

¿Asumirá esa vía Biden, alejada de la Doctrina Monroe? ¿Retomará los acuerdos con Cuba que adelantó Obama mientras él era vicepresidente? ¿Podrá liderar una nueva alianza en torno al caso Venezuela que supere los esfuerzos agotados del Grupo de Lima y de las propias sanciones de Estados Unidos? Y, finalmente, ¿le alanzará el tiempo?

(Con información de AFP)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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