13 de junio de 2013 15:14 hs

Una jornada que se realizó para difundir aspectos prácticos para el manejo y la utilización de pasturas permitió apreciar “una demanda genuina de un grupo de jóvenes por actividades que los siga enriqueciendo, con cosas nuevas para algunos y que mejoran los conocimientos de otros”, destacó a El Observador Santiago Lombardo, ingeniero agrónomo del Instituto Plan Agropecuario (IPA), encargado de brindar la capacitación.
La actividad, organizada por el IPA y el Grupo de Jóvenes de la zona “Los sin querencia” –pertenece a la Federación Rural de Jóvenes–, se realizó el martes de esta semana en la Escuela Agraria San Ramón (km 77,5 de la ruta 6), con unos 30 participantes.

Lombardo, quien admitió que en estas actividades el profesional también se enriquece, dijo que “lo mejor que encontré fue una avidez por saber más que me dejó muy contento”, algo que se suma a la colaboración que los jóvenes tuvieron para organizar todo, desde promover la jornada a conseguir materiales e información, “y eso realmente fue un gusto verlo”.

Eficiencia en el manejo

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En esta actividad se apostó, en la actividad teórica y en la práctica, a brindar información sobre el manejo de las pasturas, sobre todo de praderas, “para que duren más, que produzcan más, enfocándonos en todo lo que se puede hacer mediante el manejo para mejorar la productividad y la persistencia de las pasturas”, indicó Lombardo al concluir la jornada.

Añadió que “hablamos mucho de la asignación de forraje como uno de los principales factores que definen cómo va a ser la utilización y cómo van a ser los consumos de los animales”.

Se habló de la oferta de pasto a los animales, la utilización en cada caso, cómo evaluar si están a una baja, media o alta asignación de pasto, y qué repercusiones tiene esa oferta de pasto tanto sobre la producción como sobre la pastura, entre otros aspectos.

La actividad incluyó, sobre el final, una tarea a campo sobre la presupuestación de pasto.

“Mediante diferentes métodos, por corte, regla y plato de levante, estimamos la oferta de pasto en el potrero, estimamos por diferencia cuáles son los consumos de pasto que deberían tener esos animales y ajustamos las franjas para determinadas ofertas, para que los animales utilicen determinada cantidad de pasto y se den los consumos que se desean”, dijo.

Lo que la Escuela quiere

Nélson Majerczyk, director de la Escuela Agraria “Carmen Piñeyro de Tapié”, enfatizó que con esta actividad “se cumple lo que la Escuela quiere: darle la mayor autonomía posible a los muchachos, a los estudiantes, para que vinculen la academia con la escuela y con el mundo civil, con el mundo de trabajo”.

En ese marco, explicó, se logra que los adelantos tecnológicos, las nuevas tendencias en lechería, en lo agronómico, “lleguen de la mano de profesionales sean por ejemplo del Plan Agropecuario, del INIA, de la Facultad de Agronomía o de la de Veterinaria, de la Udelar en general, que la academia llegue a la UTU que como medio técnico es muy importante”.

Si se necesitaron 300 años para que las exportaciones de carnes logren US$ 1.000 millones, hay que valorar que solo pasaron unos 75 desde que se fundó Conaprole “y el conjunto lácteo del país exporta alrededor de US$ 700 millones, creciendo a un ritmo anual del 3%; nada es lineal cuando se debe a lo biológico y meteorológico, pero debemos ponerle pienso y tecnología a nuestra idiosincrasia para mejorar nuestra cultura de a poquito con insumos de todas partes apoyando a los jóvenes, eso es lo que más nos interesa”, destacó Majerczyk a El Observador.

Dos de los jóvenes presentes en la actividad, Mario Arrascaeta y Pablo López Linares, ambos egresados de esta Escuela y miembros del grupo “Los sin querencia”, agradecieron lo que les enseñó Lombardo y explicaron que estando en una cuenca lechera muy importante tienen la necesidad y las ganas de seguir capacitándose, así surgió la inquietud de hacer algo abierto a otros estudiantes e incluso a jóvenes de la zona que estén vinculados a la lechería.

“Nos vamos con enseñanzas, pudimos profundizar, por ejemplo conocía un método para medir pasturas y ahora conozco otros”, manifestó Mario, quien ganó una beca y trabaja como pasante en la Escuela. Pablo, quien ahora estudia en la Facultad de Veterinaria y trabaja en establecimientos de la zona, señaló que “nos queda además la satisfacción de haber aportado algo a otros jóvenes”.

Ambos coincidieron en que desde esta Escuela los jóvenes salen bien preparados, aptos para trabajar de inmediato, señalando que por algo desde tambos e industrias vienen a buscar gente para emplear y que, además, los jóvenes egresan con la mentalidad del valor que tiene seguir aprendiendo.

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