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Juan Manuel Sanabria, otro uruguayo en Atlético Madrid

El floridense se formó en Nacional y logró un nivel que le permitió llegar temprano al fútbol europeo 

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04 de agosto de 2019 a las 05:01

La lista de uruguayos en Atlético Madrid es larga. Marcelo “Pato” Sosa, Diego Alonso, Lionel Pilipauskas, Gonzalo De los Santos, Eduardo Belza, Diego Forlán y Diego Godín son algunos de los que se pusieron la camiseta rojiblanca en distintos momentos, y ahora encuentra en el primer equipo a José María Giménez y a un nuevo representante de los juveniles de la AUF: Juan Manuel Sanabria. 

En enero de 2017, cuando el futbolista tenía 16 años, el club español cerró un acuerdo con Nacional, donde se formó. Sin embargo, el jugador no firmó contrato hasta después de cumplir la mayoría de edad. Fue en julio de  2018 cuando “la perla” -como lo definió la prensa española- firmó oficialmente con el club madrileño y viajó a España. 

Sus primeros partidos en Europa, en el segundo semestre de 2018, fueron en la categoría sub 20 del club, participando en la Liga y en la Youth League (la Champions juvenil). El jugador fue cauto cuando tras ser consultado sobre la posibilidad de integrar el plantel de primera: “Veremos en la próxima temporada si me gano un lugar en la filial, y más adelante, si todo sigue bien, llegará primera”, había dicho en enero a Referí, cuando había llegado a Montevideo para entrenar con la selección sub 20. 

Lejos de esperar, Diego Simeone, el entrenador rojiblanco, lo convocó para los entrenamientos de esta pretemporada y lo mandó a la cancha en la International Champions Cup, un torneo amistoso internacional. 

Juan Manuel Sanabria titular ante MLS All Sta

Sanabria entró para el segundo tiempo del partido en que Atlético Madrid jugó ante Guadalajara de México, en Texas, Estados Unidos. Tras el empate 0-0, en la definición por penales el jugador nacido en Florida pateó uno de los penales y convirtió.

Cuando hace un año el juvenil llegó al equipo se encontró con varios uruguayos: Diego Godín, José María Giménez y Emiliano Velázquez, con quienes se juntaba a cenar y construyó una buena relación. Ahora, en esta limitada lista de uruguayos en el equipo colchonero, solo queda Josema, el zaguero que, pese a sus 24 años, es uno de los referentes de la institución. El otro uruguayo es Óscar Ortega, el preparador físico del equipo. 

Un deportista integral 

Sanabria hizo el baby fútbol en Nacional de Florida y antes de pasar a la cancha grande viajó a Montevideo. Hizo preséptima en el equipo que entrena en Los Céspedes y dejó a los tricolores solo para pasar al fútbol europeo, antes de llegar a debutar en la primera división. 

El jugador viajó todos los días, durante años, desde Florida al complejo deportivo de Los Céspedes en un micro que la institución contrataba para que los jugadores llegaran directo al lugar de entrenamientos. 

Ese esfuerzo estaba acompañado por su sentido de la responsabilidad. Jugar al fútbol, con un objetivo en mente, implica dejar de lado los cumpleaños de 15 y las salidas a bailes, y cuidarse en los asados y las cenas con la familia. A pesar de su corta edad, Sanabria lo entendió y manejó esas situaciones con madurez, según contó Rudy Rodríguez, uno de sus entrenadores en las formativas de Nacional.

 

“Es un chico súper tranquilo, que con una serenidad para encarar cada una de las dificultades que hay en el deportes. Te toca ganar, pero también te toca perder, y él siempre, aún en los momentos que le tocó perder, lo hizo con hidalguía, entregándose hasta último momento, pero siempre respetando a los rivales”, lo describió el entrenador que lo dirigió en la Copa Libertadores sub 20 ganada por Nacional, torneo que Sanabria jugó con 17 años.

“Era un jugador muy comprometido con el entrenamiento”, dijo Sebastián Taramasco, el coordinador de las formativas de Nacional que siguió su crecimiento desde séptima. 

El jugador se destaca en todos los aspectos que lo hacen futbolista. “Era un buen estudiante, responsable, muy buen compañero, de perfil bajo. Era un jugador que desde el punto de vista disciplinario era excelente, muy solidario al momento de entrenar y de jugar, y muy querido en el grupo”, recordó Taramasco de su paso por los tricolores. 

“Eso le sirvió para formar una imagen de un jugador en todo sentido: él te va a dejar bien representado no solo por lo que juega sino por lo que es como deportista, como ser humano”, destacó Rodríguez en ese sentido. 

El bandido del campito

La madurez y su nivel cultural, que destacan ambos entrenadores, lo llevaron a que se pudiera adaptar rápidamente a lo que el fútbol europeo requiere. 

“La pelota siempre va por el piso, las canchas están mojadas y te obligan a jugar muy rápido. En Europa debés pensar a dos toques. En Uruguay tenemos un tiempo más y las canchas son más lentas. Eso lo sufrí al comienzo, también porque las prácticas se hacen en espacios muy reducidos, entonces te obligan a pensar rápido”, dijo en enero el jugador, luego de pasar los primeros meses en el viejo continente. 

Rodríguez también es de Florida y lo conoce a Sanabria de allí. El exentrenador de Nacional, que ahora es captador de Defensor Sporting, lo recuerda como un jugador que desde chico se destacó por una gran capacidad para manejar la pelota y que tenía “la típica bandidada de los campitos”. 

“Hoy se adaptó a la dinámica de juego en el mundo. Con un desprendimiento rápido del balón, teniendo un panorama claro del juego, con capacidad física a pesar de ser un jugador delgado”, comentó. Sanabria es agresivo en la marca, tiene una gran capacidad aérobica y un ida y vuelta admirable, según Rodríguez. 

Taramasco lo define de forma similar y dijo que en Nacional era un jugador polifuncional. Cuando lo conoció en la séptima jugaba por la banda izquierda, en la selección —donde pasó por todas las categorías juveniles— lo hizo de doble cinco y en los tricolores terminó jugando de diez. 

El apoyo de la familia

La familia Sanabria-Magolé fue clave para orientarlo en su disciplina, en los estudios y en el respeto hacia los demás. “Eso le sirvió para formar una imagen de un jugador en todo sentido: él te va a dejar bien representado no solo por lo que juega sino por lo que es como deportista, como ser humano”, señaló Rodríguez. 

Su entrenador destacó que su familia lo llevó a lograr todo lo que logró en su corta edad. Y a mantener “la misma humildad como cuando el primer día vino desde Florida a Nacional”. 

En el mismo sentido, Taramasco resaltó que la familia siempre priorizó su formación, sus estudios y su conducta. Recordó que en cuatro años de relación con el futbolista, sus padres nunca le hicieron un pedido especial ni debió hablar con ellos por algún problema. 

Los trabajos del volante en Nacional, en todas las categorías de la selección uruguaya, las convivencias en los hoteles, las horas de espera en los aeropuertos, las diferentes competencias internacionales en las que participó y los distintos compañeros que tuvo ayudaron a su madurez. Y eso se traslada a la cancha en partidos como el que jugó con Atlético Madrid cuando tuvo que patear en la definición por penales. “La serenidad con la que lo ejecutó era digna de una personas de 28 años”, remarcó Rodríguez. 

A Taramasco no le llama la atención lo que está logrando en el mercado europeo. “Si no lo conociera, me llamaría la atención. De otro jugador me sorprendería que estuviera en el Atlético Madrid haciendo la pretemporada, entrando en los partidos amistosos. Es un chico que permanentemente va derribando obstáculos y va cumpliendo los objetivos”, destacó. 

Rodríguez, en tanto, también se pone contento con el presente de Sanabria en Europa adonde cree que llegó “en base a sus condiciones”, pero porque “le puso todo lo otro”. “Hay gente que tiene las condiciones futbolísticas, pero no tiene todo lo demás que hacen que el jugador llegue a la competencia de elite”. 

Sanabria sacó provecho en cancha de toda la disciplina, que, quizás, es tan importante como saber pegarle a la pelota. Cuando ya estaba vendido al Atlético Madrid y esperaba que le confirmaran la fecha de vuelo, el floridense tenía sus última prácticas en Nacional. Pero a una debió pedir permiso para faltar: tenía el último parcial del sexto de liceo.

 
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