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La alcaldesa de Livramento desafía a Bolsonaro en la lucha contra el coronavirus

En Santana hubo 14 casos de coronavirus y en Rivera solo uno, preocupa la circulación entre quienes viven de ambos lados de la frontera

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26 de abril de 2020 a las 05:03

El presidente Luis Lacalle Pou mira con “alguna preocupación” la situación del coronavirus en Río Grande del Sur. Y por lo que allí ocurre, se han encendido algunas “luces amarillas” en el gobierno uruguayo, dijo en una reciente conferencia de prensa. 

Mientras el presidente Jair Bolsonaro sigue minimizando el riesgo de la epidemia y llamando a la gente a salir a la calle, en Livramento, una ciudad unida como si fuera una con Rivera, ya se registraron 14 casos de covid-19. Rivera, en cambio, apenas tuvo uno y fue un hombre llegado de Montevideo que ya no está en la ciudad. 

El tránsito entre Rivera y Livramento es libre, como siempre. A pesar de que existe un cierre de frontera entre los dos países, éste no alcanza a las ciudades binacionales.

Mari Machado, la alcaldesa (prefeita) de Livramento, admite que es "un problema tener un conflicto de autoridades que piensan diferente a nivel nacional, estadual y municipal" porque "la salud no puede quedar a merced de las disputas políticas", por eso no duda es escuchar a los científicos y actuar en consecuencia en su departamento.

Nacida en Uruguay, dice que siente saudades de pasear por 18 de Julio, Machado evalúa que la situación no es mala, pero que el momento más complicado llegará con el invierno. 

"Aquí –comienza la alcaldesa- tenemos una situación diferente al Uruguay, por ser un país con una organización federal. El Supremo Tribunal Federal reconoció la autonomía de los estados y de los municipios para fijar su reglamento sanitario, de acuerdo con su realidad local. Yo aquí puedo establecer normativas mediante decretos. Y cada municipio está haciendo el suyo, de acuerdo a su realidad".

Aún así, Machado acaba de habilitar la reapertura de los comercios, restaurantes, bares y gimnasios de su ciudad, aunque con medidas obligatorias de protección y distanciamiento. 

Dos días después de que conversara con El Observador, Machado se hizo el test por tener síntomas de coronavirus y este domingo de noche se conoció el resultado que dio negativo.

¿Usted qué normativa sanitaria sigue? ¿La del gobierno federal, la del gobernador de Río Grande o la suya propia?

Las mías (se ríe). Y nos está yendo bien por ahora. Tenemos 12 casos confirmados. Vamos a adquirir tests para hacerle a la población. No a todos, pero sí para hacer un muestreo. Y nos estamos preparando para el invierno, que es un período más complejo. Cuando el 16 de marzo se presentó el primer caso, hice un decreto restrictivo de la actividad durante un mes. En esos 30 días teníamos que estructurar el hospital para recibir a los enfermos. Y así se hizo. Un día después, el 17 de abril, hicimos un nuevo decreto que flexibilizó las restricciones al comercio. Pero dejamos bien claro que si cambia la situación, esto puede volver atrás y se puede restringir todo otra vez.

¿Qué actividades se habilitaron y cómo?

Se autorizó a funcionar a los comercios, bares y restaurantes. Pero con la obligatoriedad de tomar medidas de distanciamiento, no puede haber aglomeraciones y es obligatorio usar la mascarilla en todos los lugares. Se les dejó bien claro a los empresarios que todos somos responsables de no favorecer la epidemia y los contagios. Los empresarios tienen que obligar a usar la mascarilla para entrar a sus comercios. La gente tiene que usarla. Las reglas son muy claras. 
En el primer decreto había prohibido la de llegada de excursiones de turistas en ómnibus, y eso fue mantenido. Eran 50 o 60 ómnibus que llegaban cada fin de semana, y tanto Rivera como Livramento quedaban llenas de gente de otros estados de Brasil. Con esta medida inhibimos la llegada del virus de otras regiones.

La prensa de Livramento informó de varias reuniones que usted mantuvo con los representantes del comercio de la ciudad. Todos sabemos lo importante que es el comercio en la frontera. ¿La presionaron mucho para reabrir la economía?

No lo viví como una presión. Un gestor tiene que tener datos de todos los sectores de la sociedad. Yo me reuní con ellos, pero también con autoridades sanitarias, académicos, gente de todas las religiones. Es lo normal. Un gobierno que dialoga siempre es mejor que uno que decide solo. 

También habilitó los gimnasios.

Con un reglamento. Poden funcionar con solo 30% de su área ocupada, con mascarillas, sin realizar ejercicios de impacto, ni de grupo, ni aglomeraciones.

¿Cómo se compatibilizan las medidas que toma usted con las de Uruguay, tomando en cuenta que Rivera-Livramento son una única ciudad?

Aquí somos todos ciudadanos fronterizos y no podemos cerrar la frontera. La frontera continúa abierta. Las ciudades no tienen ningún impedimento de tránsito. Lo que hemos buscado con la intendenta Alma Galup es que las medidas sean semejantes. Aunque Alma no puede sancionar decretos como yo, ella busca hacerlo a través de orientaciones. Ella orienta a usar la máscara, a mantener el distanciamiento social, que las personas se queden en casa y solo salgan a la calle solo si es estrictamente necesario. Y eso viene ocurriendo de una buena forma.

¿Cómo es la situación en otros municipios del sur de Río Grande, como los de Bagé y Pelotas?

Algunos no tomaron las medidas de contención que nosotros hicimos aquí, y hoy están con más casos de la enfermedad.

¿Por ejemplo?

Bagé no tomó las medidas al mismo tiempo que nosotros. Nosotros comenzamos temprano con el distanciamiento social. Otros no.  Yo siempre fui muy consciente de que la primera responsabilidad de un prefeito es cuidar la salud. Entonces siempre me orienté por las indicaciones de las autoridades sanitarias. Este es un virus todavía muy desconocido. Ni siquiera las propias autoridades de la salud conocen su comportamiento. Y en Río Grande del Sur, Santana do Livramento y Uruguay somos muy parecidos: tenemos una gran población de ancianos y frío intenso en invierno. Debemos tener presente que el invierno esta enfermedad se puede acentuar. Tenemos que prevenir un colapso de los sistemas de salud.

¿Qué tan intenso es el vínculo entre Livramento y Bagé, donde según cifras oficiales ya hay 29 casos (sin contar los casos testeados por laboratorios privados)?

Hay 150 kilómetros entre las dos. Bagé está más cerca de Aceguá, en Uruguay, que de nosotros. Hemos instalado un pediluvio en la carretera. Pero tampoco tenemos nada que pueda inhibir que alguien de Bagé venga a Livramento.

¿Cómo explica que, siendo una misma ciudad, en Livramento haya 14 casos y en Rivera solo uno, el de un pastor que llegó de visita desde Montevideo y hoy ya no está allí?

Nuestro primer caso fue una persona que se embarcó en un crucero y volvió contagiado. Pero luego tuvimos otros de contagio comunitario, sin relación directa con alguien que viajara al exterior. La razón por la cual hay más casos en Livramento que en Rivera, no la sabría decir. 

¿Cómo influyen en Livramento los mensajes y los actos del presidente Bolsonaro que en forma permanente minimiza la enfermedad?

No creo que influya, porque la gente está obedeciendo las directivas del decreto municipal. Pero es claro que es un problema tener un conflicto de autoridades que piensan diferente a nivel nacional, estadual y municipal. La salud no puede quedar a merced de las disputas políticas. Yo no puedo entrar en ese juego, tengo que hacer lo correcto, oír a las autoridades sanitarias. La opción del presidente Bolsonaro de desacreditar al virus no tiene ningún fundamento científico. Es solo una posición personal y yo no tengo ninguna obligación moral ni política de seguirla. No es momento de colocar la política por delante de la salud. Como gestores, tenemos que preocuparnos por mejorar nuestros sistemas de salud, poder atender a las personas y salvar vidas.

En Rivera y Livramento hay muchos ciudadanos “doble chapa”, que tienen la ciudadanía uruguaya y brasileña al mismo tiempo…

 ¡Yo soy una! Nací en Uruguay.

¿A quién votó en Uruguay en las últimas elecciones?

 Y… (se ríe)… esta última no voté, pero en otras oportunidades sí lo hice.

¿Y a quién votó? ¿Quiere contar?

¡No! (se ríe a carcajadas). Pero yo soy del Partido Socialista Brasileño, tengo obviamente afinidad con algunos políticos importantes del Uruguay, admiro a Tabaré que fue presidente por dos períodos. Pero le deseo mucho éxito al nuevo presidente. Encuentro que está buscando tener mucho equilibrio en sus decisiones y está tomando las medidas correctas para que esta pandemia no avance. ¡Estoy más preocupada con nuestro presidente que con el de ustedes! (se ríe).

¿Cuántas camas de CTI con respirador tiene Livramento?

Diez en el sector público y diez en el privado. Pero ninguna está hoy ocupada por pacientes de covid-19.

¿Han recibido ayuda del gobierno del estado o del gobierno federal para enfrentar la pandemia?

Del gobierno del estado. no. Del gobierno federal recibimos la última semana dos aportes, que van a totalizar un poco menos de dos millones de reales. Es un bastante insuficiente para una ciudad de casi 80.000 habitantes. Pero hemos recibido mucha ayuda de la comunidad, de la Justicia y de organizaciones de la sociedad civil que han recogido recursos para mejorar la infraestructura del hospital. Tenemos la expectativa de que en junio, con la llegada del invierno, el gobierno federal nos brinde algunas camas más de CTI.

¿Qué pasa con la gente que se ha quedado sin trabajo?

El gobierno federal inició un soporte para trabajadores independientes o de bajos ingresos, que reciben ayudas estatales. Y nosotros, por nuestra cuenta, ya distribuimos casi 1.500 canastas básicas, con recursos propios y de la comunidad.

¿Qué siente cuando llegan noticias de otros lugares de Brasil, como la ciudad de Manaos, donde el sistema de salud ya colapsó, o de San Pablo, con cientos de muertes?

Mucha preocupación. Yo tengo muchos amigos en Manaos, diputados estaduales, diputados federales, ediles, gente de mi partido, personas que conozco y con las cuales tengo una relación muy cercana. Nadie escoge el colapso. Quizás hubo falta de previsión anterior, de respetar el distanciamiento social y hoy Manaos enfrenta un problema muy serio. Además, hay una población indígena que no tiene inmunidad contra ninguna enfermedad. Es muy preocupante. Esta enfermedad todavía no llegó con fuerza a las clases más pobres. Cuando llegue, será un problema. Porque serán las personas con peores condiciones para enfrentarla.

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