16 de marzo de 2012 18:51 hs

Big boys gone bananas! cuenta una anécdota de la sociedad de estos días, lo que hace una empresa para proteger su marca en los medios y por lo tanto ante la opinión pública”, explica el cineasta sueco Fredrik Gertten, director del documental Bananas!* –que narra la historia de unos agricultores de Chinandega, en Nicaragua, que iniciaron un juicio por el uso de un pesticida ilegal en las plantaciones de plátanos, en la década de 1970, y del juicio que algunos agricultores perjudicados por el químico le hicieron a la megaempresa frutera Dole.

En mayo de 2009, Gertten recibe en la oficina de su productora WG de la ciudad sueca de Malmö un paquete de correo privado. Se trataba del desarrollo de una demanda que la frutera Dole Food Company, una multinacional con base en California, hacía a la producción de Bananas!*, a su director y al representante de la película en Estados Unidos.

Para junio de ese año, la película se iba a estrenar en el festival internacional de cine de Los Ángeles, pero la empresa frutera presionó para que la proyección no se realizara. Además, Dole inició una campaña de desprestigio de Gertten y su película, sobre la base de que sostenía testimonios falsos y tergiversados.

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El festival accedió a pasar la película pero antes de cada proyección se debía leer una declaración de los organizadores que explicitaban que los datos que manejaba el documental estaban en duda sobre su veracidad. La presión fue tal que Bananas!* no pudo estrenarse en el circuito comercial de Estados Unidos.

Luego de un largo juicio de más de un año, cuando Gertten recibió un amplio apoyo –desde blogueros anónimos en la web hasta todos los partidos del parlamento sueco–, en noviembre de 2010 Dole retiró la demanda y aceptó pagar US$ 200 mil por daños y perjuicios.

Gertten filmó todo el proceso y tituló este nuevo documental como Big boys gone bananas! Acaba de presentarlo en Uruguay dentro del marco del festival de cine de Punta del Este, que culmina mañana, aunque lamentablemente no llegará a las salas locales de momento. Allí conversó con El Observador sobre periodismo, corporativismo, el concepto de verdad, sobre las llamadas “repúblicas bananeras”, sobre sus trabajos anteriores en Suecia y su pasión por la forma de contar una historia.

¿Cómo se enteró del problema de los bananeros nicaragüenses?
En 2007, un periodista amigo me contó lo que les había pasado a muchos agricultores en la región de Chinandega, cerca de la frontera con Honduras, a finales de los 70. A partir de 1981, Dole dejó de operar en el país.

¿Por qué en ningún momento Dole aceptó que se había equivocado?
Porque hubiera tenido que enfrentarse a miles de juicios en diferentes lugares del mundo. Le han hecho demandas en países como Filipinas, Panamá, Ecuador, Honduras y Costa de Marfil. Hoy, Dole tiene unos 5.000 juicios iniciados en su contra. La misma situación se vive en esos países.

Usted ganó US$ 200 mil con el juicio. ¿Qué hizo con ese dinero?
Fue directamente a la cuenta de nuestros abogados. Nosotros no ganamos un solo dólar de ese cheque.

¿En qué se encuentra hoy el caso?
Dole apeló y nosotros volvimos a apelar, y así podemos estar en un caso empantanado, que todavía nos sigue impidiendo estrenar la película en Estados Unidos. De todos modos, considero que la justicia social en Nicaragua no puede provenir del fallo de un juez en Estados Unidos.

¿Usted se considera un cineasta militante, en el sentido de Michael Moore?
Soy una persona política, pero no soy un cineasta político, por lo menos en el sentido explícito. Es que el lenguaje político, en el sentido tradicional, ha muerto. Me interesa más contar una buena historia, antes que denunciar una situación injusta. Pero sí considero que ponerle cara a un gran grupo sin cara es un acto político, más sutil. Sean los agricultores de Nicaragua o los hooligans del equipo de mi ciudad. Creo que las películas no deben funcionar solo a nivel de cabeza, sino que tienen que pasar por lo emotivo, por el estómago y la cabeza del espectador.

Con lo de los hooligans, se refiere a True Blue, un documental que hizo en 1998 sobre el Malmö FF, el equipo del que es hincha.

Sí. Es el equipo donde surgió la última estrella del fútbol sueco, Zlatan Ibrahimovic, al que entrevisté para el documental.

No es la única película que ha filmado en Malmö...
Es cierto. Filmé un par de trabajos sobre los cambios que ha vivido la ciudad, como la construcción de una enorme torre proyectada por el arquitecto español Santiago Calatrava, o el puente que une Suecia con Dinamarca y los fenómenos que se produjeron luego de eso. Me interesa el concepto de identidad, como en el documental sobre el 26 de Marzo (ver recuadro). Los cambios en los nuevos tiempos producen cosas buenas, pero a la vez hay mucha gente que queda al margen de esos cambios. La tecnología, la producción y el mercado en muchos casos atentan contra la dignidad humana

¿Usted es optimista respecto al presente?
Soy optimista, porque considero que el pesimismo es peligroso. Pero también creo que los cambios deben discutirse más. La oposición a un proyecto ayuda a que ese proyecto mejore y que sus controles sean más exigentes. Desde ese punto de visto, creo que la oposición es buena.

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