La calidad de la carne (II)
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
La semana pasada poníamos énfasis en lo importante que es para un ganadero comprar genética que responda a un “programa genético”. Se busca entonces la denominada “consistencia genética” que consiste en usar combinaciones de líneas de sangre lo suficientemente probadas para que su progenie sea previsible. Ahora bien, las mediciones que se realizan en la raza Angus (la raza más medida en los Estados Unidos) dividen los atributos en tres grupos: los de producción, los de aptitud materna y los de la calidad de la carcasa.
Tenemos entonces líneas de sangre o cabañas que apuestan fuerte al mérito de la carcasa (peso de la carcasa, área de ojo de bife, marmoleado, balance adecuado de grasa), otras que ponen su énfasis en los aspectos fenotípicos y otras que apuntan su selección a la fertilidad y a la longevidad. Realmente hay para todos los gustos.
Una tarea ineludible de todo ganadero es tener un plan o un rumbo genético. Para ello, debe tener en cuenta cuál es su prioridad en los atributos que quiere mejorar de su rodeo y ver luego cuáles son las líneas de sangre que le permitirán lograr ese objetivo. Conviene tener en cuenta que las inversiones en genética son permanentes y acumulativas. Todas las decisiones (las buenas y las otras) que tomemos en toros o semen comprado tendrán implicancias en el futuro. El peor negocio que puede hacer un ganadero es comprar un toro supuestamente barato sin datos (o producirlo convencido que “es pintón” ): es como salir a navegar sin rumbo, sin viento y sin instrumentos.