14 de julio de 2011 21:21 hs

Usted que está allá debe pensar que los argentinos imaginan que nos pasan por arriba y que este será un trámite el partido de los cuartos de final de la Copa América ante Uruguay. Uno que está acá puede asegurar que su pensamiento está totalmente alejado de la realidad.

Subir a un taxi, tomar un café en los famosos bares porteños y el contacto diario con el ciudadano argentino permite concluir que nos respetan como nunca.

El sentido de la duda lo tienen vigente. Y nadie, pero créame que nadie, se anima a vaticinar el triunfo de la albiceleste sobre Uruguay.

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A nivel de prensa ni hablemos. La duda gana la pulseada. Expresan que quieren ver a Argentina jugando bajo presión y que si el primer tiempo termina 0-0 el juego es para la celeste. Aducen que Uruguay es un equipo embromado y se desvelan por la forma de marcar de los conducidos por Tabárez.

“Cómo marca ese Ruso Pérez, viejo. Una fiera”, te dice el taximetrista. ¿Cuántos años tiene ese Lugano? Ese me gusta para Boca, es de los que trancan y meten cara de loco, como hacía Bermúdez, viste”, asegura un funcionario de Casa Amarilla. Y claro, la relación de Forlán con Nara no puede faltar en las charlas. “Que lo dejen tranquilo al pibe que va a entrar a jugar con bronca y nos va a meter dos goles”, dice el mozo del bar.

Y el entrenador de Argentina no podía ser menos. Sergio Batista entrenó pelota quieta porque no tiene centrales de mucha altura y ordenó cuidar especialmente los remates de media distancia. La orden parece ser que no dejen patear a Forlán.

El DT mandó a sus colaboradores a mirar a la celeste. El informe primario es que les espera un equipo plantado con 4-4-2 y sobre esas bases ordenó no cometer faltas cerca del área, estar atentos a los pelotazos para Forlán y Suárez y tiene claro que le tocará un equipo “bien uruguayo. Son incansables y ordenados”. Otro tema de preocupación son los volantes que van por afuera en la selección uruguaya. Argentina va por el medio y no cubre el ancho de cancha.

No hay rincón de la Argentina donde algún ciudadano asegure el triunfo de la selección de Messi. Es la realidad: nos respetan como nunca.

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