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La difícil lucha contra el ébola, una enfermedad letal

Pese al avance de la medicina, la OMS y el gobierno no pueden evitar la propagación de la enfermedad, descubierta hace unos 43 años

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20 de julio de 2019 a las 05:02

El 25 de setiembre de 2018, en una conferencia de prensa en Ginebra, el epidemiólogo Peter Salama, director del Programa de Emergencias de la Organización Mundial de Salud (OMS), vaticinó como nadie la “tormenta perfecta” que se estaba formando en el cielo de la República Democrática del Congo (RDC), donde casi un mes y medio antes irrumpió nuevamente un brote de ébola, un virus con una tasa de mortalidad de hasta 90%, que atacó por primera vez hace unos 43 años a Mabalo Lokela, un director de una escuela de Yambuku, una aldea del norte del país africano, a alrededor de mil kilómetros de la capital, y que murió en apenas una semana. 

La “tormenta perfecta” de la que hablaba el doctor australiano Salama se refería a una conjunción de problemas que para él iban a hacer imposible controlar la propagación de este virus que reapareció en la provincia de Kivu y que hasta el pasado miércoles 17 infectó a más de 2.500 personas, de las cuales murieron 1.705, según datos de la OMS: los ataques de grupos armados, la renuencia, rechazo y resistencia de la comunidad al tratamiento médico por razones culturales y la facilidad de la propagación de la enfermedad por fronteras muy porosas.

Parte de eso explica, por ejemplo, que desde enero hasta el pasado jueves 18, se hayan reportado unos 200 ataques contra trabajadores de la salud, y que al menos siete de ellos han sido asesinados por atacantes que no han podido ser identificados.

“Casi un año después de (el comienzo de) esta epidemia, ciertos grupos de personas continúan adoptando un comportamiento irresponsable que provoca la propagación geográfica del virus”, lamentó el Ministerio de Salud de la RDC en un comunicado, en alusión a los casos de infectados que deliberadamente viajaron a otras zonas.

Son realidades tan poderosas que en parte han contrarrestado el avance que habido en la ciencia de la salud en más de cuatro décadas. Los profesionales de la salud ya no tratan con un enemigo desconocido y por lo menos se ha ensayado una vacuna muy efectivas contra el ébola. 

A pesar de ello, el miércoles 17, el Director General de la OMS, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró que el brote del ébola en la RDC constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional.

En una reunión previa del Comité de Emergencia por el virus del ébola en la RDC surgió esa fuerte recomendación al confirmar un primer contagio en Goma, una ciudad en la frontera con Rwanda que tiene casi dos millones de habitantes y es puerta de acceso al resto del país y al mundo. Luego se sumó un nuevo caso de la infección en la vecina Uganda y la comprobación de que el virus volvió a brotar en lugares donde ya había sido contenido.

“La gente sigue muriendo en las comunidades, los trabajadores sanitarios continúan contagiándose y la transmisión no se detiene. La epidemia no está bajo control”, alertó la presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF), Joanne Liu.

El virus del ébola produce mucho temor y es una enfermedad muy contagiosa. Los síntomas varían, pero al comienzo es común la aparición súbita de fiebre, debilidad intensa, y dolores musculares, de cabeza y de garganta. A medida que avanza, la persona infectada sufre de vómitos y diarrea, erupciones cutáneas, deterioro de las funciones renales y hepáticas y, en los casos más extremos, hemorragias internas y externas.

Hoy el arma más eficaz contra el virus es una vacuna experimental, que debe ser administrada dentro de los primeros 10 días de los síntomas. Además, hay varios tratamientos de apoyo que mejoran la supervivencia.

Un total de 717 personas curadas y la vacunación de 164.757 permitió evitar miles de muertos, según el ministro de Salud, el médico Oly Ilunga.

Nueva fase

Con la declaración de emergencia, la lucha contra la enfermedad inició una nueva fase.  

Aunque la OMS asegura que la decisión de elevar el brote a la categoría de emergencia internacional no viene motivada por la necesidad de recaudar más fondos, sino de prevenir la propagación de la enfermedad más allá del Congo, Tedros subrayó que es el momento de aunar esfuerzos.

“Ahora estamos finalizando el cuarto Plan de Respuesta Estratégica para este brote, que detallará los recursos necesarios para la siguiente fase de la respuesta. Todavía no tenemos una suma exacta, pero llegará a los cientos de millones” de dólares, auguró el jefe de la OMS.

“A menos que la comunidad internacional se ponga en marcha y financie la respuesta ahora, pagaremos las consecuencias de este brote durante mucho tiempo”, advirtió el jefe de la OMS.
Estados Unidos ofreció US$ 98 millones, según su embajada en Kinshasa. El gobierno de Francia, que fue señalada por su falta de compromiso financiero contra el ébola en el mayor país francófono del mundo con sus 80 millones de habitantes,  reaccionó nombrando un “enviado especial”.

El Congo es consciente de la necesidad de más recursos, pero al mismo tiempo también de los problemas que ha habido en el manejo de los fondos. 

El ministro Ilunga, se mostró muy crítico con las razones de algunas oenegés para recaudar fondos para esta crisis. En ese sentido, exigió “una mayor transparencia y responsabilidad” a los actores humanitarios sobre el empleo de los fondos recibidos, así como una mayor cooperación a sus propios ciudadanos.

El reto humanitario es inmenso. “Hablamos de madres, padres e hijos, con demasiada frecuencia son familias enteras las afectadas”, detalló Tedros, quien insistió en que la declaración de emergencia de carácter internacional “no debe utilizarse para estigmatizar o penalizar a aquellos que más necesitan nuestra ayuda”. 

La vida en la frontera

Agentes sanitarios con chalecos fluorescentes están atentos al movimiento de los transeúntes entre la República Democrática del Congo y Ruanda o regresan a Ruanda y miran si tienen fiebre.

En el paso fronterizo de Goma, donde se han instalado fuentes de agua con cloro para lavarse las manos, pasan miles de personas cada día, aunque las autoridades ruandesas pidieron desde el lunes pasado a sus ciudadanos que eviten cualquier viaje al país vecino.
Algo casi imposible de poner en práctica ya que, aunque entre los dos países no existe la libre circulación, un documento entregado por una entidad subrregional evita tener que pedir visados.
Cientos de congoleños viven en Gisenyi, la ciudad ruandesa en frente de Goma, donde la vida es más fácil. Cruzan la frontera en los dos sentidos todos los días.
Los pequeños vendedores ruandeses también van de un país al otro sin problema.
La declaración de la emergencia sanitaria no cambió demasiado el flujo de personas en Goma. Pero a 250 km de allí, en Butembo, las autoridades están principalmente preocupadas por encontrar los “contactos” de enfermos para vacunarlos y evitar la propagación del virus.

Fuente: AFP 

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