20 de agosto de 2017 5:00 hs
Por Katrina Manson, Financial Times

Los planteos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a su contraparte de Corea del Norte, Kim Jong-un, van desde una invitación a una cena de comida rápida a amenazas de guerra atómica en poco más de un año.

La retórica del presidente estadounidense es parte de una estrategia oscilante de intentarlo todo en un esfuerzo por llevar a Corea del Norte a la mesa de negociaciones y convencer al gobierno a renunciar a su programa de misiles nucleares que avanza rápidamente.

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Corea del Norte y Estados Unidos (EEUU) han estado intercambiando amenazas cada vez más incendiarias. Corea del Norte, un estado autocrático, cuya ambición nuclear está consagrada en su constitución, anunció la semana pasada que consideraba atacar Guam, un pequeño territorio insular estadounidense al sur de Japón, después de las amenazas de responder con "fuego y furia" de Trump.

Quizás peor, Trump puede haber dibujado una línea roja que tal vez lo obligue a actuar si Pionyang no prestara atención a su advertencia, después de comprometerse a responder a "cualquier otra amenaza" de Corea del Norte.

La tensión aumentó después de los informes de que Pionyang superó uno de los últimos retos tecnológicos en el diseño de misiles nucleares al miniaturizar una ojiva atómica. El avance se produjo después de un número sin precedentes de pruebas y crecimiento en el alcance de los misiles en los dos últimos años.

El mes pasado Corea del Norte había probado sus dos primeros misiles balísticos intercontinentales. Los estrategas militares asumen que Corea del Norte podría alcanzar EEUU, a pesar de que la opinión mayoritaria es que todavía no puede ensamblar todo para producir un complejo misil de largo alcance.

Aquellos que están familiarizados con el asunto dicen que Trump, quien hace tres meses dijo que sentirse "honrado" de reunirse con Kim Jong-un, está indeciso.

"Hay un grupo que cree que deberíamos empujar muy duro, hasta el punto de lanzar un ataque preventivo", dijo una persona enterada del tema, quien afirmó que otro grupo de asesorres prefiere proseguir las negociaciones, hasta ahora sin éxito.

No obstante, esta semana ambas partes bajaron las revoluciones a la escalada verbal sobre las amenazas nucleares e incluso Kim Jong-un se mostró dispuesto a postergar el lanzamiento de misiles hacia Guam; mientras, EEUU manifestó, a través del secretario de Estado, Rex Tillerson, su intención de negociar con el régimen de Pionyang.

Estados Unidos pasó meses intentando reunir una coalición internacional para ejercer "presión pacífica" sobre Corea del Norte, para aislar al país política y económicamente mientras espera convencer a Kim de iniciar el desarme nuclear.

Recientemente, EEUU encabezó un esfuerzo exitoso de la ONU –para el que contó con el apoyo ruso y chino a pesar de las difíciles relaciones con ambos países– para aprobar las sanciones económicas más fuertes que imponen una prohibición de la ONU sobre exportaciones y privan a Corea del Norte de un tercio de sus ingresos.

Un diplomático dijo que el país se había sentado a negociar en el pasado sólo cuando enfrentó lo que consideró riesgos suficientemente serios, citando las anteriores rondas de negociaciones después de momentos de alta tensión.

Kim mantiene mucho de su material nuclear en escondites en montañas y sus grandes arsenales convencionales, nucleares y bioquímicos pueden causar estragos entre la población de 10 millones de personas de Seúl, capital de Corea del Sur, que se encuentra 50 kilómetros al sur de la frontera entre ambos países.

Los militares actualizaron los complejos planes de guerra de EEUU cada año desde el final de la guerra de Corea en 1953, aunque el secretario de Defensa, Jim Mattis, está entre los encumbrados funcionarios que argumentan que la guerra sería "catastrófica"; por eso, llamó a la "moderación" de las partes en reiteradas ocasiones.

Pero aunque una gran guerra posiblemente produciría millones de víctimas, Mattis señaló oportunamente que EEUU está en condiciones de enfrentar cualquier amenaza con "fuerza eficaz y abrumadora".

"Tenemos la capacidad para contrarrestar cualquier amenaza de Corea del Norte", dijo a su vez otro funcionario del Pentágono. "Nuestro compromiso con la defensa de nuestros aliados, la República de Corea y Japón sigue siendo férreo", agregó.

A su vez, el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, estuvo en Asia en busca de apoyo regional para la propuesta estadounidense.

En ese contexto, le reiteró a Kim que su régimen no está en riesgo; además, señaló que Washington considerará las conversaciones siempre y cuando Pionyang detenga el lanzamiento de misiles, lo que sugiere que EEUU considera ese resultado como "la mejor señal" que Corea del Norte podría darle a Washington.

Los funcionarios de inteligencia a menudo describen al líder de Corea del Norte como un actor racional, quien calcula que aunque su programa nuclear le permitió reforzar su liderazgo, también sabe que detonar una bomba sería "un momento que acabaría con el régimen", porque EEUU rápidamente destruiría los objetivos.

Pero Mike Pompeo, jefe de la Agencia Central de Inteligencia –quien afirma que el presidente– le pregunta a diario acerca del país aspirante a potencia nuclear, pareció adoptar una línea más dura cuando señaló el mes pasado que sería bueno "separar" el régimen de las personas.

Incluso la embajadora estaunidense ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, en ocasiones sugirió que EEUU estaba agotando sus opciones diplomáticas.

"Los norcoreanos deben darse cuenta de que si no ofrecen alguna indicación de que hay una ruta hacia las conversaciones sinceras y efectivas que aborden las preocupaciones estadounidenses, puede haber un baño de sangre", dijo el funcionario familiarizado con el asunto. "Les toca a ellos decidir", concluyó.

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