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La ficción de un traidor narcisista

La sorpresiva aparición de Amodio Pérez motiva un repaso del libro de Hugo Fontana que lo convirtió en personaje de novela

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22 de mayo de 2013 a las 18:15

Para el escritor y periodista Hugo Fontana y para buena parte del canon literario de Occidente, “la traición es, acaso, la más detestable de las condiciones humanas”.

Ese “acaso” digno de Borges incluye también al escritor argentino, pero desde el principio de los tiempos literarios hubo traidores, como lo constata la Biblia, La divina comedia, las obras de William Shakespeare y las del alemán Hans Magnus Enzensberger, quien fuera inspiración para el uruguayo.

En 2001, Fontana publicó un libro titulado La piel del otro. Se trataba de una novela particular escrita con base en una serie de entrevistas (“más de 20”, confiesa) sobre personas que conocieron a Héctor Amodio Pérez, considerado por muchos militantes tupamaros como el gran traidor de la causa revolucionaria, como el principal responsable de la derrota frente a las Fuerzas Armadas en 1972.

El libro se reeditó en 2012, en una edición de bolsillo, que salió de su bolsillo. “Lo reedité yo porque no encontraba un editor interesado en hacerlo”, cuenta a El Observador.

Se trata de una novela “a secas”, según la define Fontana, quien reconoce que tomó la reestructura de su obra coral de la obra de Enzensberger, El corto verano de la anarquía.

Fontana explica que su libro se trató de un proyecto de ficción colectiva porque usó un montón de voces que conocieron a Amodio, algunas de manera íntima, que tejen un entramado en el que el protagonista se va armando a partir de las narraciones de otros.

“El relato queda así construido de tantas fuentes antagónicas y anónimas que se acerca más a la novela que a la reconstrucción documental”.

El anonimato fue una de las reglas que se autoimpuso el autor para lograr su objetivo. “Al primer tipo que entrevisté me dijo: ‘conservá mi anonimato’, y decidí dejarlo así para todo el resto. No aparecen ni los nombres ni las fuentes de nada. El propio Amodio es uno de los pocos que puede detectar a los emisores de esas voces”, explica Fontana.

La anécdota vital de Héctor Amodio se reconstruye a través de las entrevistas más los artículos de prensa y los comunicados a los que accedió el autor, y al libro que Amodio escribió preso en el Batallón Florida en 1972. “Él puede develar los nombres que oculté. Me parecía absurdo dar los nombres de unos y de otros”,

Otro de los argumentos que Fontana utilizó para mantener el anonimato de las fuentes es la parcialidad que se le otorga en Uruguay no tanto al contenido de una declaración sino a quién es el que la dice. “Los uruguayos somos muy inclinados a leer e interpretar las cosas por quién las dice, no por lo que se dice”, opina el autor.

Acerca del supuesto “centro vacío” del libro (con un personaje que aparece solo referido por terceros), Fontana cree que comunicarse con Amodio era un dato irrelevante. “No me interesaba tenerlo a él, aunque hablé con gente que podría saber de su paradero. Es que no estaba haciendo un libro para encontrar a Amodio, sino sobre la persona, más allá de los estereotipos”, dice Fontana, quien se reconoce fundamentalmente como “editor y compaginador” de un libro hecho con las voces de otros.

“Un pastiche”
De la primera carta de Héctor Amodio Pérez publicada ayer por El Observador se desprende una explícita opinión negativa para con la obra de Fontana, a la que llama “un pastiche”.

Pero Fontana se defiende, arguyendo que en La piel del otro el desprecio de Amodio tiene una gran cuota de ambivalencia. “Por un lado dice que es un pastiche, pero por otro lado se lo sabe al dedillo. Ha podido trazar todo un mapa a partir de mi libro. Él sabe que en el libro le doy una voz importante”, agrega el autor.

Dentro de las múltiples conclusiones que surgen de La piel del otro se desprende que Amodio negoció su salida de la cárcel, “mientras que sus compañeros se comían 12 años de cana”, expresa Fontana.

Otra idea fuerte del libro es la deducción de que la derrota militar del Movimiento de Liberación Tupamaros no dependió de la colaboración de Amodio con los militares, que en este sentido no fue relevante. “De todos modos eso no perdona su colaboración con el Ejército”, fustiga el escritor.

“Una crisis de narcisismo”
A pesar de que ahora, luego de casi cuatro décadas de silencio, Héctor Amodio Pérez da la cara y se comunica a nivel masivo con los medios, para Fontana la figura del ex guerrillero sigue siendo “un personaje inasible, equívoco, arenoso, porque él decidió convertirse en eso”.

Para el escritor es a partir de la enemistad con otros líderes jefes tupamaros, por celos y por desplazamientos de otros liderazgos que Amodio decide traicionar a sus compañeros. “Era un personaje ‘mediático’, antes de que existiera esa palabra. Aparecía una vez por semana en los diarios. Hacía conferencias de prensa. Había tenido más que 15 minutos de fama en Uruguay, y luego tuvo una crisis de narcisismo”, opina Fontana, para quien realizar un análisis psicológico que incluya un rastreo en la infancia del hombre en busca de posibles traumas es “una pérdida de tiempo”. “La mía es solo una hipótesis, pero los hechos parecen confirmarlo. Hoy debe estar disfrutando muchísimo de esta recuperación mediática”.

Consultado acerca de si agregará modificaciones a La piel del otro, Fontana dice que “las novelas terminan donde tienen que terminar, sino sería transformarla en una especie de libro de arena. Mi libro termina cuando él desaparece, en 1978 en Madrid. Esa es la novela de Amodio Perez. Esta es una especie de segunda parte y le corresponde a otro escritor”, remata Fontana.

Producto de la edad, la culpa o el misterio, el Amodio de carne y hueso muestra ahora su coraza y su versión de los hechos. ¿Es más verdadera la realidad que la ficción o la poesía? Borges decía que no, que un personaje es más que una persona, que vive en las páginas de un libro venciendo un tiempo al que el cuerpo se rinde.

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