27 de julio de 2012 19:58 hs

No es común que una banda que se precia de independiente hasta la médula descienda de los cielos de la experimentación iluminada y se acerque a su público con un disco accesible.

Es por eso que el último disco de la banda neoyorkina Dirty Projectors, Swing Lo Magellan, vale la pena. Pero esa sería solo una y vaga razón. Lo importante es que es un muy buen disco.

Esta es una banda que parece buscar hasta el cansancio cómo hacer las cosas más difíciles.

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Y es por eso que, para acercarse a ellos, hay que hacer un esfuerzo consciente, algo que no atrae a demasiados oyentes ni retiene la atención.

Es por eso que algunos fanáticos acérrimos se pueden haber desgarrado las vestiduras al escuchar su nuevo disco. Pueden haber gritado que la banda se vendió, que ya no son los mismos que siempre, que no suenan como deberían.

Si están en lo cierto, al menos lo hicieron acertadamente. Su sexto álbum, Swing Lo Magellan, da un importante paso hacia la simpleza. Y la calidad no es algo que se haya dejado de lado.

Su líder e ideólogo, David Longstreth, logró la accesibilidad con una musicalización más relajada y no tan grandilocuente (o pretenciosa) como en discos anteriores.

En muchos momentos las palmas toman el lugar de la batería y los coros de las geniales Amber Coffman y Haley Dekle funcionan como un hermoso colchón sobre el cual descansan las melodías.

En este disco la imperfección no es algo que se descarta sino que se aprecia. Al contrario de la excelencia que demuestran las cantantes, la misma voz de Longstreth tiembla y desafina sin ningún tipo de prejuicio.

Además de enmarcarse dentro de las estructuras del pop independiente, es en su primer corte, Gun Has No Trigger, donde también sus influencias R&B se hacen manifiestas. Una firme batería mantiene un ritmo contagioso mientras que el bajo hace de las suyas al marcar la melodía. En esta canción no son necesarias las guitarras. Las protagonistas son las voces.

En este sentido, fue gracias a ellas que creó para su anterior disco, Bitte Orca, el excelente tema Stillness Is The Move. Llegando a notas imposibles, las cantantes lograron hacer un hit que trascendiera la esfera de entendidos.

Si luego de escuchar este tema uno quedaba con las ganas de seguir escuchando a Coffman, se podría haber esperado que en el nuevo disco le diera el gusto a su público.

Pero Dirty Projectors no se debe a sus fans. Y eso es lo único que falta en Swing Lo Magellan: un mayor despliegue femenino. The Socialites es la única canción protagonizada por entero por Coffman. Y de nuevo, dejan con muchas ganas de más.

A pesar de esto, es un disco sólido. Cada canción brilla en formas únicas.

Es el genio creativo de Longstreth y las voces femeninas lo que hace de Dirty Projectors una banda particular, de difícil encasillamiento y comparación. Su fórmula resulta en un pop que experimenta con sonidos poco típicos y mucho menos actuales, por ejemplo, los coros al estilo de la década de 1950 suenan sin pudor en Irresponsible Tune.

Este disco seguirá siendo pop, pero es poco probable que lleguen a sonar en muchas radios. Y no lo precisan. No es necesario que se vendan tanto.

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