10 de septiembre de 2021 12:00 hs

La ganadería se ha calzado la malla oro, va escapada del pelotón y se lanza a la conquista de Asia con una estrategia en dos direcciones: por un lado un acuerdo de libre comercio con China, por otro entrar al Tratado Trans Pacífico.

El objetivo es acceder con preferencias que equiparen a la carne uruguaya con la de Oceanía en Japón, Canadá, Vietnam, Singapur y tantos otros mercados que –como China– tienen tanto crecimiento poblacional como económico, con una clase media pujante que se enamora fácilmente de la carne vacuna uruguaya.

El lunes Rafael Ferber, presidente del Instituto Nacional de Carnes (INAC), explicó en la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG) la relevancia evidente de China como mercado, pero al mismo tiempo la importancia de diversificar destinos en ese continente. “Si un día al mercado chino le pasa algo, quién sabe qué…”, dijo. Y el silencio expresaba el vínculo del empuje ganadero con un mercado que compra el 70% de lo que exportamos. La dependencia es demasiada. Pero claro, sigue siendo el mercado principal y avanzar en un acuerdo de libre comercio tendría un impacto enorme.

“Dejamos US$ 200 millones por año en pago de aranceles por nuestras exportaciones de alimentos; de ellos la mitad, o sea US$ 100 millones, en carne. Es lo mismo cuando se habla con otros sectores, con el sector lácteo por ejemplo”, explicaba Ferber. Un día después el presidente Luis Lacalle Pou anunciaba la intención mutua de avanzar en un acuerdo de libre comercio.

Esos US$ 100 millones terminan saliendo en buena medida del bolsillo del productor, a través de un recorte en el precio de la hacienda. Si bien los precios en Uruguay son muy buenos, el ganado en Australia vale bastante más y eso, entre otras razones, tiene que ver con los muy bajos aranceles que Australia paga en virtud de una política de Estado persistente de negociar acuerdos de libre comercio y no integrar un bloque que limite su libertad para acordar.

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Está el gran acuerdo de libre comercio entre Australia y Gran Bretaña cerrado recientemente, ejemplificó el presidente de INAC.

Aun con esa desventaja, el mercado de China se lleva a buenos precios todo lo que se le pueda ofrecer. La faena de vacunos de julio ya había sido récord y podía suponerse que, tras tanta extracción, en agosto no quedaría tanto ganado disponible. Pero, de sorpresa en sorpresa, la actividad de la última semana de agosto fue la más alta en varios años y la faena del mes –que en un año normal sería de las menores– resultó récord. Similar panorama hay en ovinos: se está faenando más del doble que el año pasado, con precios altos y el destino principal y casi único es China.

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En este siglo China ha pasado de no participar en el comercio mundial a ser el principal comprador, con importaciones previstas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) de tres millones de toneladas de carne vacuna para este año y 3,3 millones para 2022.

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Además, el comercio en China sigue a todo vapor. Este martes se supo que las exportaciones en agosto crecieron 25,6% –a US$ 294 mil millones–, en tanto las importaciones saltaron 33% respecto a agosto del año pasado –a US$ 236 mil millones–. Aunque el salto tan fuerte es respecto a una comparación de situación de pandemia el año pasado, tanto las compras como las ventas al exterior en agosto fueron las mayores de la historia.

 

El dato

Dos tercios del total de las exportaciones de carne vacuna tienen como destino China, 201 mil de 334 mil toneladas en los primeros ocho meses del año, aumentando 60% respecto a las del año pasado; en carne ovina la concentración es mayor, 85% de las exportaciones, 12.278 de 14.445 toneladas embarcadas.

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La estrategia de bajar aranceles y profundizar el relacionamiento con China tiene causas evidentes, pero el objetivo de Uruguay es toda Asia. Y allí aparece una sigla tan compleja como importante: el Tpcpp.

El 19 de agosto el embajador uruguayo en Brasil, Guillermo Valles, quien fuera el primer embajador de Uruguay en China, tuvo la oportunidad de hablar en el Senado brasileño, donde expuso sobre la flexibilización del Mercosur y mencionó dos veces la sigla que aparece cobrando fuerte protagonismo.

Allí explicó que Uruguay “es un país integracionista latinoamericano por mandato de la constitución y de la historia”. Recordó el protagonismo en 1960 de la Alalc, con sede en Montevideo. “Al mismo tiempo pensamos en el mundo”, rememoró, y destacó el papel protagónico de Uruguay en la Ronda del GATT que derivó en la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

A partir de esas credenciales de integración regional abierta al mundo planteó que la flexibilidad, la gradualidad y el equilibrio son componentes fundamentales del Mercosur. Ejemplificó casos de flexibilidad como el comercio automotriz, que está fuera de las reglas del Mercosur, “una demostración concertada entre los cuatro países de flexibilidad”.

Respecto al futuro, planteó que el Mercosur “no debe imponer el ritmo de apertura a los socios que no están en condiciones de avanzar en negociaciones externas”, como cuando Argentina dijo no estar preparada para negociar el libre comercio con Corea del Sur.

Del mismo modo, razonó Valles, el Mercosur no debe evitar, prohibir, limitar a avanzar, especialmente a un país que es solo el 1% del PBI del Mercosur, explicó. “¿Avanzar en qué?”, se preguntó Valles y ejemplificó con este bloque, el Cptpp –Comprehensive Progressive Trans Pacific Parternship–, donde participan los principales competidores (Australia, Nueva Zelanda) y los importadores netos como Japón.

Nuestras carnes tienen que pagar 39% de tarifa para entrar a Japón, Australia paga 10 puntos porcentuales menos. Además, facilitaría el ingreso a un mercado cada vez más importante como Vietnam –donde Uruguay todavía no está habilitado– y otros mercados de alta importancia.

¿Hasta cuándo Uruguay se puede cerrar a estas negociaciones? Trazó una segunda línea argumental proponiendo que nuestros países tienen que estar en los ámbitos donde se diseñan las reglas de juego del comercio, y volvió a ejemplificar con el Cptpp.

El lunes el presidente del INAC y el jefe de Acceso e Inteligencia de Mercado del INAC, Álvaro Pereira, destacaron en la ACG que este bloque –Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam– tiene varias ventajas para el sector cárnico. Por un lado, Japón y Corea del Sur también están creciendo como compradores de la carne uruguaya y por algunos cortes podrían pagar mejor que los compradores de China. Por otro, la propia mejora arancelaria con Canadá traería mejoras respecto a las condiciones actuales.

Allí Pereira detalló distintos tipos de ventajas que este acuerdo permitiría, el aumento del valor de lo exportado por ejemplo por una mayor entrada a Japón donde el arancel caería de 38,5% a 9%, la diversificación de mercados y la menor volatilidad en los precios de exportación.

Es, además, un acuerdo de postulación unilateral, es decir que nada nos impide hacerlo como país, las concesiones que se han dado y que son importantes para el agro se conocen de antemano, se ingresa y nuevos socios se van agregando, por lo que los beneficios van incrementándose.

Los tiempos para avanzar son perentorios, en poco más de un año Brasil tendrá elecciones y el apoyo que el gobierno parece dar a la flexibilización del Mercosur quedaría envuelto en polémicas de campaña y subirse a los dos trenes asiáticos quedaría para más tarde, quien sabe para cuándo.

China es muy importante, pero el camino estratégico parece ser de dos vías, con el énfasis puesto en diversificar mientras se mejora el acceso al mercado principal.

Es cada vez más intensa la actividad en los frigoríficos.

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