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Alfredo Zitarrosa tuvo en Pa

Espectáculos y Cultura > UNA QUE CANTEMOS TODOS

La historia de "Pa'l que se va", un himno de Zitarrosa que se metió en los corazones uruguayos

La chamarrita fue uno de los primeros éxitos del cantautor, y generó lecturas que la hicieron perdurar entre el público

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15 de octubre de 2022 a las 05:00

Aunque nació en Montevideo y vivió en la capital buena parte de su vida, Alfredo Zitarrosa también atravesó parte de su crianza fuera de la ciudad, y en su carrera como cantautor miró mucho al campo. La vida rural lo nutrió de imágenes, temáticas y melodías, y, entre ellas, algunas de esas ideas estaban conectadas a la sensibilidad política del artista. Los vaivenes económicos y sociales de la población rural lo afectaban particularmente, y sobre sus dilemas escribió varias canciones.

Una de ellas fue la chamarrita Pa’l que se va, que casi de inmediato se convertiría en un éxito popular, se mantendría como un himno, y cobraría de acuerdo a la época nuevos significados e interpretaciones que harían que mantuviera su relevancia.

La carrera musical de Zitarrosa empezó tarde, pero su primera obra pegó como un rayo. Sus primeras canciones y luego su álbum debut, Canta Zitarrosa, que se editó en 1966, cuando tenía 30 años, lo pusieron enseguida en un papel protagónico dentro de la música popular, algo que reafirmó su segundo disco, Del amor herido, que se grabó en Argentina y llegó a las bateas en 1967. En el segundo surco de la cara A estaba Pa’l que se va.

Martín Monteiro es el coordinador del Archivo Zitarrosa, perteneciente a la familia del músico y que reúne materiales como discos, recortes de prensa y hasta prendas de ropa. También hay cientos de horas de grabaciones. En tiempos donde no era una práctica tan común y accesible como en estos, en que cualquier teléfono lo permite, Zitarrosa registraba sus ideas, su evolución, los ensayos y los cambios con un nivel de detalle inédito para un artista uruguayo. Desde el primer silbido o tarareo hasta la versión más terminada.

A partir del archivo y su conocimiento de la carrera del cantautor, Monteiro explica que la canción “tuvo un impacto muy grande” en el momento de su estreno, “porque aúna esa característica de Zitarrosa de llevar en el texto un sentimiento social muy importante, y en lo musical esa calidez que le daba con sus voz y sus guitarras”.

Además, la canción generó una doble lectura que conectó tanto con su tiempo como con un problema perenne de la sociedad uruguaya: la emigración. “Originalmente la canción, como él mismo decía, refería a la gente que tenía que irse del campo a la ciudad para conseguir trabajo, por los cambios sociales”, explicó Monteiro. Pero poco después, la emigración dejó de ser del campo a la ciudad y pasó a ser de Uruguay al extranjero, cada vez más por razones políticas —con la dictadura en el horizonte, como le pasó al propio Zitarrosa—, pero también por cuestiones económicas.

La canción también se asoció a ese fenómeno, y cobró una nueva lectura que la arraigó todavía más en la cultura popular y en el cancionero uruguayo. En 1976, Zitarrosa estaba de gira por Brasil. Durante un show en San Pablo, al interpretar la canción notó que uno de sus guitarristas, Eleodoro Villada, había dejado de tocar por un momento. Cuando terminó la presentación, Zitarrosa le preguntó la razón y Villada le explicó que fue porque había notado a dos mujeres en el público que lloraban a mares. Zitarrosa las había visto, pero no reaccionó en ese momento: las invitó al camarino y descubrió que eran dos uruguayas exiliadas, para quienes la canción tenía un significado muy cercano.

Eduardo Larbanois descubrió a Zitarrosa a través de su madre. El primer disco que le regaló fue, justamente, Del amor herido, algo que años después se enteró de que su actual compañero de carretera, Mario Carrero, había hecho también con su propia madre. Muy pronto, don Alfredo se convirtió en uno de sus artistas de cabecera, y la música y la militancia política compartida los convertirían años después en amigos cercanos, en un vínculo que el músico define como de “hermano mayor”.

La amistad –preservada para la posteridad en cartas que intercambiaban mientras Zitarrosa estaba exiliado– tuvo varias aristas, incluyendo colaboraciones musicales. Lo último que compuso Zitarrosa fue una copla que entregó a Larbanois y a Carrero para que le pusieran música y terminaran de convertir en letra de canción. Hoy, el cantautor está presente de otras formas en la vida de su colega y amigo: Larbanois tiene instrumentos que le regaló, y un retrato suyo preside una de las paredes de su estudio doméstico.

El músico folclórico dice que Pa’l que se va logró convertirse en un himno porque “tiene mucho que ver con la identidad, la plantea como un fenómeno cambiante y dinámico, que se hace al caminar. Eso de que en la maleta, como dice él, que uno lleva en la vida, elige la carga, o pone flores o piedras, y a veces hay que aprender a deshacerse de esas flores o de las piedras para seguir caminando por la vida”.

El encanto de lo simple

El periodista Guillermo Pellegrino fue el encargado de escribir la biografía de Alfredo Zitarrosa, Cantares del alma. Es él quien explica las particularidades de Pa’l que se va a nivel musical y compositivo, que también fueron ingredientes claves en su éxito al conectar con el público. “Es una chamarrita, que es un género y una danza proveniente de las Islas Azores de Portugal y que se fue mezclando con lo gaucho, con algunos resabios indígenas, con la negritud. Es muy común, muy popular, en el litoral nuestro y también en el  argentino —en Entre Ríos y en Corrientes fundamentalmente—, en el sur de Brasil y, por ende, en la frontera norte de nuestro país”, contó.

A eso se suma “una letra más bien simple, aunque tiene profundidad. No es una canción muy extensa en cuanto a la letra y el ritmo es muy contagioso”, agregó el escritor.

Por su parte, Larbanois explicó que Zitarrosa lograba una conjunción particular de simpleza y riqueza en sus composiciones. Decía mucho con pocos materiales, y a eso sumaba su talento como intérprete, pero también como compositor y arreglador. “Todas las introducciones y arreglos de las canciones le pertenecían. Cuando no era así, lo aclaraba. Fue de los primeros artistas que puso en sus discos a todos los participantes, hasta el que servía café. Y cuando había algún arreglo que era de los músicos, él lo aclaraba. Pero prácticamente todos los arreglos eran suyos. Era un hombre que no sabía escribir música, pero tenía una capacidad musical en su cabeza increíble. Tenía claro cómo iba a sonar lo que él quería”, dijo el músico.

Zitarrosa era también muy preciso y exigente en el lugar que ocupaba cada pieza y cada elemento de las composiciones. Era muy cuidadoso de no sobrecargar la música. Una de las frases que les repetía a sus músicos era: “Cuando yo canto, usted no toca, me acompaña. Y cuando yo no canto, usted toca”. No quería adornos para su voz, porque quería que se escuchara bien claro lo que estaba diciendo.

Alfredo Zitarrosa

También era celoso y riguroso hasta el exceso con las variaciones y cambios a las versiones originales de sus composiciones, incluso cuando rechazar esas modificaciones fuera en detrimento de su lucimiento o de su capacidad vocal. Con el paso del tiempo es normal que la voz se haga más grave, algo que no fue excepción en el caso de Zitarrosa. “No obstante, él cuidaba los originales, y a veces hacía canciones en una tonalidad más alta de lo que le quedaba mejor”, explicó Larbanois. “Pero él decidía y después no quería cambiar. ‘Si la canción se hizo en esa tonalidad, se canta en esa tonalidad, y si no, no se canta más’”, recordó el músico que decía el cantor.

“Aunque después aflojaba. Era como un niño grande. Yo se lo propuse con Pa’l que se va y él me dijo eso, pero después la cambió”, agregó con una sonrisa. Otro que padeció la tozudez de Zitarrosa fue el guitarrista Silvio Ortega, que en un ensayo en la década de 1980 le propuso a don Alfredo “bajar media notita”. Zitarrosa lo encaró: "Mirá, el día que me bajes una nota yo no canto más". En la siguiente pasada por la canción (en la tonalidad original), el cantante se le paró adelante y repitió siete veces el verso “cuanti más lejos te vayas, más te tenés que acordar”, señalándolo con el dedo, como diciendo “todavía puedo”.  

Pa’l que viene y pa’l que va

En 1984, Zitarrosa concedió una entrevista al semanario Jaque poco tiempo después de su regreso del exilio, que desde 1976 lo había obligado a vivir en Argentina, España y México, y que fue uno de los grandes traumas de su vida y su carrera. En esa conversación, el artista dice: “Yo no soy más que un reflejo tenue, a veces impreciso, de la vida de nuestro pueblo; una parte pequeña de la vida cultural de nuestro país. Soy nada más que eso”.

En una frase donde se refería al componente social de sus canciones, pero también al arraigo que logró aún sin imaginarlo, Zitarrosa reflexionaba sobre el impacto de su exilio en su creación artística. “En todo caso, si soy algo más, soy uruguayo, básicamente uruguayo. Faltándome el país, a mí me faltó la fuente, me faltó la raíz, y no hice nada…Fuera del Uruguay, en materia de creación, no hice casi nada”.

A Zitarrosa le costó mucho componer en sus últimos años, y entre las contadas creaciones estuvo la copla que les regaló a Larbanois y Carrero, que se terminaría convirtiendo en la canción El hibisco. Pero en su retorno a casa trajo consigo el colchón y la seguridad del repertorio ya construido, que el público uruguayo tenía ganas de volver a escuchar directamente de su boca después de casi una década.

En ese repertorio, Pa’l que se va tenía un lugar privilegiado. Antes de su histórica presentación en el Estadio Centenario, pocos días después de su regreso a Montevideo, el músico se presentó en el estadio Luis Franzini, de Defensor Sporting, como parte de un festival organizado por el desaparecido sindicato Adempu (Asociación de Músicos Populares del Uruguay). Cada artista interpretaba solamente dos canciones. La primera que eligió Zitarrosa, y por lo tanto, la primera que cantó en su tierra tras su exilio, fue esa chamarrita que había debutado en 1967.

Pellegrino explicó que “fue muy significativo, estaba muy cargada de sentido en ese momento, y la gente la coreó, todo el estadio, porque había quedado muy marcada”, relató el periodista.

En la citada entrevista con Jaque, Zitarrosa dijo también que en general no se consideraba "un autor relevante”, pero señalaba que algunas de sus canciones tenían cierto mérito. En esa lista ponía a El violín de BechoAdagio en mi país Pa’l que se va.

Para Larbanois, el artista “sabe lo que hizo pero no lo le salió. La obra siempre termina haciéndose en el otro. La palabra genera en cada oyente una imagen diferente, pero en este caso hay un lugar común, que es el tema de la identidad. Es como la erupción de un volcán, que se nutre del lenguaje cotidiano y termina floreciendo en una canción que está hablando de todo el mundo”. Y concluyó: “Zitarrosa creó una obra simple, contundente y clara.Habla de la identidad, de la memoria, del recuerdo y también del futuro, cuando dice ‘no pongas en la maleta lo que no vayas a usar’, de cosas de las que te vas a dar cuenta más adelante. Es una canción que no solo dice ‘acordate de tu pueblo’, es mucho más que eso”.

Por eso es un clásico. Un himno.

La canción de la deuda

Una de las anécdotas más curiosas que motivó Pa’l que se va ocurrió en un espectáculo de Zitarrosa en Venezuela. La presentación fue en un pequeño teatro y, entre canción y canción, un hombre que ocupaba una butaca en la primera fila le pedía al artista uruguayo que cantara “la canción de la deuda”.
Ante la insistencia del hombre, en un momento del espectáculo, Zitarrosa le habló directamente. “Mire, veo que usted me está pidiendo con insistencia que cante la canción de la deuda, pero yo no canto una canción que se refiera a deuda alguna. Y no creo deberle nada a nadie. ¿Cuál es esa canción que usted me pide?”, lo consultó.
El espectador, extrañado, le respondió “¿Pero cómo que no?, es esa que dice “no te olvidés del pago si te vas a la ciudad”. A pesar de la diferencia etimológica, que lo llevó a darle a la canción un significado radicalmente opuesto, algo de ella le había gustado.

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